Agencias de EU, en especial la CIA, presionan soberanía de México

Agencias de EU, en especial la CIA, presionan soberanía de México

Ilustración: Gemini IA

La operación clandestina de cuatro agentes de la CIA en Chihuahua reabrió el debate sobre el alcance de las agencias de Estados Unidos en México. En medio de las crecientes presiones de Washington en materia de seguridad, economía y migración, especialistas advierten que el caso obliga a revisar el papel que han jugado dichas agencias en América Latina, al imponer los intereses estadunidenses e incluso impulsar gobiernos a modo. Por ello, los especialistas sugieren que el Estado mexicano debe fortalecer sus propias capacidades de inteligencia y seguridad nacional; no hacerlo, advierten, podría influir indebidamente en las elecciones presidenciales de 2030

La operación clandestina de cuatro agentes estadunidenses en Chihuahua no sólo exhibió la presencia ilegal en territorio nacional de personal de inteligencia del vecino país, sino que abrió nuevamente la discusión sobre los alcances del vecino país del norte, de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés)–, así como de la fortaleza de las instituciones mexicanas encargadas de la seguridad nacional y los límites reales de la soberanía frente a Estados Unidos.

Para el doctor Javier Oliva Posada, especialista en temas de seguridad nacional, lo ocurrido en Chihuahua dejó al descubierto una debilidad institucional más profunda. “Las áreas civiles del Estado mexicano de inteligencia y contrainteligencia no están recibiendo el apoyo necesario para cumplir con sus objetivos”.

A su juicio, la seguridad nacional constituye uno de los pilares sobre los que descansa la soberanía del Estado mexicano, por lo que se debe reforzar. “Un pilar fundamental de la soberanía son precisamente las instituciones civiles dedicadas a la seguridad nacional y la inteligencia; el problema es que en este momento no las tenemos”.

El debate público, sostiene el experto y académico de la UNAM, suele reducir la soberanía a una coyuntura política, cuando en realidad se trata de un concepto mucho más amplio vinculado con la capacidad del Estado para proteger sus intereses estratégicos. “La relación entre seguridad nacional y soberanía es directa. El objetivo principal de la seguridad nacional es precisamente la preservación de la soberanía y la integridad de la nación”.

Desde esa perspectiva, el doctor Oliva Posada considera que el principal problema de México no radica únicamente en la presencia de agentes extranjeros, sino en el debilitamiento de las instituciones encargadas de generar inteligencia estratégica.

Al respecto, recuerda que desde 2019 la Comisión Bicameral de Seguridad Nacional dejó de sesionar, que no se ha expedido el Programa Especial para la Seguridad Nacional previsto en la Ley de Planeación y que el Consejo de Seguridad Nacional tampoco ha sido instalado. “Son hechos públicos; pareciera que la seguridad nacional, dentro de las distintas dimensiones de la seguridad, no es una prioridad”.

Por su parte, el doctor Nayar López Castellanos considera que los aparatos de inteligencia mexicanos se han quedado en el tema de la seguridad interior, como la búsqueda de información importante. Como ejemplo, cita que buscan obtener información sobre políticos, funcionarios de los tres niveles de gobierno, policías o militares que colaboran con el crimen organizado.

FOTO: CUARTOSCURO

La presencia de la CIA y las presiones a la soberanía

En un accidente automovilístico, aún sin aclarar y que involucró un vehículo de la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua, el 19 de abril de 2026 murieron dos agentes estadunidenses y dos agentes ministeriales de dicha entidad. Este hecho dejó al descubierto la presencia clandestina e ilegal de cuatro funcionarios de la CIA que realizaban labores de campo, con anuencia del gobierno panista de Maru Campos, sin informar al gobierno de México. Ello, en franca violación a la soberanía nacional, la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional.

Aunque en un primer momento el gobierno de Maru Campos y el entonces fiscal del estado, César Gustavo Jaurégui, intentaron “justificar” la presencia de los agentes extranjeros afirmando que eran “instructores” de la Embajada de Estados Unidos que impartían un curso de manejo de drones, y que no participaron en la visita al narcolaboratorio, la presidenta Claudia Sheinbaum y la Fiscalía General de la República desmintieron esa narrativa del “aventón” que supuestamente pidieron los estadunidenses al personal de Chihuhua.

El gobierno federal también confirmó que los agentes de la CIA estaban participando activamente en labores de inteligencia de campo, sin el aval de la federación, lo cual está expresamente prohibido por la Constitución y las leyes mexicanas. Mientras que la FGR fue la que desmanteló el narco laboratorio, por lo que también se cayó la versión del PAN de que el gobierno de Chihuahua sí combate al narcotráfico. Actualmente, el caso sigue bajo investigación de la Fiscalía General de la República, aunque Maru Campos se ha negado a declarar.

Para el internacionalista Nayar López, el debate no puede limitarse al episodio de Chihuahua, sino que debe ampliarse al funcionamiento histórico de los aparatos de inteligencia de Estados Unidos y su intervención en América Latina. Para el académico de la UNAM, la CIA constituye la pieza central de una arquitectura global construida desde la Guerra Fría para preservar la hegemonía estadunidense.

“La CIA es uno de los principales aparatos de espionaje que tiene Estados Unidos, diseñado para darle forma, estructura y presencia a esta potencia de corte imperialista desde hace décadas”, explica López Castellanos. Agrega que dicha agencia no sólo recopila información, sino que construye escenarios completos de intervención política, económica y social.

Lo que hace fundamentalmente es detectar quiénes son los líderes, quiénes son las personas influyentes, quiénes tienen un precio y quiénes pueden colaborar directamente con la CIA”. Con esa información, añade, elabora “una radiografía humana, política, económica, social y cultural” de cada país para utilizarla cuando los intereses estadunidenses así lo requieran.

Esa estructura va mucho más allá de los agentes encubiertos. “No solamente debemos pensar en agentes estadunidenses propiamente dichos; hay una red impresionante de colaboradores que trabajan para la CIA en todos los ámbitos de la sociedad”, indica. Universidades, partidos políticos, gobiernos, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, e incluso movimientos sociales pueden convertirse, asegura, en espacios de obtención de información estratégica.

El doctor López Castellanos señala que esta forma de operar ha acompañado buena parte de la política exterior estadunidense en América Latina. Recuerda que la CIA tuvo un papel determinante en diversos procesos de intervención e injerencismo durante el siglo XX, y menciona como ejemplos: el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, las operaciones contra la Revolución Cubana y la actuación de personajes como Luis Posada Carriles, agente de la CIA.

Sobre este último caso, recuerda una de las frases que marcaron la historia del terrorismo contra Cuba. Al ser cuestionado por la prensa internacional sobre la explosión de un avión de Cubana de Aviación en 1976, Posada Carriles respondió: “pusimos la bomba, ¿y qué?” Para el investigador de la UNAM, esa declaración refleja el grado de impunidad con el que operaron diversos agentes vinculados a los aparatos de inteligencia estadunidenses durante la Guerra Fría.

López Castellanos recuerda que la CIA fue un actor determinante en conflictos internacionales como la invasión a Irak, donde previamente realizó labores de inteligencia para identificar liderazgos políticos, militares y sociales. “La actividad que desarrollan es búsqueda de información que pueda ser determinante para desarrollar acciones de cualquier naturaleza”. Esa información, agrega, puede servir tanto para una intervención militar como para facilitar intereses económicos, como la instalación de empresas mineras o la desarticulación de movimientos sociales.

La capacidad operativa de la CIA no puede entenderse sin considerar la extensa red de colaboración que Estados Unidos mantiene en todo el mundo. Al respecto, el académico de la Universidad Nacional Autónoma de México indica que, en el mundo, “se calcula que alrededor de 800 mil, o hasta un millón de personas, trabajan directa o indirectamente para los aparatos de inteligencia de Estados Unidos”.

A lo anterior se suma una infraestructura militar que, de acuerdo con investigaciones del antropólogo David Vine, comprende alrededor de 800 bases militares distribuidas globalmente, entre 80 y 100 de ellas ubicadas en América Latina y el Caribe.

El doctor Nayar López advierte que el espionaje contemporáneo ya no depende exclusivamente de agentes infiltrados: Fundaciones, organismos de cooperación internacional y organizaciones dedicadas aparentemente a la promoción de la democracia, los derechos humanos o la libertad de prensa también forman parte de esa estrategia de influencia. Menciona entre ellas a la National Endowment for Democracy (NED), la USAID y otras organizaciones que “cumplen funciones que aparentan legitimar lo que dicen ser, pero muchas de esas actividades tienen objetivos políticos; no solamente es investigar u obtener información, también es operar oposiciones”.

Como ejemplo, recuerda que el expresidente boliviano Evo Morales expulsó a la DEA y a la USAID después de denunciar que financiaban a grupos opositores para generar inestabilidad política. También menciona el intercambio de agentes entre Cuba y Estados Unidos durante el restablecimiento de relaciones diplomáticas impulsado por Barack Obama y Raúl Castro como evidencia de que la actividad de inteligencia constituye una práctica permanente entre los Estados.

En ese contexto, López Castellanos considera que México continúa siendo un espacio estratégico para los intereses de Washington. Indica que históricamente los gobiernos mexicanos toleraron la presencia de agentes estadunidenses debido a la estrecha relación política y económica entre ambos países. “Los aparatos de seguridad mexicanos siempre se pensaron para vigilar internamente, no tanto ante amenazas externas, porque siempre hubo una complicidad con Estados Unidos y una alianza tácita con sus lógicas de seguridad nacional”.

Por ello, considera que el episodio de los agentes de la CIA en Chihuahua difícilmente puede entenderse como un hecho aislado. “Evidentemente sabían quién era ese agente y estaban colaborando con ese aparato de inteligencia”, sostiene, al referirse a la presencia de elementos estadunidenses junto con mandos policiacos estatales.

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Ambos especialistas coinciden, sin embargo, en que la soberanía no puede entenderse únicamente como un concepto jurídico o diplomático. Para Oliva, la seguridad nacional constituye el instrumento mediante el cual el Estado preserva su integridad y estabilidad democrática. “Para fortalecer la soberanía debemos fortalecer la seguridad nacional”.

Para el doctor Javier Oliva, la inteligencia civil no debe entenderse exclusivamente como espionaje, sino como un instrumento indispensable para anticipar riesgos y garantizar la estabilidad democrática. “Las democracias liberales requieren de la participación activa, aunque discreta, de los servicios de inteligencia para la seguridad nacional”.

El especialista agrega que las amenazas contemporáneas a la soberanía mexicana son mucho más amplias que el narcotráfico. Entre ellas menciona el crimen organizado, la migración irregular, el cambio climático, los fenómenos hidrometeorológicos y otros riesgos capaces de afectar la estabilidad nacional. “La función práctica de la seguridad nacional es garantizar, en condiciones de libertad y democracia, la estabilidad de una sociedad”.

Aun así, Oliva Posadas considera que México puede replantear los términos de la cooperación bilateral en materia de inteligencia. Más que cancelar esos mecanismos, propone fortalecerlos bajo criterios de reciprocidad. “Lo que podría hacer el gobierno mexicano sería pedir que los agentes mexicanos también tengan esa capacidad de desarrollar labores de inteligencia en Estados Unidos, como la que realizan los agentes estadunidenses en nuestro país”.

Sin embargo, López Castellanos sostiene que la vulnerabilidad de México no solo pasa por el ámbito de la inteligencia, sino también por la creciente disputa mediática y cultural. A su juicio, los medios de comunicación y las plataformas digitales se han convertido en uno de los principales escenarios donde se construyen las condiciones para desestabilizar gobiernos o influir en los procesos electorales.

“Hoy los medios ya no son el cuarto poder; son el poder”, afirma. A través de campañas permanentes, bots y estrategias de comunicación, explica, se construyen narrativas capaces de modificar percepciones sociales y resultados electorales. “Petro es un fracaso, Petro es un fracaso, la izquierda, los comunistas, el caos, el miedo… todo eso impacta”, ejemplifica, al describir la repetición sistemática de mensajes en redes sociales.

A su juicio, esa guerra informativa forma parte del mismo entramado de poder que integran las agencias de inteligencia, las corporaciones económicas, los grandes medios y las élites políticas. “No es solamente la CIA, no son solamente las bases militares; también son los empresarios, las derechas y los grandes capitales. Todo ese aparato está enfocado a mantener los privilegios de unas minorías”.

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Bajo esa lógica, advierte que las fuerzas progresistas mexicanas no pueden minimizar el peso de la batalla comunicacional rumbo a los próximos procesos electorales. “Si no se ponen las pilas, si no se concentran en lo que es fundamental, que son los medios de comunicación, en construir una propuesta alternativa y un programa serio, van a seguir perdiendo. Los pocos gobiernos progresistas que quedan quién sabe si vuelvan a ganar sus elecciones”.

Incluso alerta que, de mantenerse las condiciones actuales, las operaciones de inteligencia, la guerra mediática y las campañas de influencia podrían incidir de manera determinante en el futuro político del país. “No nos sorprendamos que en las elecciones de 2030 empiecen a impactar estas formas de control, de operación, de espionaje, de compra de personas y de acciones concretas”.

Finalmente, López Castellanos advierte que el escenario podría intensificarse en los próximos años. “Los imperios cuando están por caer se vuelven más violentos”, afirma. En ese contexto, considera que América Latina volverá a convertirse en uno de los principales espacios de disputa geopolítica y que México, por su posición estratégica y su estrecha relación con Estados Unidos, permanecerá en el centro de esa confrontación silenciosa.

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