El sector social de la economía: la pieza que falta frente al mercado

El sector social de la economía: la pieza que falta frente al mercado

Ilustración: Gemini IA

A partir de la década de 1980, el neoliberalismo se impuso en las universidades, de acuerdo con el trabajo de Sarah Babb[1]. La forma de medición utilizada fue analizar el principal teórico utilizado en las tesis emanadas de la Facultad de Economía de la UNAM. Lo que encontró esta autora fue un quiebre indiscutible. Mientras que en las décadas de 1940 a 1970 los autores dominantes eran Marx y Keynes, ya en la década perdida comenzaron a dominar las visiones provenientes de la Escuela Austriaca o la Universidad de Chicago, como es el caso de Milton Friedman o Hayek. Este tránsito llevó también a migrar del análisis de la economía política, la historia, la filosofía, la antropología, etc. a los territorios inhóspitos y fríos del modelo econométrico. La ciencia, que antes tenía como centro la discusión concreta del Estado y los problemas sociales, se redujo a una discusión abstracta de la productividad y la racionalidad que los individuos y las empresas deberían tomar en orden de alcanzar el mítico estado de equilibrio.

No fue solamente Marx, sino también Keynes quienes fueron exiliados del núcleo epistémico y pedagógico en la universidad pública. Como consecuencia, el sector social de la economía fue borrado totalmente, cada problema social se convirtió en una variable estocástica bajo el marco de artefactos estériles de la hipermatematización. Esto, por supuesto, no fue casual, o simplemente un rumbo tomado por la visión personal de sus directivos; se trató en realidad de una gran campaña de homogeneización bajo el nuevo paradigma del mercado. La afectación se volvió regla en prácticamente la mayoría de las escuelas de economía del mundo. El sistema del Premio Nobel más el control oligopólico de editoriales, revistas y espacios directivos permitieron instaurar plenamente ese modelo. El sector social fue olvidado y marginalizado.

Para definir el concepto, el sector social representa todas aquellas formas que no persiguen compulsivamente los objetivos de la economía capitalista. Tienen como antecedente todas las formas comunitarias y cooperativistas que no han podido ser subsumidas bajo la lógica del lucro. Pero debemos agregar que aquí también entra el fenómeno de aquellas formas que están en conflicto abierto bajo un proceso de explotación, es decir, el campo de trabajo cotidiano en empresas privadas en las que la lucha es por un salario digno. Pareciera un asunto del sector privado, pero no, es también un asunto del sector social.

Para abundar en esta discusión, debemos distinguir entre el significado de lo privado corporativo a escala de las grandes empresas trasnacionales, y lo que significan las pequeñas y medianas empresas (pymes) para el metabolismo económico de las diferentes comunidades. El primero es totalmente corporativo, es decir, especializado en ganancias especulativas inmediatas, los segundos corresponden a múltiples objetivos sociales, es por lo que este ámbito coincide de mejor manera con la esfera del sector social. El objetivo del trabajador colectivo es la reproducción de la vida, no del capital.

Si consideramos nuestra conceptualización de economía mixta social observamos los tres componentes de la totalidad económica orgánica: el sector estatal, el sector privado y el sector social. La economía neoclásica instalada aplicó un epistemicidio colectivo, desaparecieron y atacaron los temas del Estado al mismo tiempo que minimizaron las consecuencias civilizatorias de la economía de mercado sobre la población. El sueño del progreso y el arribo a la supuesta modernidad del primer mundo desarrollado se instaló en el imaginario común, la economía se limitó entonces al estudio de las necesidades exclusivas del sector privado. De aquí que la ciencia económica se confunda con un asunto de los negocios.

Frente a esta crisis es que la realidad misma se ha encargado de contradecir el automatismo y reduccionismo de esta visión. Al día de hoy queda fuera de discusión la centralidad renovada del Estado en la economía, así como una preocupación extendida por las consecuencias de ese desarrollo en el ámbito de la ecología, de las relaciones políticas y las relaciones interpersonales. No solamente se habla de derechos de identidad sino también derechos económicos esenciales que las poblaciones exigen: educación, salud, vivienda, pensiones, etc.; un cúmulo de necesidades con problemas crónicos, siempre contrastantes con la acelerada concentración de la riqueza en un núcleo compacto del 1 por ciento.

Es decir, la realidad ha generado ya un cambio estructural por el lado de las preocupaciones, pero aún todavía hace falta que también muten los métodos de estudio. Hoy en día ya las voces de los Premios Nobel no significan mucho para la comunidad, pero todavía sigue una burocracia que por la verticalidad de sus estructuras difícilmente encuentra los incentivos internos para renovarse radicalmente. Por ello es necesario impulsar cambios en los programas de estudios, no solamente con la consideración de los temas, sino también con la garantía a la pluralidad epistemológica que permita abordar los problemas nacionales desde una óptica adecuada, es decir, no a través de la visión del sector privado, tampoco exclusivamente mediante el enfoque estructural del sector público, sino a través del propio sector social.

Son tres elementos los que rescato para ampliar la perspectiva del funcionamiento mixto de la economía. El primero es la reforma al Artículo 2 constitucional que reconoció a los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas como sujetos de derecho público, lo que dio origen al Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social para los Pueblos Indígenas y Afromexicanos (FAISPIAM) con un presupuesto para 2026 de 13 mil 500 millones de pesos que las propias comunidades decidirán en asamblea[2]. Por otro lado, la reforma de 2024 a los Artículos 4 y 27, que elevó a rango de derecho constitucional los Programas para el Bienestar –pensión universal para adultos mayores, pensión para personas con discapacidad, Sembrando Vida, fertilizantes y precios de garantía– y blindó su presupuesto que hoy asciende a prácticamente 1 billón de pesos, monto que ya no puede disminuirse en términos reales de un año a otro. Y, en tercer lugar, tenemos una recuperación sistemática del salario mínimo, reducción de jornada laboral, reparto de utilidades, reformas pensionarias, promoción de la democratización sindical que fortalecen el mundo laboral en nuestro país.

En estos casos ocurre el mismo movimiento de fondo: lo que la economía neoclásica trataba como gasto asistencial discrecional se convierte en derecho constituido, exactamente el desplazamiento que ese paradigma había vuelto impensable. De hecho, la relevancia de esta recuperación mixta es recordar el sentido básico de las ciencias sociales: conocer la realidad concreta para poder transformarla; no tiene ningún sentido el crecimiento, por ejemplo, del PIB si este no se refleja en la mejora sostenida de las condiciones de vida del pueblo. Un dato contundente de esta tendencia son los 13.4 millones de mexicanas y mexicanos que abandonaron la pobreza multidimensional desde 2018. Recuperar esta visión nos amplía ahora el horizonte para identificar los nuevos procesos y las nuevas formas de medirlos en el tiempo; se trata de la necesidad, no solo de distinguir entre crecimiento y desarrollo, sino de dotarle de contenido social a este mismo.

Toda esta nueva necesidad ya está ocurriendo frente a la intensa crisis global que experimentamos, por ello el cambio de métodos en las universidades debe apresurar el paso para cumplir también su objetivo como parte de este tercer sector: incorporar el cooperativismo, la economía social y el pensamiento crítico a la currícula, y así generar las condiciones para que la comunidad alcance transformaciones cada vez más profundas.

 

Oscar David Rojas Silva*

*Economista (UdeG); maestro y doctor (UNAM) en crítica de la economía política. Académico de la FES Acatlán. Director del Centro de Estudios del Capitalismo Contemporáneo, y comunicador especializado en pensamiento crítico en Radio del Azufre y Academia del Azufre.

 

 

 

 

[1] Babb, S. (2003). Proyecto: México. Los economistas del nacionalismo al neoliberalismo. Fondo de Cultura Económica.

[2] Presidencia de la República. (3 de julio de 2026). Versión estenográfica. Plan de Justicia para el Pueblo P’urhépecha. Cherán, Michoacán. www.gob.mx/presidencia/articulos/version-estenografica-plan-de-justicia-para-el-pueblo-p-urhepecha-cheran-michoacan

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