Jueves 23 de junio de 2005

Álvaro Cepeda Neri * - 23 Jun 2005 a las 12:00 am

Protegida por la justicia estadounidense, Luz Estela Salazar, identificada con el nombre clave de “Lundmilla” dentro del programa de protección a testigos y esposa del narcotraficante Alejandro Ramos alias “El Brujo”, quien purga dos sentencias a cadena perpetua en una prisión de Estados Unidos, coincide con los testimonios de otros narcotraficantes de diversas nacionalidades (mexicanos, chilenos, colombianos y panameños), al señalar a los hermanos Carlos y Raúl Salinas de Gortari como los principales protectores en México para el tráfico de drogas, durante los sexenios de los priistas Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari.

En la declaración jurada que hizo esta mujer hace 7 años ante las autoridades de Estados Unidos (24 de noviembre de 1997), como responsable de llevar una parte de la contabilidad del cártel de Medellín, contó que en septiembre de 1987, miembros del cártel de Medellín enviados por el narcotraficante colombiano Gonzalo Rodríguez Gacha, apodado El Mexicano y asesinado en Colombia en 1989 en un enfrentamiento con la Policía Nacional, se reunieron con Raúl Salinas de Gortari, apodado “El Junior”, en el hotel Galería Plaza, quien les ofreció “todo lo imaginable” para traficar drogas en México: pistas de aterrizaje para los aviones procedentes de Colombia cargados con cocaína, protección militar y policiaca durante la transportación de droga y disponibilidad de ranchos para ocultarse y guardar la “mercancía”.

Como pago, recuerda “Lundmilla”, Raúl cobraba 300 mil dólares por cada cargamento que él protegiera hasta su salida de territorio nacional rumbo a los Estados Unidos.

Un día después del encuentro con los miembros del cártel de Medellín, Raúl Salinas envió a Nilo Batista, hijo del dictador cubano Fulgencio Batista y operador de los narcotraficantes colombianos, para reunirse nuevamente con ellos en el hotel Galería Plaza y allí les solicitó dinero para apoyar la campaña a la Presidencia de la República de su hermano Carlos Salinas.

Ante esa petición los representantes del cártel de Medellín pidieron tiempo para consultar hasta Colombia con su jefe Gonzalo Rodríguez Gacha, quien vía telefónica les autorizó entregar 200 mil dólares para las elecciones mexicanas de 1988, dinero que fue registrado en la contabilidad del cártel de Medellín como “gasto en champaña”. La entrega del dinero se realizó en efectivo días después y fue enviado desde Los Angeles por automóvil a través de la fronteriza con Tijuana.

El Interrogatorio a “Lundmilla”

Sentenciada a 27 años de prisión en Estados Unidos, pena que se redujo a siete años y medio por su colaboración con la justicia de ese país para desmantelar al cártel de Medellín (actualmente está libre y vive en Estados Unidos con otra identidad), Luz Estela Salazar, de nacionalidad colombiana, inició su relación con “El Brujo” en 1986, a quien le insistía en permitirle participar más activamente en las operaciones del narcotráfico, pero su esposo se oponía y sólo le permitió llevar la contabilidad de este representante del cártel de Medellín y acompañarlo en muchas de las reuniones que éste sostenía con narcotraficantes y políticos mexicanos.

Esta es parte de la versión estenográfica del interrogatorio a “Lundmilla”:

¿Trabajó con su esposo en el contrabando de drogas?
–Sí. Cuando empezamos a conocernos yo estaba en una situación difícil. Yo quería que me dejara vender drogas, pero él no lo permitió porque soy mujer. Sin embargo, lo acompañé en sus viajes y fui presentada a sus socios como su esposa. Le ayudaba con la contabilidad y recibía las llamadas telefónicas. El no quería que estuviese demasiado involucrada, de modo que la gente no me conocía. A veces llegó a presentarme con algunas personas, pero después ya no. Por eso en Estados Unidos me sentenciaron a 27 años de prisión, después la pena fue reducida a 10 años. De éstos fui condenada a siete años y medio. Aún me faltan 13 meses.

¿Alguna vez acompañó a su esposo a México? En caso afirmativo ¿cuándo y por qué?
–Si, varias veces. Hasta donde me acuerdo, allí estaba un señor, Lucho, que trabajaba para Rodríguez Gacha. Lucho perdió 100 kilogramos de cocaína. Mi esposo conoció a Pedro Ornelas, un traficante de drogas mexicano. El apodo de Ornelas es “Chava”. Era amigo del colombiano “Coco” Rico. Mi esposo vendía cocaína a una señora de nombre Barbarita, en Los Angeles. “Coco” Rico hablaba con Pedro Ornelas y de esa conversación mi esposo supo que Lucho había perdido 100 kilogramos de cocaína. Mi esposo sabía lo que acostumbraba a hacer Rodríguez Gacha en situaciones así y le dijo a Pedro que limpiaría la situación con Rodríguez Gacha.

Agradecido por eso, Pedro nos invitó a México en septiembre de 1987. En aquellos yo vivía en Los Angeles. En el Chévrolet de mi esposo viajamos a Tijuana y nos hospedamos en el hotel Conquistador. Al día siguiente aparecieron Pedro y un amigo Gonzalo Romero, y nos llevaron un periódico con un artículo en donde se informaba que Rodríguez Gacha había perdido 2 mil kilogramos de cocaína. Pedro nos dijo que teníamos que abandonar el hotel lo más rápidamente posible. Un avión, propiedad del gobierno mexicano, aparecía en las fotografías del periódico y en éste nos trasladaríamos a la ciudad de México.

Pedro Ornelas quería presentar a mi esposo con Raúl y Carlos Salinas de Gortari. Cuando fuimos a México, en septiembre de 1987, llegamos al hotel Galería Plaza. Mi esposo le habló por teléfono a Rodríguez Gacha y le dijo que estábamos en México. Gacha quería que mi esposo se reuniera con Nilo Batista, lias “El Capitán”. Nilo quería también presentar a mi esposo con los Salinas, porque entonces sería más fácil transportar las drogas a través de México hacia Estados Unidos, una vez que Carlos Salinas llegara a la Presidencia.

Un día estábamos desayunando cuando llegaron Nilo Batista y Raúl Salinas de Gortari. Me acuerdo porque Raúl Salinas se parece un poco a mi padre. Nilo Batista también trabajó para los Salinas y tenía amistad con Raúl Salinas y Pedro Ornelas. Carla, la esposa de Pedro, tenía una boutique en el hotel Galería Palaza. Mi esposo me dijo que lo esperara con Carla en la boutique, mientras él hablaba con Raúl Salinas y Nilo Batista.

Mi esposo me platicó quién era esa persona y lo que había ofrecido. Raúl Salinas le había ofrecido todo lo imaginable, que tenía pistas de aterrizaje y ofrecía todo tipo de protección: militar, marina, infantería, protección en la frontera y hasta por la Policía Federal.
Raúl salinas también nos platicó que la familia poseía ranchos en donde podían aterrizar aviones Comander con 800 kilogramos y en donde se les proporcionaría combustible. Raúl Salinas simplemente quería 300 mil dólares por cada carga.

Al día siguiente llegó al hotel Nilo Batista con instrucciones de Raúl Salinas. Nilo le preguntó a mi esposo si podía poner dinero a disposición para la campaña electoral de Carlos Salinas de Gortari. Durante las pláticas con Raúl nunca estuve presente, sino que mi esposo me platicaba después.
Fue así como mi esposo pagó 200 mil dólares para la campaña de Carlos Salinas de Gortari, después de recibir la autorización de Rodríguez Gacha. En la contabilidad yo lo registré como “Champaña”, en vez de campaña. Mi esposo habló a Los Angeles y arregló que uno de sus empleados llevara los 200 mil dólares en coche por la frontera con Tijuana.

Antes de que llegáramos a México, mi esposo le habló por teléfono a Augusto e Iván. Los dos trabajaban para él. Iván era un brujo y Augusto un químico responsable de mezclar la cocaína. Ellos dos llegaron a México antes que nosotros. Iván fue el responsable de vigilar que el dinero fuera entregado a Nilo Batista y a Raúl Salinas. Después nos fuimos a Cuernavaca, a la casa de Pedro Ornelas. Posteriormente nos trasladamos a Acapulco, en donde habíamos comprado una casa que costó cerca de 90 mil dólares. Desde Acapulco hablé por teléfono a Colombia y me informaron de la muerte de un tío, por lo que me trasladé a Colombia y mi esposo se quedó en Acapulco. Cuando regresó a Colombia, mi esposo me dijo que había visitado un rancho de Héctor Elizondo, un campeón de tiro en los Juegos Panamericanos, quien también le había ofrecido una pista de aterrizaje. Mi esposo llevó fotografías del rancho de Elizondo.

Pedro Ornelas y su esposa Carla también le ofrecieron en venta una isla a mi esposo, por si acaso la necesitábamos.

Antes de que yo regresara a Colombia por la muerte de mi tío, fui con mi esposo a un banco en la ciudad de México, en donde nos dijeron que a través de la sucursal que tenía ese banco en Nueva York podríamos retirar fondos. Mi esposo me platicó que Raúl Salinas le ofreció pasaportes y documentos mexicanos. Mi pasaporte está a nombre de María, pero cuando me detuvieron me lo quitaron. A Finales de octubre, principios de noviembre, mi esposo fue a Colombia con un pasaporte mexicano nuevo, y posteriormente obtuvimos un pasaporte familiar mexicano.

De regreso a Colombia, mi esposo Alex le informó a Rodríguez Gacha la conversación con Raúl Salinas y los acuerdos adoptados. Gacha aceptó todo y le dio instrucciones para que le enviaran regalos y presentes navideños a los Salinas, para demostrarles que había buena voluntad. Así fue como mi esposo empezó a aterrizar aviones en México cargados con cocaína.

En mayo o junio de 1988, volvimos a México y nos hospedamos otra vez en el hotel Galería Plaza. Leo Hernández, apodado Tío Leo, amigo de Pedro Ornelas y de Raúl Salinas de Gortari, nos recogió en el aeropuerto y nos trasladó al hotel. Esta fue la segunda vez que vi a Raúl. En este segundo viaje llevábamos piedras preciosas como circones, diamantes y esmeraldas, debido a que mi esposo poseía una mina en Colombia. Cuando llegamos a México le envié a la esposa de Raúl Salinas esmeraldas para aretes.

En este segundo viaje Raúl Salinas de Gortari llegó a saludarnos para agradecernos los regalos que mi esposo le hizo llegar a la esposa de Raúl. En ese segundo encuentro Raúl Salinas le pidió a mi esposo más dinero para la campaña presidencial de su hermano. En este segundo viaje a México el Tío leo nos presentó con la señora Dolores Olmedo, esposa del conocido pinto mexicano Diego Rivera.

Dias posteriores regresamos a Acapulco para que mi esposo recibiera por mar una carga de 526 kilogramos de cocaína procedente de Colombia que venía a través de Panamá. La droga fue almacenada en la casa de mi esposo en Acapulco. La protección de la droga estuvo a cargo de Nilo Batista y de Francisco Ruiz Massieu, al que vi una sola vez.

La cocaína debía ser llevada a Estados Unidos, pero como habían detenido a los transportistas, tuvimos que guardar la droga por un mes y medio, hasta que en junio la droga se envió a Estados Unidos. En julio de 1988 regresamos a Houston y no tuvimos problemas por la frontera porque Raúl Salinas arregló el paso. Como pago, mi esposo entregó desde nuestra oficina en Houston 300 mil dólares por cada carga.