Guatemala: enmudece la “revolución” de colores

Guatemala: enmudece la “revolución” de colores

Hace exactamente un año, casi toda la Guatemala oficial era “revolucionaria contra la corrupción”. Los medios de comunicación corporativos y alternativos competían entre sí para convocar sendas manifestaciones y paros nacionales en contra del enemigo interno común: la corrupción pública. Los corruptos más grandes e inmunes arengaban a la ciudadanía a salir a las calles para recuperar la “dignidad nacional”.

Ollantay Itzamná*/ Prensa Latinaollantay-itzamna-501-a

Ha pasado ya más de un año del inicio de aquella llamarada emotiva de “revoluciones de colores”, y de ella no queda nada ni en las plazas, ni en los corazones, fuera de algunas selfies placeras para autosatisfacción. Pero, eso sí, corrió mucha tinta para describir/loar las apoteósicas batallas campales de la ciudadanía revolucionaria.

El 26 de julio del presente año, al igual que en toda la oscura época colonial y en la bicentenaria era republicana, indígenas y campesinos, en esta ocasión organizados en el Comité de Desarrollo Campesino (Codeca), protestaron una vez más contra el sistema corrupto neoliberal y sus agentes.

Pero los medios de información corporativa los acusan de “complicar” la cotidiana vida urbana con sus cuerpos. Incluso, en su mayoría, enmudecen los llamados medios alternativos ante la anunciada protesta de Codeca. Los empresarios (revolucionarios del pasado 2015) exigen aplicar la Ley para repeler la presencia indeseada de “indios” desobedientes en la señorial ciudad, capital de mal gusto.

El pasado año revolucionario los indios permitidos adornaban los sets televisivos dando entrevistas y convocando a paros nacionales. Eran los permitidos. Eran y son los “actores” sociales frecuentados y citados por investigadores y analistas progres bien pensantes.

Los mayas y campesinos de Codeca realizaron y realizan diferentes acciones colectivas (marchas de protesta, toma de caminos, asambleas multitudinarias, etcétera) autofinanciadas, exigiendo no sólo el castigo contra los corruptos, sino la fundación de un Estado plurinacional; sin embargo, los analistas e intelectuales revolucionarios no escriben casi nada sobre la acción y presencia de este movimiento social.

Ello demuestra que en la Guatemala del siglo XXI hay ciudadanos plenos, los cuasi ciudadanos (indios permitidos) y los no ciudadanos (indios indeseados).

Los indios permitidos no tienen agendas, ni proyecciones políticas claras, mucho menos antisistémicas, de ahí que sean permitidos, tanto por la derecha como por la izquierda política neoliberal; ejecutan programas y proyectos grandes de cooperación internacional; sus acciones individuales y colectivas (aunque aisladas) tienen cobertura de la prensa empresarial y alternativa, en buena medida -hay siempre más de algún columnista/consultor escribiendo sobre ellos- y no realizan movilizaciones multitudinarias más allá de lo permitido.

Los indios indeseados son antiimperialistas y antineoliberales. Regularmente no tienen sedes ni oficinas en la castiza ciudad capital, ni gozan de la preferencia de la cooperación internacional. Como son antineoliberales, son repudiados por la derecha e izquierda política tradicionales. Eso sí, como están organizados en y desde las comunidades, se movilizan en multitudes desobedeciendo al poder establecido, apuestan por un instrumento político propio para la liberación de los pueblos y construyen una propuesta incluyente para la construcción del Estado Plurinacional.

Esto no les gusta ni a la derecha ni a la izquierda permitidas, porque la ignorancia dice que el Estado Plurinacional les confiscará el business. No obedecen dictámenes ni manuales escritos por la entelequia del comando revolucionario. Por esto y mucho más les aplican la “ley del hielo” a estos indios.

Los “ciudadanos revolucionarios” no se dan cuenta que esos “no ciudadanos” o indios indeseados son, en este momento de la oscuridad radiante de ideas en Guatemala, el baluarte de la conciencia y  la dignidad nacional.

Es iluso esperar al Mesías foráneo para salvar a Guatemala. No va a llegar. Es momento de ver y valorar lo más preciado que se tiene en cuanto a sujetos sociopolíticos, desde las comunidades, y escuchar (aunque sea por única vez) las propuestas que gritan desde las calles los indeseados. Algo bueno han de traer, por eso gritan y gritan sin cansarse.

Ollantay Itzamná*/ Prensa Latina

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: ARTÍCULO]

Contralínea 502 / del 22 al 27 de Agosto 2016

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