El Departamento de Estado nunca ha dejado de perseguir a las izquierdas en el mundo. Pese a que ciertos periodistas, analistas y académicos se han creído el cuento del fin de la Guerra Fría –como John Lewis Gaddis en su libro La nueva historia de la Guerra Fría–, Cuba es la muestra viviente de que dicha guerra no terminó en América Latina y el Caribe. Cuba es evidencia de que la Guerra Fría fue más caliente en esta parte del mundo y perdura hasta nuestros días.Ahora, Estados Unidos acusa de “terrorismo político” a las izquierdas y, por lo tanto, reinicia la caza de brujas dentro y fuera de su territorio
El Departamento de Estado publicó en julio de 2026 una estrategia contra el terrorismo político, el cual denominó como “punto ciego” de la doctrina antiterrorista. El anuncio hecho por Marco Rubio –alguien que lucra con su pasado familiar al decir que salió de Cuba tras la revolución de 1959, lo cual es una falsedad– se dirigió a anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas, marxistas.
El pasado 16 de julio, el jefe del Departamento de Estado mencionó que la supuesta “izquierda radical” se está vengando del mundo por “su propia insuficiencia al tratar de destruir a aquellos que pueden. Esto es lo que es el izquierdismo radical. Puede usar varios eslóganes e ideologías diferentes a través del lugar y el tiempo. Pueden llamarse a sí mismos anticapitalistas o antiimperialistas o comunistas o anarquistas o marxistas”.
Esa fue la primera falsedad, porque los gobiernos de izquierda en el mundo han sido sometidos a una serie de medidas tendientes a “hacer chillar” a sus economías, como Cuba, país que ha sido sometido a las peores sanciones económicas, a un bloqueo que ha perdurado más de seis décadas a Medidas Unilaterales Coercitivas (MUC), a sanciones personales hacia quienes forman parte de la administración pública y a empresas públicas.
En Chile en 1970, el gobierno de Salvador Allende fue sometido a un programa de desestabilización destinado a acaparar bienes de primera necesidad, crear escasez y, con ello, comenzar lo que culminó con un golpe de Estado en 1973, en el cual la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) tuvo participación.
La Oficina del Historiador del Departamento de Estado relató así la injerencia de la CIA en Chile: “el 15 de septiembre de 1970, la CIA recibió instrucciones de intentar impedir el ascenso del marxista Salvador Allende a la presidencia chilena el 3 de noviembre. Este esfuerzo debía ser independiente de los esfuerzos concurrentes que se llevaran a cabo a través del 40 Comité, el Departamento de Estado y el embajador Korry, o con su conocimiento”.
Antes, como ahora, la CIA también preparó operaciones psicológicas que tienen su vertiente mediática. Chile de nuevo destaca por el caso del periódico El Mercurio que colaboró con Estados Unidos, pero también porque pasó información para otros medios de comunicación. El plan de la CIA menciona que “Al carecer de los foros habituales para la generación espontánea y repetición de propaganda dentro de Chile, la CIA tuvo que depender cada vez más de sus propios recursos: una prensa clandestina dependiente de la distribución directa por correo; la colocación de noticias individuales a través de agentes contra la resistencia de una dirección amedrentada; financiación de un nuevo, aunque pequeño, periódico; subvención de un grupo político anti-Allende y sus programas de radio, anuncios políticos y manifestaciones políticas; y envío directo de artículos de noticias extranjeras al presidente Frei, a la señora Frei, a líderes militares seleccionados y a la prensa nacional chilena”.

Fuente: Oficina del Historiador (18 de noviembre de 1970), Documento 39… (p. 213)
Guatemala también vivió los golpes de Estado patrocinados por la CIA, como el de 1954 en contra de Jacobo Arbenz y en el que la central de inteligencia gringa participó activamente con el Plan PBFORTUNE, que costó unos 2 mil 735 millones de dólares, aunque se corrigió sobre la marcha a 3 millones de dólares de la época, según datos del mismo Departamento de Estado. Esta misma institución reconoce las acciones golpistas de la agencia estadunidense en Guatemala.

Fuente: Oficina del Historiador. (11 de septiembre de 1953). Foreign Relations of the United States, 1952-1954. Vol. IV
En la Oficina del Historiador se destaca en el borrador de una reunión informal para el Consejo de Seguridad Nacional que: “nuestro apoyo secreto y material al derrocamiento del gobierno de Árbenz nos expondría a graves peligros. La experiencia ha demostrado que ninguna operación de este tipo podría llevarse a cabo en secreto sin un gran riesgo de que sus líderes y patrocinadores fueran plenamente conocidos. Si se hiciera evidente que Estados Unidos ha intentado replicar Checoslovaquia a la inversa en Guatemala, los efectos en nuestras relaciones en este hemisferio, y probablemente en el mundo entero, podrían ser tan desastrosas como los producidos por una intervención abierta”.
En ciertos círculos académicos, periodísticos y públicos es conocido que Estados Unidos alentó, apoyó y aprobó dictaduras militares, sea en Uruguay, Chile, Argentina, Brasil o en Centroamérica. Igualmente es conocida la Operación Cóndor, la coordinación represiva latinoamericana para eliminar a la izquierda y a marxistas.
El Departamento de Estado en un documento mencionó: “Operación Cóndor es el nombre en clave para la recopilación, intercambio y almacenamiento de datos de inteligencia sobre los llamados “izquierdistas”, comunistas y marxistas que se estableció recientemente entre los servicios de inteligencia cooperantes en América del Sur, con el fin de eliminar las actividades terroristas marxistas en la zona. Además, la Operación Cóndor prevé operaciones conjuntas contra objetivos terroristas en los países miembros de la Operación Cóndor; Chile es el centro de la Operación Cóndor y, además de Chile, sus miembros incluyen a Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay”.

Fuente: National Security Archive, Operación Cóndor, 1976
Destaco solo un par de ejemplos de las atrocidades, golpes de Estado, injerencias y violaciones a las soberanías perpetradas por Estados Unidos y la CIA en el siglo XX, que tuvieron como objetivo acabar con el enemigo externo que era el comunismo, marxismo, socialismo e incluso nacionalismo popular. Y eso no acabó.
Siglo XXI: continuidad del terrorismo estadunidense
En el siglo XXI Venezuela padece la sofisticación de la injerencia y desestabilización. Como detalló Contralínea, más de 1 mil MUC en contra de su economía han impedido, como en Cuba, que tengan acceso al mercado internacional, además de la estrategia de fuga de capitales y papel moneda, impedimento de exportaciones petroleras e importaciones de aditivos para procesar el petróleo. Incluso, los constantes sabotajes a instalaciones de hidrocarburos y centrales eléctricas, así como intentos de invasión con el apoyo de Colombia y de mercenarios colombianos, como el caso de la Operación Gadeón, en 2020, y desde luego el secuestro del presidente Nicolás Maduro, un caso de lawfare internacional.
¿Qué economía, incluso “de mercado”, puede ser exitosa con sanciones, bloqueos y el uso unilateral de medidas coercitivas? Ninguna. Pero para Marco Rubio –a quien Lula da Silva ha descrito como un “latinoamericano frustrado”–, la economía de la izquierda radical envidia la economía de mercado.
Estados Unidos no crece. Lleva años con tasas de crecimiento de su PIB bastante mediocres: la tasa de crecimiento anual entre 2001-2010 fue de 1.7 por ciento, y entre 2011-2020 fue de 1.8 por ciento. En esos mismos lapsos, China creció 9.7 por ciento. Estados Unidos ha perdido el famoso “cinturón de óxido”; Detroit y Flint en Michigan, Cleveland y Youngstown en Ohio, son un ejemplo de desindustrialización y decadencia. Estados Unidos y su élite son incapaces de proponerle un modelo de bienestar a su población y al mundo. El american way of lifeestá en crisis desde hace tiempo.
Y en aras de aumentar las ganancias de sus empresarios, buscaron mejores condiciones de producción al aprovechar y explotar trabajadores en el mundo, principalmente en Asia, África y, desde luego, América Latina. No tenemos nada que envidiarle a la decadencia estadunidense.
Mintió Marco Rubio cuando mencionó que la izquierda elige destruir: atacan tuberías, redes eléctricas y laboratorios. Haría bien en revisar la Oficina del Historiador de su propio Departamento para conocer su historia, pues la ignorancia –el peor de todos los males– pesa en política exterior.
El 3 de enero de 2026, además de secuestrar a un presidente en funciones y violar el derecho internacional, atacaron también un laboratorio en Venezuela. En 2023, el periodista Seymour Hersh en una entrevista retomada por Democracy Now! mencionó que fue Estados Unidos el que atacó el gasoducto Nord Stream.
Si de destrucciones hablamos, basta ver lo que hicieron en Vietnam, en donde murieron más de 2.5 millones de personas y lanzó 7.5 millones de toneladas de bombas en Vietnam Norte, Vietnam del Sur, Laos y Camboya. Más bombas incluso que las lanzadas en la Segunda Guerra Mundial. Arrojó además 400 toneladas de napalm, 75 millones de litros del agente naranja y otros herbicidas. Y, aun así, perdió.
O qué decir de las guerras en Afganistán y en Irak, lanzadas con mentiras sobre supuestas bombas nucleares. Relato similar construyen ahora sobre Irán, y junto con Israel atacaron una primaria el 28 de febrero de 2026, donde asesinaron a 165 personas, niñas y docentes incluidas.
La destrucción de infraestructura ha sido analizada por geógrafos, como David Harvey, como destrucción creativa, la cual permite la reproducción del capital a partir de la destrucción, del despojo y del asesinato constante de personas en el mundo.
Si alguien desprecia a Occidente, Oriente, Asia Occidental y a aquello que tenga un tono mínimo de nacionalismo popular o defensa de la soberanía, ese es Estados Unidos. Su naturaleza es el imperialismo, colonialismo, golpismo e injerencia.
Aníbal García Fernández*
*Doctor, magister y licenciado en estudios latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Miembro de los grupos de trabajo de CLACSO “Crisis y economía mundial” y “Violencias en Centroamérica”. Sus principales líneas de estudio son la Guerra Fría Interamericana, geopolítica energética, dependencia e integración latinoamericana, militarismo y relaciones económicas entre Estados Unidos y América Latina.



















