Impacto de la sobrepesca

Impacto de la sobrepesca

Las malas artes en la pesca afectan al medio marino de modo fatal e irrecuperable. Una vez destrozados y deshechos los hábitats vivos y regeneradores de muchos fondos marinos, los efectos no se reducen a esa área marina, sino a la vida en la Tierra entera. La pesca en exceso e indiscriminada está conduciendo a la desaparición de numerosas especies de peces, y la pesca con malas prácticas es una de las causas de destrucción del medio marino. La pesca con pesos, plomadas y redes que se arrastran por el fondo del mar, devastan los hábitats marinos. Una red de arrastre de tamaño medio puede destruir en el Mediterráneo hasta 363 mil brotes de posidonia, planta que crece en el fondo del mar, por hora.

Un estudio sobre el Océano Atlántico Nororiental puso de manifiesto que 40 de los 60 principales recursos comerciales que estaban “fuera de límites biológicos de seguridad” son objeto de una gran sobreexplotación. Se ven afectadas no sólo especies como el bacalao, el atún rojo, el lenguado y la merluza, sino también el rape, el gallo, la raya común y el bagre manchado. Muchas de las especies que se pescan en el Mediterráneo están también sobreexplotadas: la merluza, el atún rojo, el salmonete y la cigala.

Como denuncia Greenpeace en su lucha incesante contra los factores que ocasionan el cambio climático, no sólo resultan destructoras las capturas con fines alimentarios, sino que las accidentales y los descartes producen daños severos y a veces irreparables.

Hay especies que no son objeto de pesca, como mamíferos marinos, aves marinas, tortugas u otras especies, que pueden resultar atrapadas por las artes de pesca. Tras ser capturadas se devuelven al mar, pero a menudo muertas. Algo similar ocurre con peces demasiado pequeños como para alcanzar un precio razonable en el mercado o que están por debajo de la talla mínima legal.

Ante esta situación, los subsidios de la Unión Europea promueven que las flotas europeas salgan a pescar frente a las costas de países del Sur sociológico, como algunos de Latinoamérica y del Oeste de África. Esa pesca representa una amenaza para las comunidades pesqueras locales que dependen de esta actividad como fuente principal de alimento.

Cerca del 75 por ciento de la pesca mundial se destina al consumo humano. El resto se convierte en harina y aceite de pescado, utilizados sobre todo para forrajes y alimento en piscicultura. Asia, donde se combina un gran consumo con poblaciones muy numerosas, es la región más importante en el consumo de pescado. En segundo lugar, Europa. En los países desarrollados suele consumirse más pescado que en los países que viven de sus recursos y de su esfuerzo, aunque hay excepciones llamativas.

Ante esta debacle, ya denunciada desde hace décadas pero negada desde centros de intereses económicos y financieros, la acuicultura es el sector que está creciendo en el mundo. Desde 1984, la producción acuícola ha aumentado en casi 10 por ciento anual. La acuicultura ya produce más de una cuarta parte de la pesca mundial. La especie más cultivada fue la laminaria japónica, con más de 4 millones de toneladas. Otras especies también muy cultivadas son carpa, dorada, lubina, mejillón, ostra española, ostra portuguesa, vieira japonesa, almeja fina japonesa y salmón.

Los océanos producen la mitad del oxígeno que respiramos, recuerda Tatiana Nuño en un interesante artículo. Además son reguladores del clima global, constituyen el hábitat de numerosas especies y son un ecosistema apreciado para el turismo y el descanso.

Debido a las enormes cantidades de emisiones de dióxido de carbono (CO2) que vertemos a la atmósfera, los océanos se ven alterados física, química y biológicamente, lo que se suma a las amenazas de la sobrepesca y la contaminación. El último informe, presentado por el grupo internacional de expertos de cambio climático nos confirmó las amenazas a las que se enfrentan nuestros océanos. El CO2 no sólo es la principal causa del cambio climático, sino que también vuelve las aguas ácidas.

Ban Ki-moon, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, ha hecho un llamado a los países para que se aborden con urgencia los grandes riesgos a los que se enfrenta la vida marina en aguas internacionales. Pero se necesita un instrumento internacional de obligado cumplimiento que regule la conservación y el uso sostenible de la biología marina fuera de las jurisdicciones nacionales.

*Profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid; director del Centro de Colaboraciones Solidarias

 

 

Contralínea 384 / 05 de Mayo  al 11 de Mayo

 

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