Estados Unidos parece militar en una liga de sanciones antirrusas

Estados Unidos parece militar en una liga de sanciones antirrusas

Moscú, Rusia. Estados Unidos actúa como si militara en alguna liga de sanciones contra Rusia, al proponerse castigos cada vez más radicales, en una competencia para ver cuál de ellos causa mayor deterioro.

Desde que en diciembre de 2016 el entonces presidente demócrata Barack Obama decidió perjudicar al máximo posible las relaciones de Moscú y Washington, tras perder Hillary Clinton las presidenciales, la situación sólo va cuesta abajo.

Obama ordenó la salida en 72 horas de 28 diplomáticos rusos y sus familiares, a quienes acusó de interferir en los asuntos internos de Estados Unidos.

Ahora se puede decir que aquella fue una medida arriesgada, pues con esa misma acusación pudo entonces declararse persona non grata a la mayoría de los más de 1 mil funcionarios de la misión diplomática estadunidense en esta capital. Pero el Kremlin fue cuidadoso.

Sólo después que se conocieron las sanciones impuestas por Washington contra Moscú bajo la acusación nunca probada de injerencia en los asuntos internos estadunidense, Rusia decidió emitir una orden preocupante para la Casa Blanca.

El presidente Vladimir Putin consideró que Estados Unidos mantiene en Rusia demasiado personal, por lo que determinó la necesidad de emparejar a poco más de 700 a los empleados de la embajada estadunidense en Moscú, la misma cantidad que posee este país en Washington y Nueva York.

La medida debía ser acatada antes de septiembre del pasado año. Todo ello en medio de la incautación de propiedades de la embajada rusa en Nueva York, Washington y San Francisco que ni siquiera en los peores momentos de la Guerra Fría nadie en la Casa Blanca se atrevió a tocar.

Para confirmar que la rusofobia se entronizó con fuerza no sólo en el Congreso y los medios de difusión estadunidenses, sino en la propia administración presidencial, el republicano Donald Trump ordenó al menos dos rondas de sanciones adicionales contra el país euroasiático.

Una de ellas fue, incluso, rechazada por algunas naciones europeas que denunciaron su carácter extraterritorial, pues plantea castigos para empresas estadunidenses y de terceros países que inviertan más de 1 millón de dólares al año en la esfera energética rusa.

Ello fue recogido en la llamada ley de contraposición al enemigo, en la que Rusia fue situada, junto a Irán y la República Popular Democrática de Corea (RPDC), entre las principales amenazas para la seguridad nacional de Estados Unidos.

El paquete de restricciones de agosto, esbozado por el Congreso estadunidense, exigía la aprobación de medidas adicionales y quitaba la potestad al Presidente de derogar tales medidas mediante decreto.

Washington, bajo el pretexto de castigar a quien supuestamente interfiere en sus asuntos internos y proceso electoral, también aprovechó para, con un método nada transparente, intentar una salida de Rusia del mercado de armas.

Para ello, Estados Unidos incluyó sanciones contra una treintena de empresas vinculadas al complejo militar industrial ruso, con amenazas, incluso, de castigar a quien osara mantener vínculos comerciales con Moscú en esa esfera.

Esto siguió a los acuerdos o memorandos de intención, en dependencia del caso, firmados por Rostec (el consorcio estatal que asimiló a la compañía Rosoboronexport) para la venta de los modernos complejos antiaéreos rusos S-400 Triumf a Turquía y Arabia Saudita.

Turquía es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, pero convertido en “hijo descarriado” en los últimos tiempos, con posiciones que en algunos aspectos coinciden con las de Rusia.

Arabia Saudita es el principal cliente del complejo militar industrial estadunidense en el Medio Oriente. Sin embargo, lo acontecido en Siria con el armamento ruso no sólo pareció impresionar a Riad, sino que también lo llevó a comprender cuál podría ser el futuro en la nación del Levante.

Pero Washington consideró que aún estaba lejos de poner de rodillas a la economía de uno de sus principales adversarios en el orbe, sobre todo para los planes concebidos en su nueva doctrina de defensa a fin de impedir siquiera que algún país en el mundo ponga en duda su hegemonía.

En un comunicado oficial, Washington precisó que el principal objetivo de las sanciones es desangrar a Rusia, reducir al mínimo su capacidad militar y posibilidad de crear alianzas con otros, capaces de poner en duda la supremacía política y militar del país norteño.

La publicación por la Casa Blanca del llamado informe del Kremlin incluye una lista de más de 200 funcionarios del gobierno, entre ellos el primer ministro Dmitri Medvedev, y los presidentes de la Duma (cámara baja) y del Consejo de la Federación (senado), así como de la administración presidencial.

Entre los objetivos de esa medida parece estar el intento de presión contra unos 60 empresarios rusos para obligarlos a pensar en sus negocios que, por el carácter internacional, pudieran ser perjudicados. Sin embargo, las fuentes de esos negocios están en la nación euroasiática, estiman expertos.

La tarea de la nueva ola de sanciones está dirigida a formar división entre políticos rusos, los empresarios, castigar resortes económicos clave de la estabilidad nacional y, finalmente, intentar un cambio de gobierno.

De los 174 casos en que Estados Unidos aplicó sanciones contra un país, 80 estuvieron vinculados al interés de cambiar gobiernos.

Todo ello está relacionado con la llamada teoría del Grupo-Cero, es decir, lo que algunos consideran pudo sustituir al antiguo Grupo de los Siete; se habla de la “debilidad” de Estados Unidos para ejercer una hegemonía mundial.

Especialistas como Hu Sitsian, de Global Times, estiman que Estados Unidos no perdona para nada a Rusia su potencial bélico, ni a China su pujanza comercial.

Para el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel, Rusia y China llenan un vacío en el orbe, en el potencial político y económico, de ahí la áspera reacción de Washington para apuntar directo a sus principales rivales.

En medio de las sanciones firmadas por Estados Unidos, nadie se atreve a hablar siquiera de una tenue posibilidad de mejorar los nexos entre Washington y Moscú. Ni siquiera el tema del antiterrorismo parece quedar excluido del diferendo bilateral.

De ello habla la pasión con que los demócratas y algunos elementos republicanos en el Congreso reaccionaron a una visita de Alexander Patrushev, secretario del Consejo Nacional de Seguridad ruso, a Estados Unidos para un intercambio rutinario sobre cooperación antiterrorista.

Volver las aguas a su nivel en los nexos de Estados Unidos y Rusia parece algo tan lejano como algo que se ve a lo lejos en el horizonte.

Antonio Rondón/Prensa Latina

[OPINIÓN]

 

 

Artículo

Tierra fertil

México tiene una enorme diversidad. Es uno de los países con mayor riqueza natural, cultural y económica del mundo. Nuestra posición geográfica es excepcional en

Saber más »
Artículo

Las tres soberanías: la crisis civilizatoria de Occidente

Existen tres niveles en los que se puede medir el avance o el retroceso de un país en su dura batalla por la emancipación. Desde el siglo XV el colonialismo –como el origen dantesco de la violencia en su máxima expresión– quebró no solo la economía de los diferentes países que tocó, sino también sus sistemas políticos, su imaginario colectivo y sus relaciones personales. De ahí que un país deba comenzar primariamente por la recuperación de su soberanía política, es decir, por la capacidad de reconocer en el Estado a la comunidad nacional y no al ente colonial invasor. Este es un presupuesto necesario, sin el cual no se puede pensar en ninguna otra cosa. La tramposa democracia liberal ha sido la camisa de fuerza que ha disfrazado siempre los intereses burgueses tras cualquier supuesta alternativa. Por ello, la batalla por superar los fraudes electorales y el intervencionismo de los poderes fácticos se instala como la tarea principal en este nivel.

Saber más »
Artículo

Granjas de ‘bots’ en la guerra cognitiva

Aquí aparece al desnudo la guerra cognitiva y su mercancía perversa disfrazada como granja de bots. En las sociedades capitalistas creadoras de la dictadura de la competencia mercantil y la subordinación de los consumidores, cada segundo de mirada adquiere valor económico y político. En las granjas de bots se diseña lo que conmueve, lo que enfurece; qué provoca miedo, qué despierta deseo, qué genera permanencia. La arquitectura de la comunicación comercial digital encuentra así una zona de convergencia con las operaciones de influencia política y militar. Un sistema diseñado para retener atención y ensuciar la realidad puede ser aprovechado por quien busca retener, desviar o capturar conciencia. La frontera entre publicidad, entretenimiento, propaganda y operación psicológica se vuelve porosa. El sujeto cree estar consumiendo información mientras, simultáneamente, se convierte en recurso explotable y víctima de mil manipulaciones del odio de clase.

Saber más »
Ahora en vivo

Contralínea en vivo

Contralínea 1019

Con Felipe Calderón, la mayor intromisión de EU en México Nancy Flores, agosto 29, 2026 Documentos desclasificados de la Embajada de Estados Unidos, el Departamento