Venezuela: corazón de la resistencia y despertar de los pueblos del mundo

Venezuela: corazón de la resistencia y despertar de los pueblos del mundo

Caracas (Corresponsal). A escala global, diversas movilizaciones surgieron para repudiar la reciente intervención militar de Estados Unidos a Venezuela y exigir la liberación del presidente Nicolás Maduro, así como de la primera dama y diputada Cilia Flores. Las manifestaciones en Latinoamérica, Europa y en el propio territorio estadunidense denuncian que estas acciones constituyen un secuestro ilegal y una grave violación a la autodeterminación de los pueblos del mundo.

Luego del insolente ataque militar ocurrido en la madrugada del pasado 3 de enero 2026, miles de movilizaciones –tanto nacionales como internacionales–demostraron la solidaridad con el pueblo venezolano en defensa de su paz y soberanía; además significan un despertar colectivo que marca un hito histórico de la humanidad.

La mirada global ante la agresión a Venezuela repudia el intento de EU por apropiarse de la riqueza petrolera y de la ubicación geopolítica del territorio, bajo una visión y ejercicio neocolonial. Por lo que, estas movilizaciones de organizaciones sociales y civiles se convirtieron en una herramienta para la paz regional que desprecian el uso de la guerra como instrumento de imposición de agendas políticas externas. Este rechazo internacional masivo hacia las medidas de la administración del presidente estadunidense Donald Trump y el respaldo a la integridad territorial venezolana son innegables.

Los bombardeos en Miranda, La Guaira y Caracas dejaron, hasta ahora, al menos 100 muertos; entre ellos, 32 ciudadanos cubanos y un número significativo de heridos, así como graves daños a instalaciones del sistema eléctrico, 463 apartamentos afectados por la agresión, casas, centro de investigaciones científicas, antenas, entre otras.

Lo anterior muestra un descaro visible al mundo de las múltiples formas que tiene el gobierno de Estados Unidos para ejecutar sus operaciones de colonización, con la más cobarde capacidad de saquear y adueñarse de los recursos de naciones que deciden encaminarse con sus pueblos hacia proyectos de independencia y soberanía plena. Daños que, sin sumar el gran impacto en la salud mental de la población con énfasis en las infancias y adultos mayores, evidencian las consecuencias sobre la población venezolana, al tiempo que confirman las estrategias de guerra híbrida que buscan generar trauma colectivo y parálisis social como armas de dominación.

Por ello, movimientos sociales, trabajadores de diversos sectores, estudiantes, juventudes, maestros, mujeres, indígenas, campesinos, comunas, circuitos comunales, científicos y hacedores de conocimientos, y demás, desde el mismo día de la agresión militar tomaron las calles de Caracas, y de diversas ciudades del país, para exigir –en medio del dolor, la incertidumbre y consternación– la pronta liberación del presidente Nicolás y Cilia. La unión por la paz mundial alerta sobre el extremismo, interno y externo, que insiste en debilitar y trabajar por la división. Ante estas estrategias conocidas por el pueblo venezolano, la calma y prudencia prevalecen.

En las calles de Venezuela, el poder popular legitima la unidad y resistencia de un pueblo que ha decidido no ser colonia, no solo por mantener firme su lucha independentista desde hace 214 años, sino la que nuevamente se conquistó con la Revolución Bolivariana liderada por el comandante Hugo Chávez Frías junto al pueblo en 1998 y que actualmente se defiende como único camino hacia un proyecto de nación soberana, libre e independiente.

La movilización nacional de miles de venezolanas y venezolanos envía un mensaje, no solo de unidad a lo interno, que en medio del cerco mediático insiste en comunicar a la comunidad internacional sobre las campañas de desinformación promovidas en el mundo; las 1,081 medidas coercitivas unilaterales, conocidas también como “sanciones”, que constituyen el pilar económico del lawfare aplicado contra el pueblo venezolano durante esta última década y que funciona como un mecanismo estructural de castigo colectivo, asfixia financiera y disciplinamiento político. Queda clara la evidencia ante el mundo de que la prensa hegemónica internacional deslegitima y vincula al presidente Maduro con el narcotráfico sin prueba alguna; aun así, funcionó para su secuestro ilegal.

La herida en el pueblo venezolano se repara en la unidad y cohesión del movimiento social chavista y enciende una alerta mundial que, de manera orgánica, se fortalece en medio de la indignación y la rabia junto a los pueblos del mundo. Una campaña internacional de liberación que se moviliza a través de marchas, medios digitales, calles, paredes, cantos, radio bemba, concentraciones, poesía, protestas, comunicados, foros y tribunas antiimperialistas busca visibilizar la violación absoluta –y casi la muerte– al derecho internacional, así como de las mismas leyes de la Constitución de Estados Unidos de Norteamérica que soslaya los derechos consagrados en la Constitución de la República de Venezuela.

Hablar de globalización de una demanda de liberación implica participar activamente en la exigencia mundial desde diversos espacios de acción para hacer presión ante los organismos internacionales, poner el foco en el respeto a la soberanía venezolana y no volver a permitir la pasividad de los organismos internacionales, la misma que vemos ante el genocidio en Palestina y las injusticias en Siria, Irán y Libia.

Carimar García Fernández*

*Comunicadora e investigadora social popular

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