Reescribir el futuro: el nuevo orden económico global y la lucha ideológica

Reescribir el futuro: el nuevo orden económico global y la lucha ideológica

FOTO: 123RF

I

El dominio del imperialismo capitalista tiene en la ideología una de sus armas más poderosas. Recientemente hemos atestiguado la instalación de la guerra cognitiva como una de las principales herramientas para moldear y tergiversar la realidad, de modo que dificulta comprender los fenómenos, llevando a desestimar la posibilidad de intervenir en ellos, o, simplemente, a la indiferencia ante su significado. Cualquiera de estas opciones produce una despolitización que beneficia al status quo. La infodemia ha logrado en el mundo occidental un anesteciamiento frente a horrores como las guerras, hambrunas y genocidios. Es una gran droga mediático-militar que garantiza impunidad frente a la barbarie.

II

La captura ideológica se consigue, principalmente, a través de la desarticulación de la memoria histórica. De pronto, fenómenos cruciales de la historia desaparecen del imaginario colectivo, se impone una narrativa cuyo objetivo es siempre mostrar que una realidad alternativa a la dominante es simplemente imposible, que no tiene sentido. Esta racionalización tiene que ver con la imposición del núcleo de la guerra híbrida: la falsa universalización del proyecto de modernidad occidental. Los fenómenos sin historia son difíciles de comprender puesto que se ignoran sus raíces y su dinámica. Cancelar la historia es una forma de cancelar la capacidad de plantear los mundos alternativos. Por ello, la historia debe ser revisada a contrapelo, como bien recomendaba Walter Benjamin –el filósofo místico de la Escuela de Frankfurt– porque la historia contada por los vencedores siempre anulará a los vencidos. Por tanto, la primera labor de liberación es recuperar y amplificar la visión histórica más allá de la narrativa oficial de los vencedores.

III

Actualmente vemos una lucha cruenta entre el bloque liderado por Estados Unidos (G7) y el bloque asiático liderado por China (BRICS). Este es el conflicto principal que detona todos los demás puntos de crisis en el actual sistema internacional. Pero el contenido de la misma no se ha enunciado, desde mi punto de vista, lo suficientemente claro: se trata de una nueva edición de la lucha anticolonial, comenzada justo después de la segunda guerra mundial. Es decir, si bien los BRICS comenzaron a sonar ya en el siglo XXI, estos tienen antecedentes históricos, como es el grupo de los 77 (G-77), que representa la organización de países del sur global bajo el espíritu de liberación del mundo colonial (todavía vigente a mediados del siglo XX, cosa que no debe perderse de vista) proveniente de la Conferencia de Bandung, celebrada en Indonesia en 1955 para promover la cooperación como base para los países desde el sur global.

Quizá el punto de mayor alcance político se logró con la resolución 3281,  adoptada por la Asamblea General de la ONU en 1974, que dio paso a la Declaración de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, cuyo objetivo fue la fundación de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). El centro de esta carta está en asegurar a los países el derecho al desarrollo, la autonomía de sus políticas económicas y la soberanía frente al poder de las empresas trasnacionales.

Obviamente este acontecimiento quedó borrado de la memoria pues inmediatamente después de esta declaración comenzó el despliege del neoliberalismo, ocultando todos esos esfuerzos bajo la narrativa unilateral de la globalización occidental y la glorificación de los “derechos” de la inversión extranjera directa (IED) por encima de los Estados nacionales (EN). Los resultados de estos principios hoy se pueden observar con claridad: un planeta con crisis climática, con crisis humanitaria, estancamiento económico, con desigualdad estructural y violencia esparcida por todos sus poros. Ni siquiera los supuestos ganadores hoy se benefician de este proyecto: viven también bajo crisis dentro de sus propias fronteras.

IV

La crisis hegemónica de EU es la crisis hegemónica de todo el modelo de gobernanza global basado en la Organización de Naciones Unidas (ONU), cuyo diseño es esencialmente anti-democrático, pues a través de la votación ponderada y el derecho al veto permite la existencia de un grupo que toma el control de las decisiones. Por ello, cuando ese grupo liderado por Estados Unidos decide violar las normas internacionales de manera abierta y sin pudor (recuérdese el reciente bombardeo a Irán) no hay ninguna instancia que le pueda sancionar. Y si le sumamos que frente a esta crisis, EUA ha decidido utilizar la guerra comercial arancelaria a discreción, lo único que se ratifica es la existencia de una especie de monarquía financiera global que revela las contradicciones de su supuesto carácter democrático y se presenta como un sistema que, al perder fuerza, revela su carácter neocolonial anacrónico.

Es un detalle paradójico para la historia del pensamiento económico que la otrora potencia industrial busque ahora reindustrializarse a partir de medidas comerciales al estilo del viejo mundo mercantilista. Cuando los poderes de la modernidad pierden fuerza, muestran con claridad la anacronía de su verdadero pelaje: la de la explotación sistemática de una metrópoli con respecto a sus colonias. Este es el modelo que ya no puede continuar más. El mundo construído a la sombra del hongo atómico en 1945 hoy ya ha llegado a su límite histórico. Por ello es necesario organizar un nuevo frente para retomar el multilateralismo bajo los principios de la NOEI.

V

No es un detalle menor que los países del modelo occidental estén creciendo en un promedio de 1.5 por ciento, mientras que el promedio de los BRICS se encuentra alrededor del 3.4 por ciento. Y si observamos al G-77 del sur global, el promedio sube a 4.1 por ciento. Esto significa que lejos de la narrativa de los países industriales que “jalan” a los demás países, hoy el modelo económico occidental es una traba para la potencialidad de los países del sur global. La vía para ordenar esta nueva fase comienza por la recuperación de los principios de soberanía sobre los recursos, el derecho al desarrollo y el control de los capitales extranjeros, principios que fueron defendidos por la NOEI y que vale la pena recuperar para orientar nuestras acciones.

VI

El retorcimiento ideológico del trumpismo ha sido colocarse como un país víctima de todos los demás. El NOEI de 1974 fue borrado por el imperio del dólar generando todo un proceso de succión de la riqueza mundial. La violencia proveniente del modelo neoliberal todavía causa estragos en todo el sur global. Por ello es que en el momento en el que EU se coloca como víctima es, simplemente, una inversión radical de la historia. En contraste, el multilateralismo aboga por una reestructuración bajo principios del respeto a la soberanía de los países bajo relaciones de coordinación y no de subordinación.

Los distintos países agraviados hoy por la presión arancelaria están distinguiendo nítidamente las diferencias entre modelos. Mientras que EU exige cambios políticos bajo el símbolo del injerencismo, China proyecta colaboración en infraestructura sin meter en la ecuación la esfera política de cada país. La forma de superación monárquica es la reafirmación del carácter republicano bajo independencia económica sustantiva, es decir, superando la modernidad colonial. Estos son los términos de la batalla de cara a la entrada del segundo cuarto del siglo XXI.

*Economista (UdeG) con estudios de maestría y doctorado (UNAM) sobre la crítica de la economía política. Académico de la FES Acatlán. Director del Centro de Estudios del Capitalismo Contemporáneo y comunicador especializado en pensamiento crítico en Radio del Azufre y Academia del Azufre.

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