Incendios arrasan Europa por calentamiento global pero EU ignora el tema

Incendios arrasan Europa por calentamiento global pero EU ignora el tema

Imagen: ChatGPT

Los incendios registrados en Francia y España, que implicaron la evacuación de más de 260 mil personas y el arrasamiento de 120 mil hectáreas, muchas de ellas de bosques, sin contar aún los millonarios costos económicos que tales desastres traerán consigo, constituyen una prueba irrebatible de que el calentamiento global, provocado por el creciente uso de gas, gasolinas y otros combustibles fósiles, debe ser uno de los temas de atención prioritaria en el contexto global.

Asimismo, estos hechos deben obligar al mundo a exigir al gobierno de Estados Unidos que asuma su responsabilidad como una de las principales naciones generadoras del efecto invernadero, luego de que en enero de 2025 anunciara su salida del Acuerdo de París.

La visión apocalíptica de las cintas de Hollywood se está convirtiendo en una terrible realidad que ha comenzado a hacer estragos en todos los confines del planeta.

Por ello, la irresponsable postura del gobierno estadunidense, tarde o temprano, se hará sentir con mayor intensidad en su propio territorio, tal como ocurrió a principios de enero de 2025, cuando una serie de incendios sin precedentes en California arrasó varios de los suburbios residenciales de Los Ángeles.

Días después, el 20 de ese mismo mes, desde la Casa Blanca se anunció la salida del Acuerdo de París, decisión que se concretó oficialmente en enero de 2026.

Ignorando esta tragedia sin precedentes, el gobierno de Estados Unidos sorprendió al mundo al anunciar que se retiraba no solo del Acuerdo de París, sino también de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y del Fondo Verde para el Clima (GCF).

De igual forma, daba por terminados los compromisos con otras 60 organizaciones internacionales relacionadas con el estudio del cambio climático, la biodiversidad y la energía limpia, al calificarlas de “derrochadoras, ineficaces o nocivas”.

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Desde 2016, cuando surgió la agenda para combatir el cambio climático y el consecuente calentamiento global, se establecieron los compromisos del Acuerdo de París, que implicaban poner manos a la obra de manera inmediata y comprometían, sobre todo, a países como China, Estados Unidos, India, los integrantes de la Unión Europea, Indonesia, Rusia y Brasil, identificados por la comunidad científica como responsables de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial.

Entre las prioridades estaba evitar que la temperatura del planeta se incrementara en más de 1.5 grados centígrados durante los años por venir, con el propósito de prevenir desastres naturales de magnitudes insospechadas, como las terribles conflagraciones registradas en Francia y España.

Lo anterior, considerando que el calentamiento global no únicamente implica incendios de magnitudes cada vez mayores, sino también ciclones más intensos, con las consecuentes inundaciones y sequías prolongadas, así como tornados más agresivos y la desaparición de comunidades enteras a lo largo de las costas debido al aumento del nivel de los océanos provocado por el derretimiento de los polos.

Países como Canadá y el propio Estados Unidos comienzan a constatar los efectos de las cada vez más agobiantes altas temperaturas que, en el caso de varias naciones europeas, han alcanzado los 50 grados centígrados. Algo nunca antes visto, como tampoco el riesgo latente de que poderosos incendios amenacen a ciudades como Madrid, en España, o Burdeos, en Francia, poniendo en peligro a miles de personas.

La irracional posición de la administración estadunidense se vio acompañada del anuncio de un incremento en el uso de combustibles fósiles, cuando precisamente la agenda global contemplaba su reducción gradual mediante el impulso de energías no contaminantes, como la eólica y la solar.

Los pronósticos científicos advierten que debe evitarse a toda costa que, para finales de siglo, la temperatura del planeta registre un incremento de 2.8 grados centígrados, pues ello implicaría un colapso cuyas consecuencias no distinguirían entre naciones ricas y pobres.

Lo alarmante es que, ante la posición radical de Washington y por temor a los efectos sobre sus economías, muchos países se están alineando con lo que numerosos especialistas califican como la “carrera al vacío” a la que el gobierno estadunidense los está arrastrando junto con el resto del mundo.

México no ha podido sustraerse a los efectos del cambio climático y ha sufrido consecuencias cada vez más severas, pues los fenómenos naturales han golpeado con mayor intensidad a los habitantes de las zonas más apartadas, donde la pobreza y la marginación se acentúan. Cada vez que una comunidad indígena o campesina es afectada por inundaciones, su ya endeble economía regional se colapsa, profundizando las desigualdades.

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A pesar de la magnitud del problema, mucha gente sigue sin comprender en qué consisten el cambio climático y el calentamiento global. Si bien ambos conceptos están estrechamente relacionados, debe precisarse que el calentamiento global es la causa del cambio climático.

Es decir, se trata del aumento de la temperatura del planeta provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, derivadas de la actividad humana, las cuales están ocasionando variaciones en el clima que, de manera natural, no se producirían.

Podemos afirmar que, en menos de 200 años, la civilización y el crecimiento del capitalismo han sido el principal motor del cambio climático, debido, principalmente, a la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas. Estos generan emisiones de gases de efecto invernadero que actúan como una manta que envuelve a la Tierra, atrapando el calor del Sol y elevando las temperaturas.

Las principales emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático corresponden al dióxido de carbono y al metano. Estos proceden, por ejemplo, del uso de gasolina para conducir un automóvil o del carbón para calentar edificios; sin embargo, el desmonte de tierras y la tala inmoderada de bosques también contribuyen a la liberación de dióxido de carbono.

Actualmente, los principales medios de transporte en el mundo, ya sea por tierra o por aire, utilizan combustibles fósiles, razón por la cual en el Acuerdo de París se estableció el compromiso de impulsar energías alternativas que sustituyeran de manera gradual el uso de estos combustibles altamente contaminantes.

Existen suficientes fundamentos científicos, así como una realidad innegable a la vista de todos, para que los gobernantes de las principales naciones hagan un frente común frente a la postura del gobierno estadunidense. Algo debe hacerse para salvar el planeta en favor de las futuras generaciones, sobre todo porque la demanda de energía continuará aumentando con el desarrollo de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial.

No puede consentirse que el planeta siga calentándose ni que las advertencias de la naturaleza por nuestros excesos sean cada vez más frecuentes e intensas. No podemos cruzarnos de brazos y esperar a que el destino nos alcance.

 

Martín Esparza*

* Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas

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