El cuerpo de la mujer no es un campo de batalla ideológica

El cuerpo de la mujer no es un campo de batalla ideológica

Es lamentable la postura de los que hacen del cuerpo de la mujer un espacio para esgrimir sus ideologías religiosas, sus atavismos medievales y sus calificaciones “científicas”, para negarle al género femenino el derecho a decidir sobre el aborto. A esos hombres y mujeres que están en contra de la interrupción del embarazo es preciso decirles que no sean ambiciosos, que el cuerpo del otro es sólo suyo y temporalmente al momento de la cópula y no más allá, y a veces, ni en esos momentos –aplica para ambos sexos–. La individualidad corporal y la decisión del uso y desuso de un cuerpo y su producto es derecho del interesado en primera instancia, en el caso del aborto del ejemplar Homo sapiens femenino. A este respecto la opinión de los partidarios de grupos pro-vida y pro-alma sale sobrando, no es requerida y no es relevante, ya que el derecho sobre el cuerpo de un individuo y su producto es inherente sólo al sujeto en cuestión y con capacidad de decisión. En el caso de las mujeres aplica para todas, más allá que deseando concebir o no decidan interrumpir por la razón que sea la gestación, siempre y cuando para ellas sea justificable.

Cada 28 de septiembre se grita: ¡Ni muertas, ni presas por abortar! Es el Día de Acción Global por el acceso al aborto legal y seguro, jornada de protestas y manifestaciones que se ha dado desde 1990 tras el Quinto Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, y cuyo principal objetivo en referencia al aborto es lograr la despenalización del mismo, así como un acceso seguro y sencillo para ejercerlo. Habrá que esperar para ver la creatividad femenina para manifestarse en los tiempos de la Covid-19, pues es fundamental que se exponga el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, así como la necesidad de tener acceso a una educación sexual científica y laica. El derecho a un aborto libre y seguro no debe estar a discusión, debe ser ya una realidad nacional.

Por supuesto, estas expresiones generan reacciones en los sectores más conservadores y religiosos de nuestra sociedad, que se oponen al derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su producto embrionario antes de las 12 semanas de gestación, bajo la consigna de que el feto es un humano desde el momento de la entrada del espermatozoide en el óvulo; cada quien puede creer lo que quiera, pero eso no le da derecho a obligar al otro a creerlo y mucho menos a actuar de tal o cual manera. ¿Qué hace aquel líder religioso, aquel hijo del vecino, aquella monja o la distinguida  abogada, o la ama de casa, o cualquier mujer y hombre metiendo sus ideas en los úteros de mujeres que no conocen, ni quieren, ni mantienen? Ah, pero eso sí, exponen sus ideas sobre la manera en que deben comportarse los otros, sobre lo que deben creer y, por supuesto, acerca de que un óvulo fecundado es al instante una vida humana. Si hablamos de vida desde la perspectiva biológica, entonces vida fue el espermatozoide que murió sin engendrar, ese que terminó encerrado y entre sus compañeros dentro de un capuchón plástico anudado y vida fue el óvulo al que ese desafortunado y ningún otro pudieron llegar. Entonces vida es toda célula, la que mataba con el tabaco –en tiempos del coronavirus he dejado de fumar–, y la neurona que se quema de tanto pensar sobre la incomprensión de mis congéneres, esos que quieren ser regentes de las personas dictándoles la línea de comportamiento que deben seguir incluso sobre sus cuerpos.

Y no es vana la insistencia, pues a los tercos no está demás recordarles que: si está en contra del aborto, cuando se embarace no aborte. Si es hombre y embaraza una mujer hágase responsable y no pida el aborto, o mejor aún no fornique con mujeres pro-abortivas, pregunte antes de galantear cuál será la postura de la interpelada en una situación de concepción. Y más allá de lo anterior, considerando que ningún método anticonceptivo es infalible y usted está absolutamente en contra del aborto, pues dedíquese mejor a la autogestión de los placeres sexuales, a menos que haya encontrado a su pareja definitiva y planee la perpetuación de la especie, entonces sí búsquele nombre al niño, incluso antes de la penetración entre ósculo y ósculo pueda con su pareja decidir, pero no ande metiendo sus opiniones donde no le corresponde, pues su postura ideológica es embarazosa y ofensiva para otros ciudadanos, quienes deben ser tan libres como usted de pensar y ejercer su pensamiento y más aún cuando se trata de su cuerpo y de su feto, ése que no le corresponde a usted. Recuerde siempre que el cuerpo de una y cualquier mujer nunca será suyo, incluso cuando lo posea; saque de los úteros y las vaginas ajenas sus opiniones, que nadie le pidió que las metiera, el cuerpo de la mujer no es un campo de batalla para que usted esgrima sus ideas.

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Roberto E Galindo Domínguez*

*Escritor, maestro en apreciación y creación literaria, arqueólogo y diseñador gráfico

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