Peligros frente a la fiera herida

Peligros frente a la fiera herida

Imagen: ChatGPT

El imperio estadunidense vive su decadencia. Tras un siglo de dominio mundial, su hegemonía se agota. Rusia lo alcanza en el plano militar, con ventajas en misiles hipersónicos y defensa aérea; por su parte, China se acerca a rebasarlo en lo militar y económico.

Estados Unidos, cuya economía y exportaciones no crecen al ritmo de las de China, aún conserva un poderío militar de primer orden y está dispuesto a utilizarlo para sostener su preeminencia, pero enfrenta contradicciones internas y externas que lo debilitan.

Su apuesta por cercar a Rusia mediante la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde Ucrania fracasó. Tras cuatro años de guerra, la derrota de Washington y sus aliados resulta inminente. Hace cinco años salieron de Afganistán “con la cola entre las patas”, después de que los talibanes, a quienes buscaban eliminar, retomaron el poder tras 20 años de guerra. Actualmente no controlan Irak, luego de décadas de ocupación, y se encuentran en retirada.

Asimismo, enfrenta la deuda pública más grande del mundo. En 2026 ya superó los 38 billones de dólares, la más alta de la historia para cualquier país, al alcanzar el 120 por ciento del producto interno bruto (PIB).

El gasto militar de Estados Unidos es enorme: 900 mil millones de dólares en 2025. Mantiene 800 bases militares en 80 países. Este presupuesto sigue por encima de la suma de los siguientes 10 países con mayores gastos.

Por ejemplo, China destina 300 mil millones de dólares, apenas 1.5 por ciento de su PIB, y Rusia 135 mil millones de dólares, el 10 por ciento de su PIB. El gasto colosal estadunidense resulta gravoso y recae sobre las personas trabajadoras y los pueblos dentro de su territorio.

Ese presupuesto se sostiene sobre la negación de derechos básicos, como la salud, ya que muchas personas carecen de seguro y los costos son altos; la educación, que resulta costosa y en muchos sectores carece de calidad; o la vivienda asequible y digna.

La brecha entre un grupo de multimillonarios y la mayoría de la población crece de forma sostenida. Esto impulsa la organización y la protesta social contra las políticas de Washington. Según encuestas, la mayoría de la población se opone a la represión contra migrantes por parte de ICE; rechaza el apoyo a Israel; el ataque a Venezuela y el secuestro del presidente Maduro; y desaprueba la agresión contra Irán.

China supera en capacidad industrial, exportaciones y crecimiento sostenido a Estados Unidos, que pierde la carrera. Ante ello, el gobierno de Trump utilizó aranceles en 2025 y lanzó amenazas para aumentar sus recursos.

Si bien obtuvo una recaudación adicional superior a 200 mil millones de dólares, generó mayores costos para consumidores, represalias comerciales y un impacto negativo en el PIB. La política arancelaria no frenó la expansión tecnológica china.

En abril de 2025, Trump impuso aranceles masivos de hasta el 145 por ciento a diversos productos chinos. Tras observar el impacto en la inflación y el descontento de su base electoral, tuvo que reducirlos al 30 por ciento.

A pesar de las medidas y amenazas durante 2025, el déficit comercial de bienes y servicios de Estados Unidos se ubicó en alrededor de 901 mil 500 millones de dólares. Apenas registró una reducción de 0.2 por ciento respecto a 2024, último año del gobierno de Joe Biden.

Se mantuvo cerca de su récord histórico, pese a las políticas arancelarias de ese año. El déficit de 2025 se colocó entre los más altos desde 1960.

De igual manera, el gobierno estadunidense impulsa agresiones militares para apropiarse de recursos. El 3 de enero de 2026 secuestró al presidente Maduro y a la diputada Cilia, mientras mantiene al gobierno de Delcy Rodríguez bajo presión para obtener el petróleo venezolano.

Busca dominar Irán para beneficiarse de su petróleo, como lo hacía hasta 1979 con la dictadura del Sha Mohammad Reza Pahlaví, derrocado por la Revolución Iraní. También intenta frenar el suministro de petróleo iraní hacia China.

Para competir con el gigante asiático en minerales críticos, Trump pretende adueñarse de Groenlandia, además de recursos de América Latina y el Caribe. Busca someter a los pueblos de América, para lo cual intenta eliminar el ejemplo de Cuba, que ha mantenido su soberanía durante 67 años pese al bloqueo. El país isleño representa un obstáculo al demostrar que es posible un camino soberano sin subordinación a Washington.

Al imperio le urge que México vuelva a suministrar petróleo, ante la caída de sus exportaciones. Pretende obtener litio, minerales raros y otros recursos sin restricciones, como ocurrió durante la segunda mitad del siglo XX y hasta 2018. Paralelamente, busca utilizar el territorio mexicano para su logística militar.

Imagen: ChatGPT

A pesar de que los gobiernos de López Obrador y Claudia Sheinbaum no han revertido todas las medidas neoliberales y han conciliado con Washington en diversos aspectos, el gobierno imperial exige una subordinación total. Insiste en que México está gobernado por cárteles y amenaza con enviar tropas para “ayudar”.

Las amenazas han servido para presionar concesiones, pero no se descarta una acción militar más agresiva para someter al Estado mexicano. También ejerce presión sobre Brasil y Colombia.

En América Latina y el Caribe, Trump se apoya en gobiernos afines que participaron en la cumbre “Escudo de las Américas”, celebrada el 7 de marzo de 2026 en Florida, para conformar la “Coalición de las Américas Contra el Narcotráfico” (ACCC). Entre ellos figuran Javier Milei, Nayib Bukele, Daniel Noboa, Santiago Peña y José Raúl Mulino, junto con los gobiernos de Costa Rica y Honduras.

De la cumbre quedaron fuera México, Brasil y Colombia. Trump sostiene que la coalición busca combatir cárteles y la influencia de China en la región, que ya es uno de los principales socios comerciales e inversionistas en infraestructura. El 16 de marzo, el presidente Petro denunció que Ecuador bombardeó territorio colombiano, pocos días después de la apertura de una oficina del FBI en Quito.

Tras atacar a Venezuela y declarar que busca su petróleo, Trump, alineado con Netanyahu, lanzó un ataque contra Irán. Lo hizo pese a la oposición del Pentágono, organismos de inteligencia y una parte importante de la población estadunidense.

El funcionario de mayor rango en antiterrorismo, Joe Kent, renunció el 17 de marzo a la dirección del Centro Nacional de Antiterrorismo por su oposición a la guerra y al considerar que Irán no representaba una amenaza inminente para Estados Unidos. Señaló que el gobierno de Trump inició la guerra bajo presión de Israel y del lobby sionista estadunidense.

En su ofensiva, Trump atacó Irán el 28 de febrero, en violación del derecho internacional y sin autorización del Congreso. Afirmó que derrocaría al régimen en pocos días y llamó al pueblo iraní a levantarse.

Tras el asesinato del ayatolá Ali Jamenei, miembros de la cúpula militar, 165 niñas de primaria y cientos de civiles, Irán respondió en 45 minutos con ataques contra Israel y bases de Estados Unidos en Oriente Medio.

Irán lanzó misiles y drones contra objetivos estratégicos, destruyó radares y saturó defensas con tecnología de bajo costo, frente a sistemas estadunidenses de alto precio.

La guerra cuesta a Estados Unidos cerca de 2 mil millones de dólares diarios. En este conflicto, fuerzas sionistas y su aliado estadunidense atacan viviendas, hospitales, escuelas y aldeas, con acciones que constituyen crímenes de guerra.

Tras tres semanas, la resistencia se intensifica. Continúan los ataques contra bases de Estados Unidos y el cierre parcial del estrecho de Ormuz elevó los precios del petróleo, con riesgo de una crisis global. Esto coloca a Trump bajo presión.

Irán cuenta con el apoyo de Hezbolá en Líbano, Ansaralah en Yemen, milicias en Siria e Irak y Hamas en Gaza, además del respaldo de Rusia y China. Trump intentó formar una coalición militar, pero enfrentó el rechazo de la OTAN y de países como España, Reino Unido, Alemania, Japón, Canadá, Corea del Sur y Australia, así como de China.

La guerra contra Irán debilita al imperio y profundiza sus contradicciones internas. En este contexto, Trump afirmó que tendrá “el honor de tomar Cuba”, reiteró acusaciones contra México y mantiene retenidos a Maduro y Cilia en Nueva York. De igual manera, planteó convertir a Venezuela en el 51.º estado de su país.

Es momento de fortalecer la organización, la unidad y la defensa de la soberanía de los pueblos. Se avecinan crisis y peligros, pero la lucha definirá el rumbo. El viejo imperio caerá y surgirá una etapa de soberanía para construir un futuro de justicia y paz.

 

Pablo Moctezuma Barragán*

*Doctor en estudios urbanos, politólogo, historiador y militante social

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