Venezuela devuelve 15 mil hectáreas a indígenas

Venezuela devuelve 15 mil hectáreas a indígenas

Indígenas caribes recuperan tierras en poder de hacendados. El gobierno de Hugo Chávez expropia 25 fincas y promete apoyos productivos para los indígenas y nuevas tierras para los ganaderos. Sin embargo, los finqueros señalan que no desocuparán las propiedades hasta que el gobierno no les pague. Las expropiaciones no cancelan negocios de trasnacionales

 
Humberto Márquez/IPS-Voces de la Tierra
 
Caracas, Venezuela. La decisión gubernamental de expropiar 25 haciendas para entregar 15 mil 800 hectáreas en propiedad colectiva a comunidades yukpa del Noroeste venezolano, repara parcialmente una vieja deuda con esa etnia caribe, aunque deja abiertas interrogantes sobre su desarrollo y el de la región.
 
Una pregunta es si definitivamente se cancelarán los proyectos, estatales y de trasnacionales, enmarcados en la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana, para ampliar la explotación de carbón y otros minerales que ya se realiza tanto al Norte de la zona yukpa como del lado colombiano de la frontera.
 
“Llama la atención que fueron delimitados terrenos en las zonas más orientales del territorio reivindicado por los yukpa, distanciadas de la Sierra de Perijá, más al Occidente, que también han sido su hábitat”, indica a la agencia de noticias Inter Press Service (IPS) Juan Romero, diputado opositor por el noroccidental estado de Zulia.
 
Una explicación, según Romero, “podría estar en que el Estado se reservaría una franja para una eventual explotación de esos recursos” en la Sierra de Perijá, una cadena montañosa que en dirección Sur-Norte marca parte de la frontera con Colombia.
 
La mayoría de los yukpa, alrededor de 10 mil, viven en Venezuela, pero algunas comunidades persisten en la zona colombiana de la Sierra, a donde se replegaron tras el avance de explotaciones agropecuarias y minerales a lo largo del siglo XX en las zonas llanas de uno y otro lado de la frontera.
 
En el caso de Venezuela, dichas zonas están ubicadas al Occidente del lago petrolífero de Maracaibo, con centenares de establecimientos que son la primera región productora de leche y carne vacuna en ese país.
 
La mayoría de los ganaderos llegaron al lugar tras las primeras exploraciones petroleras, a comienzos del siglo XX, y sus posesiones aumentaron en detrimento de territorios que reivindican como de sus ancestros los indígenas yukpa, sus parientes japreria (un puñado de familias), y los barí, más al Sur, un pueblo de origen chibcha.
 
En las últimas décadas, comunidades yukpa –también barí– han avanzado sobre haciendas o se situaron en sus márgenes, generándose conflictos con los watía (criollos), con algunos indígenas wayúu (de la península de la Guajira, más al Norte) instalados como aparceros, e incluso entre grupos de la misma etnia.
 
Tres indígenas murieron en un incidente entre yukpas en octubre de 2009, después de que el gobierno de Hugo Chávez diera a varias comunidades yukpa un lote de terreno de unas 40 mil hectáreas, pero sin delimitar el resto del territorio reivindicado, más de 200 mil hectáreas, incluidas áreas con ricas vetas carboníferas.
 
“Ese carbón no van a explotarlo, al menos no sin el consentimiento de los yukpa, porque buena parte está bajo las haciendas que el gobierno ha decidido entregar a sus comunidades”, declara a IPS el antropólogo Lusbi Postillo, de la Sociedad Homo et Natura, que acompaña las luchas indigenistas desde hace 25 años.
 
Al Norte de Perijá, en las estribaciones de los Montes de Oca, la mina colombiana de Cerrejón contiene reservas carboníferas probadas de 900 millones de toneladas y produce 32 millones de toneladas anuales, en tanto la venezolana de Guasare tiene unos 400 millones de toneladas en reservas y produce 6.8 millones de unidades al año.
 
“Sin duda faltan muchas más tierras para completar la totalidad del territorio yukpa señalado y autodelimitado, así como otras conquistas vinculadas, como el derecho a la libre determinación, a la autonomía o autogobierno, a la jurisdicción indígena, y al uso de los recursos naturales dentro de su territorio”, indica Portillo. “Pero la decisión del presidente Chávez, anunciada por su vicepresidente Elías Jaua, nos produce una alegría infinita, y se lo reconocemos. Nunca es tarde cuando la dicha llega”.
 
Jaua pidió a los indígenas yukpa, al cortar simbólicamente los alambrados de una de las fincas el 12 de octubre pasado, que “nos ayuden a salirnos de las desviaciones y a rescatar los valores originarios como el trabajo común, la solidaridad y la hermandad, a construir un socialismo indoamericano”.
 
El vicepresidente aseguró que “las personas que trabajaban e invirtieron recursos en los 25 predios que recuperó el gobierno para la etnia yukpa serán indemnizadas y se les ayudará a conseguir otras tierras para que continúen con su actividad productiva”. También aseveró que “hemos propuesto un arreglo pacífico para la toma de estas tierras y todo lo que haya que pagar para que los yukpa puedan ocupar los predios será cancelado”.
 
Durante años, el gobierno había rechazado la tesis de pagar las bienhechurías (mejoras realizadas por los ganaderos y agricultores sobre sus predios) como reclamaban los barí y los yukpa para zanjar sus largas contiendas con los ocupantes criollos.
 
Varios ganaderos afectados han dicho que aceptarán de buen modo la devolución de sus tierras siempre y cuando el gobierno les pague las bienhechurías y que, entretanto, prevén permanecer en las haciendas bajo la vigilancia militar que se les ha impuesto.
“Es que la reputación del gobierno como pagador es muy mala. Por eso los ganaderos están dispuestos a permanecer trabajando en sus fincas hasta que el gobierno se ponga a derecho”, indica el presidente de la Federación de Ganaderos, Cipriano Heredia.
 
Miguel Rincón, del gremio Ganaderos de Machiques (principal ciudad de la zona), advierte que “las 25 fincas afectadas, 10 ya ocupadas por los yukpa y otras 15 que se les entregarán, con 20 mil cabezas de ganado, representan una producción de 2 mil novillos al año y 25 mil litros de leche al día”. Señala que “esa producción está en riesgo de perderse, en este país importador neto de carne y leche, porque la experiencia en las haciendas ocupadas por los indígenas es que consumen lo que encuentran, lo comercian al mejor postor e incluso venden parcelas de tierra a wayúu y campesinos criollos, y luego abandonan el lugar”.
 
También Romero indica que el gobierno ordenó tomar los establecimientos rurales sin esperar el trabajo de una comisión de demarcación de territorios indígenas que depende del Ministerio del Ambiente, y sin presentar estudios socioproductivos previstos por la legislación para asegurar la viabilidad económica de los nuevos predios indígenas.
 
En cambio, la líder Reina Ubiriche, cacica de la comunidad yukpa, El Tokuko, en las estribaciones de la Sierra, asegura que recuperaron “lo que nos fue arrebatado. Trabajaremos la tierra y el fruto de ella será nuestro agradecimiento”.
 
 
 
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