De la tragedia a la comedia

De la tragedia a la comedia

Las conclusiones de la tragedia en Petróleos Mexicanos (Pemex) ante expertos nacionales e internacionales es que hubo una explosión de gas. Ello fue provocado por un fluido que estalló debido a una conexión con un cable “rudo”. Cuando menos eso se desprende de lo informado por Jesús Murillo Karam, procurador General de la República.
 
Pero las dudas persisten: ¿quiénes fueron los responsables de este grave episodio? ¿La empresa de limpieza de pilotes o la paraestatal mexicana? ¿Hubo negligencia de ésta o de las pasadas administraciones de Pemex? ¿Por qué se dio tan poca información y la actual no satisface las normas mundiales? ¿El dinero que se erogó durante el calderonismo en equipos de seguridad para la nación ha servido para algo o solamente lo disfrutó Genaro García Luna? ¿A qué se debe la casi exoneración de Peña Nieto a la gestión de su antecesor Felipe Calderón?
 
La lista puede continuar, y no en aras de negar lo investigado sino como un ejercicio republicano, ya que la sociedad necesita estar bien informada (lo que no se ha llevado a cabo ni en el priísmo ni en el panismo). Ello ha traído no sólo el sospechosismo, sino el rechazo de la gente. Tanto así que en el hospital de Pemex se le espetó a Enrique Peña: “¡asesino!”. Y es que ante la falta de liderazgo y debido a la imposición, el mexicano se calla, aguanta, pero estalla a la menor provocación, y más cuando su representación a través de partidos y sindicatos es prácticamente nula.
 
Una prueba de que no hay credibilidad en lo que se dijo lo mostró el señor Karam, quien primero agradeció a los investigadores españoles, yanquis e ingleses y al último a los científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional.
 
Para quienes hemos reportado los avances de los científicos nacionales, no queda duda de la valía y la trascendencia de éstos. Una muestra es que al químico Mario Molina lo presentan en todos lados como “la gran autoridad”, claro, después de recibir el Premio Nobel de Química. Pero de esa calidad hay muchísimos compatriotas en varios terrenos, entre otros los que hoy se investigan. Pero ya sabemos que el comentario de la mayoría es: ¿no habrán comprado a los dictaminadores? Algo que se puede hacer, incluso, con los extranjeros.
 
Pero, ¿cómo decir que las cosas fueron según las presentaron las autoridades luego del caso Monex; la multa del Instituto Federal Electoral a Andrés Manuel López Obrador por rebasar los gastos de campaña y no al Partido Revolucionario Institucional; el vuelco de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el asunto de Florence Cassez; y el escándalo en el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos?
 
Por eso hasta en círculos académicos de la UNAM hay teorías de que se trató de un atentado. Pueden estar equivocados los profesores, ya que las hipótesis deben comprobarse, pero ya nadie cree nada en este país, donde Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, recibe condenas verbales en México y Estados Unidos y el narcotraficante sigue tranquilo, caminando y amasando fortunas.
 
Otra cuestión que se plantea entre investigadores y periodistas es que no hubo, ni siquiera, un plan ante la crisis. Se atacó relativamente bien al principio, aunque el nerviosismo de Osorio Chong fue evidente; algo preocupante, ya que se le otorgaron los mandos policiacos y de investigación nacional como nunca antes en la historia. Pero el hidalguense no mostró templanza, energía, carácter para enfrentar un problema (lo que debe tener inquieto a su jefe, Peña Nieto).
 
Enrique, por su lado, no debió salir presuroso a vacacionar con sus hijos, ya que las situaciones de emergencia tienen prioridad ante la familia. Esto último demuestra el talante de un jefe de gobierno, ya no digamos de un encargado del Estado.
 
Lo más lamentable es que la Dirección de Comunicación Social de la Presidencia de la República enmudeció ante las notas de unos cuantos medios –la televisión mostró nuevamente que está con el vencedor aunque después lo haga picadillo–. Ni un triste y convencional boletín pudo enviar precisando qué había ocurrido en la agenda del huésped de Los Pinos. Y ya se habla, por otro lado, de filtraciones en las áreas de comunicación, algo que abriría tempranísimo la sucesión para 2018.
 
Algunos conocedores dijeron acertadamente: “nada peor en el manejo de una crisis que dejar un vacío de información tan prolongado. El espacio lo ocupa ahora la especulación y la desconfianza”. Tanto así que la agencia Stratfor y la cadena estadunidense CNN hablaron también de un atentado.
Lo peor fue que Murillo Karam hizo un chascarrillo en la explicación del estallido. Dijo que se había recogido una bolsa donde “lo único que encontramos en la maleta es lo más peligroso para el hombre, cosméticos de mujer”. La risa estalló en la conferencia de prensa, aunque en Twitter y Facebook las respuestas serias, contundentes y ácidas fueron lapidarias. Y algunos lo compararon con Jorge Falcón, el humorista, e incluso con el payaso Platanito. Terrible.
 
Además, nadie entiende por qué enviaron al subprocurador Alfredo Castillo –el del caso Paulette y otros controvertidos asuntos– a dar las explicaciones finales en donde están las ruinas en que se convirtió el edificio B del complejo administrativo de Pemex.
 
Por cierto, Carlos Romero Deschamps seguramente viajaba en un jet privado junto con su hija y los perros de ella, ya que se le vio fugazmente al principio y después reapareció al sexto día, únicamente para decir que las plazas de quienes fallecieron serían heredadas por sus hijos o familiares, algo que está en el contrato de Pemex, sin duda, pero suena a rancio.
 
Fuimos entonces de la tragedia a la comedia, pasando por la desinformación.
 
*Periodista
 
 
 
 
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Fuente: Contralínea 322 / febrero 2013
 
 
 
 
 
 

 

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