Estados Unidos y la catástrofe en Venezuela

Estados Unidos y la catástrofe en Venezuela

Imagen: ChatGPT

El miércoles 24 de junio, Venezuela fue víctima de dos devastadores  terremotos que destruyeron barrios enteros y devastaron comunidades. El primero tuvo una magnitud de 7.2. Después de 39 segundos, se registró un segundo sismo de magnitud 7.5. El efecto combinado de ambos terremotos agravó significativamente los daños.

Los estados más afectados fueron La Guaira, Yaracuy y la ciudad de Caracas. También se registraron daños en Miranda, Falcón, Aragua y Carabobo, así como en la isla de La Tortuga. El fenómeno ha sido descrito por los sismólogos como un “doblete sísmico”, una secuencia poco frecuente en la que dos terremotos de gran magnitud ocurren casi simultáneamente.

Estos fueron los terremotos más destructivos registrados en Venezuela en 126 años y provocaron graves daños en los estados de La Guaira y Yaracuy, así como en la ciudad de Caracas, además de cientos de réplicas durante los días posteriores.

Hasta el momento han fallecido mil 943 personas y 10 mil 571 han resultado heridas, mientras que hay más de 15 mil damnificados. Un total de 774 edificios colapsaron y otros 1 mil 500 sufrieron daños graves. Decenas de miles de personas continúan desaparecidas; según la ONU, la cifra asciende a 50 mil. Las Naciones Unidas han adquirido 10 mil bolsas para cadáveres, ya que muchos edificios colapsados aún no han sido removidos por completo.

Los terremotos fueron superficiales, con una profundidad de entre 10 y 20 kilómetros, lo que aumentó la intensidad del movimiento en la superficie. Además, afectaron regiones densamente pobladas, incluidas el área de Caracas y la costa central. Para colmo, se produjeron más de 600 réplicas en un periodo de 10 días, lo que complicó las labores de rescate y aumentó el número de víctimas y los daños materiales.

Un profundo dolor reina en Venezuela tras el doble terremoto que sacudió al país y dejó a numerosas familias destrozadas y sin hogar. Miles de personas han perdido absolutamente todo a causa de este desastre, mientras que el riesgo de colapso de otras estructuras continúa latente.

Ante esta situación, miles de rescatistas han trabajado sin descanso desde las comunas, los colectivos y otras expresiones populares en La Guaira, Aragua, Carabobo, Miranda, Caracas y muchas otras localidades. La urgencia por ayudar ha sido una constante durante estos días. Se han movilizado numerosas brigadas que reparten alimentos e insumos y han sido tantos los voluntarios dispuestos a colaborar que las comunicaciones hacia La Guaira se han visto congestionadas.

El fenómeno natural se agravó porque golpeó a un país que lleva más de 10 años sometido a bloqueos y sanciones, no solo financieras y petroleras, sino también comerciales y tecnológicas. Esto provocó que, al momento del siniestro, el país careciera de las herramientas y la maquinaria necesarias para enfrentar un desastre de esta magnitud.

La solidaridad surgió de inmediato. Miles de voluntarios se movilizaron para ayudar; los venezolanos excavaron con las rudimentarias herramientas que tenían a su disposición e incluso con sus propias manos entre montañas de hormigón derrumbado. Algunos recurrieron a las redes sociales para solicitar excavadoras. Mientras tanto, los equipos de rescate trabajaron sin generadores ni las herramientas de demolición necesarias.

Más de 10 años de sanciones por parte de Estados Unidos provocaron graves problemas comerciales y financieros que impidieron al gobierno venezolano adquirir una amplia gama de equipos especializados, como cámaras de fibra óptica para buscar personas bajo los edificios derrumbados, dispositivos de detección de sonido para localizar sobrevivientes, radios de alta frecuencia capaces de funcionar dentro de estructuras de hormigón, equipos de elevación hidráulica, cortadoras eléctricas y linternas especializadas.

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Para levantar las losas de hormigón que atrapan a las víctimas se requiere maquinaria pesada y herramientas de demolición. Los equipos de rescate necesitan, además, linternas, generadores para alimentar los martillos demoledores, proporcionar iluminación y mantener el acceso a internet, así como amoladoras para cortar el hormigón y las barras de refuerzo, en un proceso sumamente laborioso.

Con gran esfuerzo, el gobierno ha podido adquirir en años recientes 100 máquinas pesadas, las cuales fueron utilizadas de inmediato para retirar los escombros; sin embargo, resultan insuficientes.

Tras el rescate de las víctimas, el país enfrenta un sistema de salud colapsado por años de bloqueo. La industria petrolera, responsable históricamente del 97 por ciento de los ingresos nacionales, lleva 11 años sancionada por el gobierno de Estados Unidos, que durante los últimos siete ha recrudecido el bloqueo sobre todas las operaciones de venta de hidrocarburos.

Incluso después del 3 de enero pasado –cuando Washington bombardeó tres ciudades venezolanas, entre ellas Caracas y La Guaira, para secuestrar al presidente Nicolás Maduro y posteriormente establecer una relación de amenaza y chantaje hacia el gobierno encargado–, las sanciones se mantienen.

Este dato es importante para comprender por qué Venezuela lleva años con un sistema sanitario público que no alcanza las condiciones óptimas, pero que, aun así, no ha dejado de funcionar ni de atender a la población.

Venezuela ha denunciado que, desde 2015, durante el gobierno de Barack Obama y las administraciones posteriores, ha sufrido 1 mil 27 sanciones. Las medidas económicas impuestas no solo por la Unión Europea, Canadá y otros países han tenido un impacto significativo en la economía venezolana, así como en el sistema sanitario, la infraestructura y su mantenimiento, lo que dificulta enfrentar una catástrofe de esta magnitud.

Las sanciones provocaron un profundo deterioro de los servicios públicos. La menor disponibilidad de divisas afectó la capacidad del Estado para importar repuestos y realizar el mantenimiento de los sistemas de electricidad, agua, transporte y salud.

El mundo ha contemplado cómo Estados Unidos lleva a cabo una guerra colonial por el petróleo, en violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de un Estado soberano.

Una muestra de que las sanciones continuaron después del 3 de enero es que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos levantó, hasta el 24 de junio, de manera temporal las restricciones para la ayuda humanitaria, las labores de socorro, la mitigación y la atención de emergencias derivadas del terremoto.

Es criminal que se sigan extrayendo, aun en esta crítica situación, las riquezas de Venezuela. El Banco de Inglaterra retiene 31 toneladas de oro, con un valor de 2 mil millones de dólares, que pertenecen al gobierno bolivariano. Estados Unidos mantiene retenidos 10 mil millones de dólares, correspondientes al valor estimado de mercado de Citgo, la filial refinadora de Petróleos de Venezuela (PDVSA). El complejo ha sido retenido y es objeto de un proceso de venta forzosa.

Además, el Fondo Monetario Internacional mantiene retenidos 5 mil millones de dólares. En total, Estados Unidos mantiene congelados 30 mil millones de dólares en activos venezolanos.

Donald Trump se refirió a los terremotos recordando el ataque del 3 de enero y alardeó de que el costo de un solo día de guerra les produjo millones de barriles de petróleo, cuya explotación ya financió el conflicto.

Alrededor de 5 mil millones de dólares han sido las ganancias obtenidas por Estados Unidos a partir del petróleo venezolano incautado. Sin embargo, ante el desastre, Washington donó “generosamente” la ridícula cantidad de 150 millones de dólares a través del Comando Sur de Estados Unidos.

Eso sí, lo primero que Trump envió, por medio del Comando Sur, fueron unidades militares. La ONU donó 15 millones de dólares y la Unión Europea, 5 millones de euros para atender la emergencia, una cifra que no es comparable con los 211 mil millones de euros que han aportado a Ucrania para apoyar su guerra.

Ante la tragedia, los medios de desinformación han aprovechado la situación para golpear al gobierno bolivariano y a los 27 años del proyecto popular, al responsabilizar a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro de la situación.

Ocultando que la guerra económica y las más de mil sanciones han ocasionado pérdidas por 226 mil millones de dólares, equivalentes al 200 por ciento del producto interno bruto; en promedio, 80 millones de dólares perdidos cada día. Por ello, el gobierno bolivariano no ha contado con los recursos necesarios para adquirir la maquinaria, el equipo y las tiendas de campaña requeridos.

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Los medios atacan al “chavismo” cuando la decadencia material es presentada como resultado de los más de 10 años de asedio económico, así como de que las sanciones y la injerencia de Estados Unidos aún no han sido levantadas.

Por cierto, dadas las extraordinariamente raras características de los terremotos en Venezuela, no podemos descartar la posibilidad de que Estados Unidos, a través de programas como el HAARP —un proyecto financiado por la Fuerza Aérea y la Marina para el estudio de la ionosfera terrestre—, así como mediante otros programas, como los 120 laboratorios biológicos de Estados Unidos en más de 30 países, pueda incidir en la generación de epidemias, sequías, huracanes o terremotos.

Y que puedan utilizar nuevas tecnologías como armas para desestabilizar sistemas climáticos, ecológicos y agrícolas, así como placas tectónicas. Resulta extraña la coincidencia de que el afán estadunidense por atacar a un gobierno adverso se vea acompañado de desastres naturales, como los terremotos en Haití y Siria, la sequía en Albania cuando buscaban derrocar al régimen socialista, las epidemias en Cuba y las inundaciones, sequías y terremotos en China.

Mientras tanto, 13 mil médicos cubanos trabajan sin descanso en Venezuela, y Cuba envió contingentes especializados de rescatistas, cirujanos y médicos del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve.

Desde hace 27 años, el pueblo de Venezuela y el gobierno bolivariano han enfrentado múltiples obstáculos y peligros. La situación actual es sumamente complicada, pero existe confianza en que el país saldrá adelante gracias a la lucha y la organización desde las bases, así como a la solidaridad internacional de los pueblos, en particular la del pueblo de México.

 

Pablo Moctezuma Barragán*

*Doctor en estudios urbanos, politólogo, historiador y militante social

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