Caso Crimea afianzó alianza de China con Rusia

Caso Crimea afianzó alianza de China con Rusia

La guerra fría está de regreso, pero esta vez no se trata de una lucha geopolítica entre dos superpotencias y dos modelos económicos. Esta nueva confrontación implica a más países. Por un lado, el imperialismo siempre vigente y su visión de rapiña unipolar de dominación, liderado por Estados Unidos y seguido de los perritos falderos en que se han convertido los países de la Unión Europea como aliados vasallos hoy, pero con la nostalgia de sus antiguos imperios coloniales del pasado; y por el otro lado, las naciones que aspiran a un mundo multipolar, de igualdad y respeto entre las naciones e intercambios comerciales, movimiento liderado por el BRICS. La crisis en Ucrania viene a demostrar que Rusia no está sola en este combate

Pepe Escobar/Red Voltaire

“Estamos prestando mucha atención a la situación de Ucrania. Esperamos que todas las partes puedan mantener la calma y la moderación para impedir la escalada y el empeoramiento de la situación. La resolución política y el diálogo son las únicas salidas.”

Ésta, en palabras del viceministro de Relaciones Exteriores chino Li Baodong, es la interpretación oficial de Pekín –bastante moderada– de lo que está ocurriendo en Ucrania, hecha a medida para el consumo global.

Pero en un editorial del People’s Daily aparece lo que piensan en realidad los dirigentes. Y el enfoque se concentra claramente en los peligros del cambio de régimen, la “incapacidad de Occidente de comprender las lecciones de la historia” y “el último campo de batalla de la Guerra Fría”.

Sin embargo, una vez más, Occidente malinterpretó la abstención de China en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ante una resolución apoyada por Estados Unidos condenando el referendo crimeo. El sesgo fue que Rusia –que vetó la resolución– estaba “aislada”. No es así. Y la forma en que Pekín juega en la geopolítica demuestra que no era el caso.

Oh, Samantha…

La manada de elefantes en la sala (Ucrania), que según la opinión mundial viene a ser la auténtica “comunidad internacional” –del Grupo de los 20 (G20) al Movimiento de No Alineados (MNA)–, ya ha tenido suficiente hipocresía del show excepcionalista, ha comprendido perfectamente, e incluso ha aplaudido, que por lo menos un país del planeta tenga agallas para decir claramente: “que se joda Estados Unidos”. Rusia bajo el gobierno del presidente Vladimir Putin podrá albergar algunas distorsiones, como cualquier otra nación. Pero no se trata de un banquete, es realpolitik. Para hacer frente al Leviatán estadunidense es necesario, como mínimo, un tipo duro como Putin.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) –cuyo nombre debería ser “Pentágono dominador de los alfeñiques europeos”– sigue emitiendo amenazas y advirtiendo de las “consecuencias”. ¿Qué va a hacer? ¿Lanzar contra Moscú una andanada de misiles balísticos intercontinentales equipados con ojivas nucleares?

Además, el propio Consejo de Seguridad de la ONU es un chiste con la embajadora de Estados Unidos: Samantha Incomparable Power, una de las madres de R2P (“responsabilidad de proteger”) criticando la “agresión rusa”, las “provocaciones rusas” y comparando el referendo crimeo con un robo. Oh sí, bombardear Irak, bombardear Libia y estar a punto de bombardear Siria sólo fueron inocentes gestos humanitarios. Se podría decir que Samantha la Humanitaria hace una presentación mejor invocando a Sinéad O’Connor en la ducha.

El embajador ruso Vitaly Churkin fue lo bastante cortés para decir: “Esos insultos dirigidos a nuestro país son inaceptables”. Lo que agregó es lo que importaba: “Si la delegación de Estados Unidos espera nuestra cooperación en el Consejo de Seguridad en otros temas, Power debe comprender esto con absoluta claridad”.

Samantha la Humanitaria, así como todo el montón de juveniles espectadores del gobierno de Barack Obama no lo comprenderán. El ministro de Relaciones Exteriores adjunto de Rusia, Sergei Ryabkov, les ayudó un poco: Rusia no quiere utilizar las conversaciones nucleares con Irán para “aumentar las apuestas”, pero si Estados Unidos y la Unión Europea insisten en sus sanciones y amenazas, es lo que sucederá.

Por lo tanto la trama se complica, como en el caso de una cooperación estratégica cada vez más estrecha entre Teherán y Moscú.

¿Secesionistas del mundo, uníos?

Imaginen cómo se ve todo esto en Pekín. Nadie sabe qué sucede exactamente en los pasillos del Zhongnanhai, pero es justo argumentar que sólo existe una contradicción aparente entre el principio fundamental de China de no interferir en los asuntos internos de Estados soberanos y la intervención de Rusia en Crimea.

Pekín ha identificado muy claramente la secuencia de los sucesos: injerencia occidental en Ucrania, que viene de largo, a través de las organizaciones no gubernamentales (ONG) y el Departamento de Estado; cambio de régimen perpetrado con la ayuda de fascistas y neonazis; un contraataque preventivo ruso que puede interpretarse como una operación según el libro de Samantha la Humanitaria R2P (protegiendo a rusos y rusohablantes de un segundo golpe planeado en Crimea y frustrado por los servicios de inteligencia rusos).

Además Pekín sabe perfectamente que Crimea ha sido esencialmente rusa desde 1783, que Crimea –así como gran parte de Ucrania– cae directamente en la esfera de influencia de la civilización rusa y que la interferencia occidental amenazaba directamente los intereses de seguridad nacional de Rusia (como dejó claro Putin). Ahora imaginen un escenario similar en el Tíbet o en Sinkiang. Interferencia occidental que viene de largo –vía organizaciones no gubernamentales y la Agencia Central de Inteligencia estadunidense– toma de posesión de la administración local por parte de los tibetanos en Lhasa o de los uigures en Kasgar. Pekín podría fácilmente utilizar la R2P de Samantha en nombre de la protección de los chinos.

Sin embargo, el hecho de que Pekín acepte (silenciosamente) la reacción rusa al golpe de Kiev, recuperando Crimea a través de un referendo y sin disparar un tiro, no significa que vaya a permitir que los “divisionistas” del Tíbet o de Taiwán se lancen al mismo camino. Incluso aunque en el Tíbet, más que Taiwán, podría presentar un fuerte caso histórico por la secesión. Cada caso tiene su propia miríada de complejidades.

Ahora el gobierno de Obama –como un minotauro ciego– se halla perdido en un laberinto de giros creado por él mismo. Se necesita un nuevo Borges –ese Buda con traje gris– para relatar la historia. Primero fue el giro hacia Asia-Pacífico –que cerca China bajo otro nombre– como se entiende bien en Pekín.

Luego vino el giro a Persia, “si no, iremos a la guerra”, dijo el Cero-a-la-Izquierda-en-Busca-de-una-Idea John Kerry. Hubo, por supuesto, el giro marcial a Siria, abortado en el último minuto gracias a los buenos oficios de la diplomacia moscovita. Y vuelta al giro a Rusia, pisoteando el tan elogiado “reajuste” y concebido como una retribución por Siria.

Los que creen que los estrategas de Pekín no han analizado cuidadosamente –y calculado las reacciones– todas las implicaciones de esos giros superpuestos merecen encontrarse con Samantha en la ducha. Adicionalmente, es fácil imaginar a Thinktanklandia china conteniendo apenas su regocijo al analizar a una superpotencia que gira impotente sobre sí misma.

Mientras los perros occidentales ladran

Rusia y China son socios estratégicos en el G-20, en el club BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) de potencias emergentes y en la Organización de Cooperación de Shanghái. Su objetivo primordial, en éstos y otros foros, es la emergencia de un mundo multipolar sin la intimidación del imperio estadunidense de bases, un sistema financiero internacional más equilibrado, no más tiranía del petrodólar, una cesta de divisas; esencialmente un enfoque de mutuo beneficio del desarrollo económico global.

Un mundo multipolar también implica, por definición, a la OTAN fuera de Eurasia, la que desde el punto de vista de Washington es la razón principal para interferir en Ucrania. En términos euroasiáticos, es como si –después de ser expulsada de Afganistán por un montón de campesinos con AK-47– la OTAN estuviera girando de vuelta a través de Ucrania.

Aunque Rusia y China son socios estratégicos clave en el campo energético –Oleoductistán y más allá– se superponen en su carrera para cerrar tratos en Asia central. Pekín está construyendo no sólo una sino dos Nuevas Rutas de la Seda a través del Sureste Asiático y de Asia central, incluyendo conductos energéticos, ferrocarriles y redes de fibra óptica, y llega hasta Estambul, la puerta a Europa. Sin embargo, en lo que respecta a la competencia entre Rusia y China por los mercados en toda Eurasia es más un arreglo de beneficio mutuo que un juego de suma cero.

Respecto a Ucrania (“el último campo de batalla de la Guerra Fría”), y específicamente Crimea, la posición oficial (tácita) de Pekín es una neutralidad total (referencia: el voto en la ONU). Sin embargo el auténtico trato es el apoyo a Moscú. Pero esto no puede salir nunca a la luz porque Pekín no está interesado en enfrentarse a Occidente, a menos que reciba una gran provocación (la conversión del giro en un cerco de línea dura, por ejemplo). No hay que olvidar: desde Deng Xiaoping (“mantener un bajo perfil”) esto tiene que ver, y seguirá teniendo que ver, con el “ascenso pacífico de China”. Mientras los perros occidentales ladran, la caravana china-rusa sigue adelante.

 

TEXTOS RELACIONADOS:

 

 

 

Del 20 al 26 de abril de 2014

 

 

Artículo

Tierra fertil

México tiene una enorme diversidad. Es uno de los países con mayor riqueza natural, cultural y económica del mundo. Nuestra posición geográfica es excepcional en

Saber más »
Artículo

Las tres soberanías: la crisis civilizatoria de Occidente

Existen tres niveles en los que se puede medir el avance o el retroceso de un país en su dura batalla por la emancipación. Desde el siglo XV el colonialismo –como el origen dantesco de la violencia en su máxima expresión– quebró no solo la economía de los diferentes países que tocó, sino también sus sistemas políticos, su imaginario colectivo y sus relaciones personales. De ahí que un país deba comenzar primariamente por la recuperación de su soberanía política, es decir, por la capacidad de reconocer en el Estado a la comunidad nacional y no al ente colonial invasor. Este es un presupuesto necesario, sin el cual no se puede pensar en ninguna otra cosa. La tramposa democracia liberal ha sido la camisa de fuerza que ha disfrazado siempre los intereses burgueses tras cualquier supuesta alternativa. Por ello, la batalla por superar los fraudes electorales y el intervencionismo de los poderes fácticos se instala como la tarea principal en este nivel.

Saber más »
Artículo

Granjas de ‘bots’ en la guerra cognitiva

Aquí aparece al desnudo la guerra cognitiva y su mercancía perversa disfrazada como granja de bots. En las sociedades capitalistas creadoras de la dictadura de la competencia mercantil y la subordinación de los consumidores, cada segundo de mirada adquiere valor económico y político. En las granjas de bots se diseña lo que conmueve, lo que enfurece; qué provoca miedo, qué despierta deseo, qué genera permanencia. La arquitectura de la comunicación comercial digital encuentra así una zona de convergencia con las operaciones de influencia política y militar. Un sistema diseñado para retener atención y ensuciar la realidad puede ser aprovechado por quien busca retener, desviar o capturar conciencia. La frontera entre publicidad, entretenimiento, propaganda y operación psicológica se vuelve porosa. El sujeto cree estar consumiendo información mientras, simultáneamente, se convierte en recurso explotable y víctima de mil manipulaciones del odio de clase.

Saber más »
Ahora en vivo

Contralínea en vivo

Contralínea 1019

Con Felipe Calderón, la mayor intromisión de EU en México Nancy Flores, agosto 29, 2026 Documentos desclasificados de la Embajada de Estados Unidos, el Departamento