1519-1521: a 500 años de la Invasión del Anáhuac

1519-1521: a 500 años de la Invasión del Anáhuac

Hace 500 años comenzó la invasión del Anáhuac. Los españoles que llegaron aquí habían masacrado desde 1492 a los pueblos originarios de las islas del Caribe, donde exterminaron completamente a toda la población indígena y comenzó la explotación de los esclavos africanos. Eran gente despiadada que salió de las cárceles de España, por un decreto de la Reyna Isabel, ya que los marineros se negaban a embarcarse hacia estas tierras.

El 10 de febrero de 1519 sale Cortés huyendo de Cuba con 11 naves, 110 marineros, 518 infantes, 16 jinetes, 13 arcabuceros, 32 ballesteros, 200 indios y negros, 32 caballos, 10 cañones de bronce y cuatro falconetes, antiguas piezas de artillería de gran longitud. El virrey Diego Velázquez le había revocado la licencia que le dio para explorar (no invadir o “conquistar”, como decían), al darse cuenta de las intenciones de Hernán que había hecho gran acopio de soldados y recursos. Al saber que Velázquez se había arrepentido y escrito un documento para quitarle el permiso, Cortés huyó no sin antes robar un buque y abasto en Santiago de Cuba.

Llega a Cozumel y parte de ahí el 4 de marzo. A los pocos días, el 12 de marzo, llega al río Grijalva. Hernán Cortés había traicionado al virrey de Cuba, Diego Velázquez, y emprendió la invasión del Anáhuac violando la Ley de las Siete Partidas de Alfonso III, que regía desde el siglo XIII, que prohibía cualquier conquista sin permiso del Rey y condenaba a muerte a quien lo hiciera. Pero él arriesgándose a todo había tomado provisiones para conquistar o invadir aun sabiendo que por ese delito, según las leyes de la época, le podrían aplicar la pena de muerte. Pero confiaba en sus mañas. Ambicionaba oro, poder, mujeres, fama y gloria. Además, sabría cómo engañar al rey. Se sentía muy seguro de sí mismo porque era un leguleyo que había estudiado en Salamanca y se desempeñó como escribano en La Española (hoy Haití y Dominicana) y podía siempre argumentar con maña y visos de legalidad a su favor. Además confiaba en su gran elocuencia, dotes de persuasión y sugestión.

El 14 de marzo de 1519 se libra la primera batalla, la de Centla, ya que el dirigente Tabscoob resiste en lo que hoy se llama Tabasco, en su honor, y al frente de los mayas chontales lucha en Centla. Pero prevalecen las armas, cañones, arcabuces, caballos, picas y espadas de acero contra las armas de madera y piedra y los españoles los derrotan el 25 de marzo. Funda ahí la villa de Santa María de la Victoria y derriba la ceiba sagrada del pueblo.

Dos años antes, el 25 de marzo de 1517, indígenas mayas derrotaron por primera vez en América Latina a los invasores españoles en Champotón, Campeche, en lo que los españoles llamaron la bahía de la Mala Pelea. Cincuenta y siete españoles murieron, entre ellos su capitán Francisco Hernández de Córdoba, dos más fueron capturados. El resto huyó junto con decenas de heridos. Hernández de Córdoba no llegó a invadir, solo estaba “costeando” y reconociendo terreno, pues no tenía autorización del rey para “conquistar”.

El 22 de abril, llega Cortés a Veracruz, a la Isla de San Juan de Ulua, un viernes santo y funda el Municipio de la Villa Rica de la Vera Cruz. Por medio de sobornos con oro y promesas y excluyendo de la votación a los partidarios del Virrey Diego de Velázquez. En las primeras elecciones compradas y con un “padrón” adulterado Hernán Cortés se hace nombrar capitán general y justicia mayor, y nombra  regidores a Alonso Hernández Portocarrera y a Francisco Montejo, títulos que le otorga el cabildo de Veracruz. Con esa posición de “autoridad”, buscaba saltarse al virrey y tener interlocución directa con el rey Carlos V, todo con ilegalidad, y así usurpó el poder.

El 10 de julio redacta la Carta del Cabildo para informarle al Rey y supuestamente ese mismo día redactó la Primera Carta de Relación, que nunca llegó a España. En ese mes le llega la noticia que el virrey Diego Velázquez fue nombrado adelantado de Yucatán y tiene permiso de conquistar estas tierras. La lucha entre Diego y Hernán, antiguos amigos, por lo que para ellos era el botín era encarnizada.

El 26 de julio, para sobornar al rey Carlos, le manda el quinto real, la Carta del Cabildo y supuestamente la Primera Carta de Relación de la que no se conoce el original. Manda a España a Francisco de Montejo, Alonso Hernández Portocarrero y Antón de Alaminos y se regresan por una nueva ruta vía Bahamas para evitar los barcos de Diego Velázquez. En España se enfrentaron en la corte real los enviados de Cortés y de Velázquez. El rey ya se había “ablandado” con los regalos de Cortés.

Tras de ser derrotados la noche de la victoria, los españoles salieron huyendo. A los invasores no les sirvió su alianza con pueblos indígenas, ni su superioridad de armamento de guerra, caballos, cañones, perros de guerra, arcabuces, lanzas y espadas de acero. Es claro que los mexicas podían haberlos aniquilado a todos por completo, pero no lo hicieron porque no era su costumbre y los enemigos ya habían salido de Tenochtitlan.

El trayecto de los conquistadores españoles continuó de Tlacopan (Tacuba) hacia Otumba. En el camino, hacia el oriente del Valle de México, masacraron al pueblo de Calacoayan antes de pernoctar en Teocalhueyacan (actualmente San Andrés Atenco). Dicen los cronistas militares españoles que tuvieron que confrontarse nuevamente con los guerreros mexicas en el episodio conocido como batalla de Otumba, la cual terminó con la muerte del capitán mexica que iba al mando pues los perseguidores se disiparon y huyeron, pero hay fuentes que afirman que esto lo inventó Cortés para quedar bien con el Rey Carlos. De hecho, el Códice Ramírez refiere que llegaron refuerzos indígenas aliados a Cortés a apoyarlo y que él muerto de miedo y pensando que eran enemigos los atacó y luego inventó su “hazaña” de Otumba.

Finalmente, los conquistadores pudieron llegar al territorio aliado de Tlaxcala. Entre los españoles, tristes por haber perdido parte del botín, temerosos y enojados comenzó a darse la división y brotes de rebelión contra su capitán. Llegaron heridos, agotados y derrotados, por lo que Cortés con sed de venganza quería sangre y terror.

Volvió al combate, eligió atacar a Tepeaca, ubicada entre Veracruz y Tenochtitlan, donde masacraron a la población, niños, mujeres, ancianos; a los adultos, en lugar de matarlos, los capturaron para venderlos como esclavos, marcándoles el rostro con hierro al rojo vivo. Así comenzó la verdadera esclavitud en el Anáhuac. Cortés se vengó de la derrota de su noche triste y aplicó en la región el terror sin piedad. Ahí se estableció llamándolo Segura de la Frontera. En esa región mató a miles de personas. Lo mismo hizo en otros sitios como Tecamachalco, Alapetlahuacan, Quechua, etcétera.

También cuando llegó a Texcoco, antes de atacar Tenochtitlan, en represalia porque la población había huido sembró el terror. Cortés, apoyado por el traidor texcocano Ixtlixóchitl, “mató a los hombres que quedaban y capturaron niños y mujeres para venderlos en pública subasta”.

Cuitláhuac, junto con Tlacohtzin que era el nuevo Cihuacóatl, convocó a los pueblos del Anáhuac a aliarse todos contra el invasor. Tenía como aliados entre otros a los tlatelolcas, los tepanecas y pueblos de Tlalnepantla, Cuautitlán, Tenayuca, Otumba y Cuauhtlalpan. Incluso Cuitláhuac, buscando la alianza con los purépechas de Michoacán que eran enemigos tradicionales, mandó mensajes sin éxito a Irecha Tangaxhan (Caltzonzin) para aliarse contra los españoles. Cuitláhuac siempre desconfió de los españoles. Fernando Alva Ixtlixóchitl afirma que en la reunión del consejo en la que se decidió recibirlos, Cuitláhuac opinó: “Mi parecer es, hueyi tlahtoani, que no metáis en nuestra casa quien nos eche de ella y no os digo ni aconsejo más”.

En septiembre se desató una terrible epidemia de viruela, enfermedad desconocida en el Anáhuac, para la que no tenían anticuerpos y los ejércitos de mexicas y aliados comenzaron a sufrir fuertes pérdidas. Desgraciadamente Cuitláhuac también se contagió de tan terrible enfermedad.

El hueyi tlahtoani Cuitláhuac continuó con energía la defensa de su pueblo y nunca fue derrotado, hasta que el 25 de noviembre de 1520 murió a causa de la viruela, enfermedad extraña en el Anáhuac antes de la invasión española. Cuitláhuac murió invicto, los españoles lo odiaban tanto que ni siquiera registran bien su nombre, lo llamaban Quetlavaca o Coadlabac y de otras formas y siempre han tratado de mantener oculto el extraordinario mérito de este heroico hueyi tlahtoani.

Incluso se dice que en realidad se llamaba Cuauhtláuac que puede venir del verbo cuitlahui, “estar al cargo de algo” o “Águila sobre el agua” y que los españoles le pusieron Cuitláhuac, que viene de cuitlatl o excremento. También se dice que excremento no era un término peyorativo por ser un fertilizante y que incluso al oro le decían excremento divino o teocuitlatl. Y por otro lado se afirma que su madre era hija del tlahtoani de Iztapalapa llamado Cuitlahua. El hecho es que los españoles trataron de mantener todo la referente a su persona en la oscuridad y la indefinición, ya que era el general que les había propinado una total derrota. Al morir este valiente contaba con alrededor de 44 años de edad.

Luego del asesinato de Moctezuma, y tras la muerte del hueyi tlahtoani Cuitláhuac, el Tlahtocan eligió a Cuauhtémoc, el 6 de diciembre de 1520 como hueyi tlahtoani. El valiente joven de 24 años, que sería asesinado el 28 de febrero de 1525, era nieto de Ahuizotl y estudió en el Calmecac. Había alcanzado el grado de Guerrero Águila y en 1515 se le nombró tlacatécatl (general en jefe junto con el tlacochcalcatl) de Tlatelolco.

El nombre de Cuauhtémoc significa “águila que desciende”, no “águila que cae”. El águila descendió para atacar a los españoles y dio una lucha heroica. El asedio español contra los defensores de Mexhiko-Tenochtitlan comenzó el 26 de mayo de 1521. (Continuará)

Pablo Moctezuma Barragán*/Primera parte

*Doctor en estudios urbanos, politólogo, historiador y militante social

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