Palestina resiste

Palestina resiste

A días de cumplirse dos años del genocidio en Palestina, varias naciones han reconocido y reconocerán, a Palestina como un Estado soberano.
FOTO: 123RF

Lamentamos y expresamos nuestra inquietud y preocupación por la violencia que se vive en estos días en Palestina e Israel. Nos solidarizamos con los palestinos en la defensa de sus derechos humanos y de sus derechos nacionales.

Condenamos las declaraciones que reafirman el derecho de Israel a defenderse. Consideramos que son parciales, irresponsables y conducen a mayor violencia. Desprecian e ignoran los problemas fundamentales que han originado las condiciones que condujeron a la crueldad inaudita que se vive.

La muerte de civiles nunca es aceptable. Sin embargo, la violencia que estamos viendo es la misma que viven los palestinos. En Gaza, son bloqueados ilegalmente. En la cotidianidad, padecen ataques de colonos y soldados israelíes contra su población civil. Israel continúa con la ocupación ilegal de tierras palestinas. Misma que no deja de avanzar día con día.

Condenamos la invasión y el genocidio de Israel contra Palestina. A medida que la violencia colonial israelí se intensifica en Gaza, cubre la región de un baño de sangre. La razón y el derecho exigen un alto al fuego inmediato, además del fin de la ocupación israelí y el apartheid en Palestina.

Este último significa uno de los crímenes más violentos de la humanidad. Lleva realizándose más de 100 años y tiene un desenlace fatal con millares de víctimas inocentes. Sin importar dónde vivan, expresamos nuestro más sentido pésame a todas las familias que han perdido la vida en los últimos días y a lo largo de las décadas de despojo y ocupación forzosa, o a consecuencia de ella.

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Es claro que los palestinos experimentan violencia y terror diarios. Siempre a manos de las fuerzas de ocupación israelíes con el apoyo de Estados Unidos y Occidente. De la comunidad internacional, sólo reciben silencio. El sufrimiento cotidiano de vivir sitiados, abusados y asesinados requiere de una resistencia firme y sostenida. Nadie se puede cruzar de brazos cuando es atacado sistemática e inmisericordemente.

Un pueblo no puede vivir bajo asedio y apartheid con la amenaza diaria. Las familias sufren acoso, humillación, violencia. Ocupan sus terrenos y demuelen sus casas. Padecen cortes de agua y de luz. Son asesinatos y todo sin que puedan responder, defenderse.

Cualquier pueblo que sufre colonización tiene derecho a luchar por su independencia y soberanía, según la misma Organización de las Naciones Unidas (ONU). En 1960, aprobó la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales –resolución 1514 (XV) de la Asamblea General–. También conocida como la Declaración sobre la Descolonización, proclamó la necesidad de poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo en toda forma y manifestación. En este contexto, declaró –entre otras cosas– que los pueblos tenían el derecho de libre determinación.

Lamentable la violencia y condenables las muertes en Medio Oriente. La grave escalada del conflicto se desata tras 75 años de ocupación y colonización. En 1948, el 94 por ciento de tierra era palestina y 6 por ciento, judía. Sin embargo, la ONU le dio el 56 por ciento del territorio a Israel y sólo 44 por ciento a los palestinos.

Durante la guerra de seis días en 1967, Israel invadió Jerusalén del Este y Cisjordania. La resolución 242 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de noviembre de 1967 exige la salida de los territorios ocupados por Israel. Cabe mencionar que no acataron. Hace 15 años, Palestina conservaba apenas el 22 por ciento de su territorio original. Hoy, sólo controla el 10 por ciento. Además, se encuentra bloqueada y cercada.

No hay un sólo año en el que Israel no haya construido en territorio ocupado. Quieren exterminar a los palestinos con la bendición de Washington y Occidente. Hasta septiembre, ya van 268 muertes. Han asesinado a más de 5 millones de palestinos entre 1948 y 2023. Los grandes medios callan. Por la paz, urge el reconocimiento del Estado palestino y el respeto a las fronteras trazadas por la ONU en 1967.

El problema es añejo. Desde el siglo VII, una mayoría árabe habitaba Palestina. Hace menos de dos siglos –al finalizar el siglo XIX–, los judíos comenzaron a comprar tierra. Ya en el siglo XX, el Fondo Nacional Judío lo hacía con la condición de que esa tierra jamás sería vendida o arrendada a árabes para asegurar su enclave colonialista.

La agresión contra el pueblo palestino ha sido larga. Comenzó hace 100 años, un 29 de septiembre de 1923. La Sociedad de las Naciones le dio la administración del control del territorio palestino a Gran Bretaña. Despojó al pueblo palestino del control de su propia tierra. Entre 1882 y 1947, llegaron varias oleadas de migraciones judías. Luego –y según el plan de 1947–, la ONU les quitó más de la mitad de su territorio con la ignominiosa resolución 181.

Con apoyo militar británico, aumentó el acaparamiento de tierras, pese a la oposición de los palestinos y pueblos árabes. En diciembre de 1947, se anunció el plan de partición.

En 1948, cuando la ONU creó el Estado de Israel, el territorio era un 94 por ciento árabe, y un 6 por ciento, judío. Sin embargo, a Israel le dieron el 56 por ciento del mismo, mientras que a los palestinos sólo el 44 por ciento. Los árabes y palestinos despojados se opusieron.

La ONU causó una guerra civil. El 15 de mayo de 1948, las organizaciones judías declaran el nacimiento del “Estado de Israel” sobre el 78 por ciento de la superficie de Palestina. A partir de entonces, se cometen los crímenes más horrendos por parte de las tropas israelíes de ocupación.

El 15 de mayo se conmemora el Nakba, “La Catástrofe”. En esta fecha, se recuerda como 800 mil palestinos tuvieron que huir de sus territorios a la Franja de Gaza, a Cisjordania y a otros países. La violencia no se detuvo. De manera brutal, se expulsó de sus hogares a más de la mitad de la población palestina para entregar su tierra a colonos extranjeros. Esto generó 1 millón 100 mil desplazados.

Hoy, más de la mitad son refugiados y se les impide retornar a sus hogares de origen. Cada año, en el mundo conmemoran la Nakba y la limpieza étnica de Palestina que comenzó en 1948.

Por la fuerza, los israelíes tomaron Lod y Ramla –dos ciudades palestinas– y expulsaron a la población. Hubo masacres de civiles como la de Deir Yassin en octubre de 1948, tras su captura en la aldea palestina de Al-Dawayima. Y, no conforme con esto, efectuaron matanzas en los campos de refugiados palestinos, como la de Sabra y Shatila. Esto fue calificado como genocidio por la ONU.

Existen 13 millones 700 mil palestinos. De ellos, 6 millones 300 mil viven como refugiados en campamentos en Jordania, Siria, Líbano, Cisjordania y la Franja de Gaza. El 11 de diciembre de 1948, las Naciones Unidas aprobaron la Resolución 194. Apuntaban el “derecho al retorno” de los refugiados. Sin embargo, Israel se opuso y lo impidió.

La resolución 242 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de noviembre de 1967 exige la salida de los territorios ocupados por Israel ¡Pero no paran! Cada día, derriba casas y ocupa mayor territorio palestino en Cisjordania, incluida Jerusalén Este.

La incesante colonización ha diseñado un mapa de difícil recorrido. Sigue modificándose y amenaza con impedir una resolución al conflicto que pase por la creación de un Estado palestino con continuidad territorial viable.

Al drama no lo califiquemos como enfrentamiento o conflicto. Es genocidio. Es apartheid. No es un combate entre pares, no hay simetría alguna entre las fuerzas beligerantes. Israel tiene 400 bombas nucleares, 3 mil 930 tanques, 362 Jets-F-16. Palestina tiene cero tanques, cero aviones.

Hace 15 años, el pueblo palestino tenía apenas el 22 por ciento de su territorio original. Hoy, sólo controla el 10 por ciento; además, está bloqueado y cercado. No hay un solo año, en el cual Israel no haya construido en territorio ocupado. Realiza una limpieza étnica en su guerra de exterminio. Quiere erradicar a los palestinos con la bendición de Washington, pues es el laboratorio de guerra estadunidense.

Hoy, más de 585 mil colonos judíos viven en Cisjordania y Jerusalén. A pesar de que la Cuarta Convención de Ginebra y la Ley Internacional prohíben desplazar población de la potencia ocupante al territorio ocupado.

Actualmente, estas tierras palestinas ocupadas y sus puestos militares y policiacos han sido el principal blanco de la resistencia.

El camino de la paz es claro, sin embargo, implica el respeto a las leyes internacionales. Las mismas son violadas tanto por el régimen israelí como por las potencias occidentales. Quieren imponer sus intereses en Medio Oriente y en el mundo. Su principal instrumento agresivo es el Estado de Israel, al cual respaldan, financian y arman. Defienden con información distorsionada, transmitida por sus medios de comunicación que presentan al victimario como víctima.

En los últimos días, las acciones bélicas de Israel alcanzan a personal e instalaciones de otros países. Han muerto 11 trabajadores de la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés) durante bombardeos perpetrados por las fuerzas israelíes contra la Franja de Gaza.

Les molesta que la ONU dé información. El 10 de octubre, notificaron que más de 1 mil viviendas han sido destruidas y otras 560 sufrieron severos daños en Gaza, según dio a conocer la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. Además, denunció que los bombardeos de Israel dañaron siete instalaciones que abastecían de agua y servicios sanitarios a más de 1 millón 100 mil palestinos.

El bloqueo total de la franja de Gaza –anunciado el 9 de octubre por el ministro israelí de Defensa, Yoav Galant– está prohibido por el derecho internacional humanitario, advirtieron por separado la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Unión Europea (UE). El asedio pone en peligro la vida de civiles al privarlos de bienes esenciales para su supervivencia, declaró el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, en un comunicado.

Los ataques de Israel contra el personal de los medios de comunicación y periodistas –incluyendo el bombardeo de la oficina de Al-Alam y Press TV– es un intento desesperado de crear un vacío de información en Gaza. De esta manera, allanaron el camino para cometer una masacre contra la población en el enclave costero.

Hay una táctica criminal de Israel de tierra quemada contra la Franja de Gaza. Violenta, asesina y aterroriza a niñas y niños y a las familias palestinas. Incluso están apuntando al personal de servicio médico. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) confirmó la muerte de cinco de sus miembros.

El miércoles 11 de octubre, varias ambulancias fueron atacadas en dos escenas separadas. El resultado fueron cuatro paramédicos muertos. Asimismo, durante el sábado fue asesinado un conductor de ambulancia de Magen David Adom –servicio nacional de emergencias de Israel– cuando se trasladaba para atender a heridos. (RT).

Sin embargo, Israel tiene el apoyo de Estados Unidos. Joe Biden tachó de terrorista la operación “Tormenta de Al-Aqsa”, lanzada el sábado 7 de octubre por la resistencia palestina desde la Franja de Gaza contra Israel. Su gobierno –apoyando lo que llaman la “legítima defensa de Israel”– le echa más leña al fuego.

El grupo de ataque del portaaviones Gerald R. Ford ya ha sido desplegado en la parte oriental del Mediterráneo. El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, ha confirmado el 11 de octubre que el grupo del portaaviones Dwight D. Eisenhower se dirigirá al mar Mediterráneo.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, advierte que el despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford en el Mediterráneo provocará “graves masacres para los palestinos en Gaza” (Hispantv).

Es posible y necesario que el pueblo palestino y los israelíes vivan en armonía para que cese el sufrimiento en ambos países. Debe terminar el conflicto. Es claro que, para que exista la paz, es urgente el reconocimiento pleno del Estado palestino y el respeto a las fronteras trazadas por Naciones Unidas en 1967.

Pablo Moctezuma Barragán*

*Doctor en estudios urbanos, politólogo, historiador y militante social

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