El himno nacional apenas comenzaba cuando miles de voces se fundieron en una sola, las y los asistentes se pusieron de pie sin importar la edad, algunos levantaron el puño, otros colocaron la mano sobre el pecho, nadie parecía limitarse a cantar. Cada estrofa era lanzada con fuerza, casi como una declaración colectiva, en medio de una ofensiva. Bajo la cúpula del Monumento a la Revolución, las palabras del himno adquirieron un significado distinto esta mañana.
Cuando la música terminó, una consigna recorrió la plaza de extremo a extremo: “¡presidenta, no está sola!”

El grito se repitió una y otra vez entre banderas, carteles y teléfonos levantados para registrar el momento. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo acababa de concluir su mensaje a dos años de haber sido electa por cerca de 36 millones de mexicanos. Ante el contexto actual, la multitud parecía decidida a dejar claro que su presencia allí no era únicamente para escucharla, sino para respaldarla.
En medio del tumulto avanzaba una pareja de adultos mayores, apretaban una lona entre sus manos mientras intentaban acercarse lo más posible al paso de la primera mandataria. Gritaban con insistencia a todo pulmón, como si buscaran que, entre más de 100 mil voces ahí reunidas, la suya también pudiera ser escuchada; porque su mensaje era claro: ante las amenazas externas hay un pueblo que no está dormido, sino esperando el llamado para actuar en defensa de la nación.
La lona que cargaban era una alegoría de aquella advertencia del fundador del movimiento de la transformación pronunciada en 2018: “Si se atreven a hacer un fraude electoral, me voy también a Palenque y a ver quién va a amarrar al tigre. El que suelte al tigre, que lo amarre, ya no voy a estar deteniendo a la gente luego de un fraude electoral”.
El señor Víctor Hernández explicó que acudió porque considera que el país atraviesa un momento que exige unidad frente a las presiones externas –particularmente las de Estados Unidos– y los desafíos internos. Mientras sostenía la lona, recordaba una enseñanza que atribuye al expresidente: “este señor [Andrés Manuel López Obrador] nos dijo que tenemos que luchar pacíficamente, nuestro movimiento es pacífico”.
Sin embargo, advirtió que, aunque el movimiento liderado por el tabasqueño logró terminar con 36 años de neoliberalismo con una revolución pacífica, “si no nos queda otra opción vamos a tener que hacer lo que nos dice el himno nacional: un soldado en cada hijo te dio”.
La referencia no era casual, minutos antes, las estrofas habían sido pronunciadas con una intensidad poco habitual. No parecía una ceremonia protocolaria. Las voces se elevaban como una respuesta colectiva a los llamados de unidad nacional que marcaron la jornada. Aquel tigre al que se refirió el exmandatario originario de Macuspana, Tabasco, hizo presencia y su rugido se elevó a nivel nacional.
“Es lo que vamos a tener que hacer si tratan de invadir nuestro territorio, ese es el mensaje que le doy a los señores extranjeros, que no está sola [la presidenta Claudia Sheinbaum] con nuestro gobierno; están todos los mexicanos que son el tigre y si lo quieren ver despierto que invadan nuestra patria”.
La escena ocurría en uno de los lugares con mayor carga simbólica de la historia nacional: el Monumento a la Revolución, construido sobre la estructura inconclusa del Palacio Legislativo impulsado por Porfirio Díaz, y que hoy es un espacio donde la historia parece dialogar consigo misma.
Bajo aquella cúpula convergen la tercera y la cuarta etapa de la transformación del país: la iniciada por Francisco I. Madero, que abrió paso a las demandas de justicia social, reparto agrario y derechos laborales, y un proyecto que lucha por combatir la corrupción, reducir las desigualdades y construir una nación con mayor justicia social, aun cuando los oligarcas se empeñan en frenarlo.
La esposa de Víctor compartía el sentimiento de respaldo; comentó que sus hijos fueron beneficiarios del programa Jóvenes Construyendo el Futuro y afirmó sentirse agradecida por las oportunidades que encontraron a través de esa política pública, por eso, dijo, acudió a manifestar su apoyo a la presidenta.
También le pedía mantener el compromiso con los sectores más vulnerables y preservar los principios del movimiento. Considera que la incorporación de actores políticos ajenos a sus orígenes puede representar un riesgo para el proyecto.

La preocupación era compartida por Víctor, quien sostuvo que los desafíos para la transformación no solo provienen de sus adversarios. Defendió que es necesario vigilar la integridad de los miembros del movimiento, pues durante el sexenio de López Obrador el Poder Judicial obstaculizó el avance de las iniciativas presidenciales, pero “ahora no son ellos, son hasta nuestros propios aliados”.
Más allá de los discursos y los símbolos históricos, la imagen que permaneció fue la de miles de personas que entonaban el himno nacional a todo pulmón y repetían una consigna que resonó bajo la cúpula durante varios minutos: “¡presidenta, no está sola!”.



















