Hacia una nueva integración económica

Hacia una nueva integración económica

Ante la revisión del T-MEC, México debe priorizar una industrialización social y la soberanía económica frente a las presiones de USA
FOTO: MOISÉS PABLO/CUARTOSCURO.COM

La capacidad epistemológica de la anticipación es una habilidad necesaria para todo trazo de política económica. Y se vuelve fundamental en contextos de incertidumbre acrecentada como el que se vive en la región de América del Norte, por las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la posibilidad de sustituir el T-MEC por acuerdos bilaterales con cada uno de los países que hasta ahora lo conforman.

Para fortuna de las y los mexicanos, esta conciencia anticipatoria ha estado presente en el trazado de los dos Planes Naciones de Desarrollo, presentados al pueblo desde el año 2018. En éstos se ha impulsado una industrialización social dirigida a procurar la reproducción del beneficio público, y no sólo la reproducción en favor del capital.

Es importante plantearlo en estos términos, ya que, ante el escenario de crisis económica por el que atraviesan muchos países en el mundo –incluido Estados Unidos–, el nuestro se muestra congruente con un proyecto planificador en beneficio de su población. Aun cuando esta reactivación del sector estatal se ha dado en un contexto de economía de mercado abierta, que complejiza el camino por la permanencia de una política monetaria anclada al sistema internacional.

No obstante, la coordinación de políticas a largo, mediano y corto plazo ha sido uno de los grandes aciertos en materia de previsión. Pues, con el rescate de la industria energética nacional y la revalorización de la fuerza de trabajo mexicana, las administraciones de la 4T han sabido sentar las bases para un proyecto de desarrollo económico sostenido. Pues ambos resultan ser vectores energéticos fundamentales para el proceso de industrialización nacional.

De ahí que las declaraciones del presidente de los Estados Unidos, en el marco de la revisión del T-MEC, que apuntan a una política injerencista en el sector energético y la fuerza de trabajo de nuestro país resulten anacrónicas. Ya que un país que ha emprendido una senda de planificación económica, sabe que su integración a la economía global, de ninguna forma puede volver a ser a costa del mercado interno y mucho menos, sacrificando su soberanía. Quienes no lo ven así es porque siguen ensimismados en una lógica de razonamiento neoliberal, que los incapacita para concebir el carácter histórico y transitorio de las relaciones económicas. En suma, no entienden que no se puede mezclar los mismos ingredientes en distintas condiciones históricas, y esperar el mismo resultado.

Por eso, ahora que comenzarán los diálogos con los países del norte, las delegaciones representantes de nuestro país deben tener claro que cualquier negociación debe tomar como punto de partida, y de llegada, el éxito del Plan México. Lo cual requiere también de un ejercicio de planificación del comercio exterior y una adecuada estrategia de ejecución.

Y tener claro que, en todo momento se debe priorizar la satisfacción de las necesidades de bienes que en nuestro país no se producen, y con base en este objetivo, trazar planes de exportación dirigidos a equilibrar el valor de los productos exportados con el valor de los productos importados. Y no solo siguiendo una lógica de exportación con miras a obtener las mayores ganancias en beneficio de un sector privado extranjero, como fue la visión de los neoliberales. Dicho en otras palabras, las necesidades de importación y de exportación no pueden determinarse concretamente más que dentro del marco la planificación económica nacional, pues precisamente dentro de este marco, y sólo dentro de él, se puede establecer un balance de producción y consumo con el exterior.

Ahora bien, a sabiendas que cada uno de los negociadores buscarán los mayores beneficios para el país que representan, es importante tener siempre presente que uno de los rasgos característicos de la globalización económica impulsada en los últimos 40 años fue la creación de un mercado mundial. Y como tal, no se puede pensar en procesos productivos limitados a lo nacional, ya que, con las políticas de apertura económica –impuestas desde Estados Unidos–, se afectó la posibilidad de sobrevivencia de sistemas nacionales autónomos, dando con ello lugar a un nuevo espacio-tiempo productivo mediante sistemas integrales, en los que los circuitos del capital alcanzan su inteligibilidad cuando son analizados en su integración y dinámica mundial.

Por lo que una hipótesis que el doctor Oscar Rojas y quien escribe, hemos venido manejando desde hace un par de años es que el fenómeno de reindustrialización mexicana, en este momento, resulta afín con el objetivo de reindustrialización de la zona T-MEC, como consecuencia de la pérdida del control unilateral que Estados Unidos presenta del proceso productivo global frente a China. Y esta condición coloca a nuestro país en una coyuntura en la que se puede romper, por fin, con el atavismo neoliberal de una política industrial decidida unilateralmente desde el exterior.

Y por ello, podemos decir que el momento actual de la 4T presenta condiciones favorables para posicionar otro tipo de integración a la economía de América del Norte; pues Estados Unidos ya no puede imponer condiciones sin resistencias, porque le resultaría sumamente inviable para sus intereses, alejarse de un mercado de más de 520 millones de personas, y que, además contribuyen con el 30 por ciento del PIB global.

 

 

Carolina Hernández Calvario*

*Académica de la UAM Iztapalapa. Estudió la licenciatura y el doctorado en economía por la Facultad de Economía de la UNAM, y la maestría en estudios latinoamericanos, en la Facultad de Filosofía y Letras. Su campo de especialización es en economía política.

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