Dos informes demuestran que la guerra ha convertido la atención sanitaria materna y neonatal en Gaza en ruinas: el 94 por ciento de los hospitales están dañados o destruidos. Incubadoras perdidas, abortos espontáneos, 2 mil 500 recién nacidos en cuidados intensivos y madres dando a luz en pasillos bajo la lluvia porque Israel bloquea medicamentos, alimentos y equipos. Las organizaciones denuncian que esas restricciones, sumadas a la desnutrición que afecta ya al 38 por ciento de las embarazadas, constituyen una violencia reproductiva sistemática que solo cederá si la comunidad internacional obliga al levantamiento del cerco y exige rendición de cuentas
Bratislava, Eslovaquia. Grupos de derechos humanos han exigido que Israel levante las restricciones sobre la entrada de medicamentos, alimentos y ayuda a Gaza. Esta demanda coincide con la publicación de dos informes el miércoles 14 de enero, que documentan cómo la atención sanitaria materna y reproductiva ha quedado prácticamente destruida en el país.
Médicos por los Derechos Humanos (junto con la Clínica Global de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago) y Médicos por los Derechos Humanos-Israel (PHR-I) muestran cómo la guerra en Gaza ha provocado un aumento de la mortalidad materna y neonatal, partos en condiciones peligrosas y la destrucción sistemática de los servicios de salud para las mujeres en Gaza.
Los informes ofrecen un análisis clínico detallado del colapso del sistema sanitario y sus consecuencias médicas, además de testimonios directos de médicos, mujeres embarazadas y lactantes que sobreviven en condiciones extremas mientras cuidan a sus recién nacidos.
Las organizaciones afirman que, dado que las condiciones han mejorado ligeramente en el actual alto al fuego, Israel debe retirar las restricciones impuestas a la ayuda y contribuir de inmediato a garantizar que la población de Gaza tenga acceso a la atención sanitaria que necesita.
“La destrucción por parte de Israel de la infraestructura sanitaria de Gaza, junto con la desnutrición no tratada resultante de las restricciones en el suministro de alimentos y medicamentos, incluida la leche maternizada, ha creado un entorno en el que los procesos biológicos fundamentales de la reproducción y la supervivencia han sido sistemáticamente destruidos”, afirmó Sam Zarifi, director ejecutivo de Médicos por los Derechos Humanos (PHR).

La situación “[…] ha provocado daños, dolor, sufrimiento y muerte conocidos y previsibles”, indicó. “Israel debe permitir inmediatamente la entrada de alimentos y material médico esencial en Gaza con un plan médico adecuado para ayudar a la población sitiada”.
Desde el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, las operaciones militares israelíes han arrasado Gaza y sus instalaciones sanitarias: el 94 por ciento de los hospitales han resultado dañados o destruidos, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef por sus siglas en inglés).
La atención sanitaria materna y reproductiva se ha visto afectada. Antes de la guerra, contaban con ocho unidades de cuidados intensivos neonatales (Ucin) con 178 incubadoras. Hoy en día, el número se ha reducido al 70 por ciento. En el norte, había 105 en tres Ucin. Ahora, casi no quedan unidades funcionales, según informó la Unicef.
De igual manera, constata que, frente a los niveles previos a la guerra, el bajo peso al nacer casi se ha triplicado y las muertes en el primer día de vida han aumentado un 75 por ciento.
Los informes de PHR y PHR-I pintan un panorama similar
Entre enero y octubre de 2025 –cuando se acordó el alto el fuego–, la tasa de natalidad en Gaza bajó un 41 por ciento frente al mismo lapso de 2022, según datos del Ministerio de Salud palestino recogidos en el informe de PHR.
En ese mismo tiempo, hubo un aumento significativo de los abortos espontáneos que afectaron a más de 2 mil 600 mujeres. Además, se registraron 220 muertes previas al parto.
De igual manera, el ministerio reportó un marcado incremento de los partos prematuros y el bajo peso al nacer: 1 mil 460 niños nacieron antes de término y 2 mil 500 requirieron ingreso en cuidados intensivos neonatales. Las muertes de recién nacidos también aumentaron, al menos 21 bebés fallecieron en su primer día de vida.
Los testimonios recogidos por PHR-I retratan el calvario de las embarazadas y las madres de recién nacidos en Gaza: sin rutas seguras para la atención médica, pariendo en condiciones insalubres y peligrosas, y luchando contra el hambre mientras amamantaban con escasez de alimentos.
Una mujer, Samah Muhammad Abu Mustafa, de 30 años y madre de dos hijos –llamados Khuza’a, Khan Youni–, describió cómo, cuando comenzaron las contracciones en mitad de la noche, al no haber vehículos y muy pocas ambulancias, que se reservan para bombardeos u otras emergencias críticas, tuvo que caminar una larga distancia bajo la lluvia. Cuando finalmente llegó al hospital, todo allí era “horrible”.
“Juro que una mujer dio a luz en el pasillo y su bebé murió. Había mucha gente y los médicos trabajaban sin descanso. Sentía que podía dar a luz en cualquier momento. Después de dar a luz a mi hija mayor, me dijeron que no debía volver a dar a luz de forma natural porque mi pelvis era demasiado estrecha”, recordó.

A pesar de ello, detalló, “los médicos me dijeron que tendría que dar a luz de forma natural porque una cesárea requería anestesia y no había suficiente disponible. Estuve de pie durante tres horas hasta que finalmente llegó mi turno, sin sentarme ni un momento”.
A pesar del alto el fuego de octubre de 2025, siguen existiendo enormes problemas en el acceso de las mujeres a la atención sanitaria materna y reproductiva en Gaza y en su prestación.
“Las unidades de salud materna en Gaza son en gran medida inoperativas y se enfrentan a una grave escasez de medicamentos esenciales, consumibles y equipos”, dijo a IPS Lama Bakri, coordinadora de proyectos del Departamento de Territorios Ocupados de PHR-I.
“Los equipos neonatales y de diagnóstico siguen siendo escasos o están bloqueados, incluidas las incubadoras portátiles para recién nacidos prematuros y con bajo peso al nacer. Aunque ha llegado algo de ayuda desde el alto el fuego, estas carencias no se están abordando a la escala necesaria, y no es probable que se produzca una mejora significativa en un futuro inmediato”, agregó.
La malnutrición también sigue siendo un problema grave.
“El alto el fuego nos ha permitido ampliar significativamente nuestra respuesta nutricional, pero seguimos tratando a un número alarmantemente alto de mujeres embarazadas y lactantes por desnutrición aguda”, indicó a IPS Ricardo Pires, director de comunicación de la División de Comunicación Global y Promoción de Unicef.
Asimismo, afirmó que entre julio y septiembre de 2025, alrededor del 38 por ciento de las mujeres embarazadas examinadas fueron diagnosticadas con desnutrición aguda.
“Solo en octubre, ingresamos a 8 mil 300 mujeres embarazadas y lactantes para recibir tratamiento, unas 270 al día, en un lugar donde no se observaba desnutrición apreciable entre este grupo antes de octubre de 2023”, comentó.
Unicef ha documentado casi 6 mil 800 niños ingresados para recibir tratamiento por desnutrición aguda en noviembre de 2025, frente a los 4 mil 700 casos en el mismo mes de 2024.
El número de casos ingresados se ha más que duplicado en 2025 en comparación con el año previo: casi 89 mil ingresos de niños hasta el cierre del estudio, frente a los 40 mil de 2024 y casi ninguno antes de 2023.
“Lo que estamos viendo es que ningún niño cumple las normas mínimas de diversidad alimentaria, y dos tercios de los niños sobreviven con solo dos grupos de alimentos o menos. Alrededor de 90 por ciento de los cuidadores informaron de que sus hijos habían estado enfermos en las dos semanas anteriores, lo que agrava la crisis de desnutrición”, señaló Pires.
Y hay temores por el futuro demográfico a largo plazo de Gaza, debido al daño causado a la atención sanitaria materna y reproductiva.
“Las implicaciones para el futuro demográfico de Gaza son graves. Incluso con la reconstrucción, tendremos que lidiar con una generación de niños que quedaron marcados antes de dar su primer aliento, niños que pueden enfrentarse a complicaciones de salud de por vida, problemas de desarrollo y los efectos del retraso en el crecimiento”, afirmó Pires.
E insistió en que “la reconstrucción debe comenzar ahora, pero debemos ser realistas: el daño a la salud materna y neonatal tendrá repercusiones durante años, posiblemente décadas”.

Sin embargo, otros afirman que, con la cooperación entre los actores internacionales y la voluntad política adecuada, la situación no tiene por qué seguir siendo tan grave.
“Rehabilitar a la población después de todo lo que ha sucedido va a ser un verdadero problema, [pero] ahora hay una Junta de Paz, y se pueden priorizar las necesidades de las mujeres embarazadas y la atención sanitaria materna y reproductiva”, señaló Zarifi a IPS.
Bakri añadió que “los habitantes de Gaza y los trabajadores sanitarios de Gaza tienen la capacidad y la voluntad de reconstruir el sistema sanitario, incluidos los servicios de salud materna y reproductiva. El principal obstáculo no es técnico ni profesional, sino político: el control de Israel sobre las fronteras de Gaza y las restricciones a la entrada de equipos esenciales, suministros médicos y materiales de reconstrucción”.
Agregó que “con acceso sin restricciones a lo que se necesita para rehabilitar los hospitales, reconstruir las unidades destruidas y reponer los medicamentos esenciales, la recuperación es totalmente factible”.
“Que la atención sanitaria materna y reproductiva pueda volver a los niveles anteriores a la guerra depende de la presión internacional sostenida para permitir ese acceso”, insistió.
Aunque ha entrado alguna ayuda desde el alto el fuego, estas carencias no se están abordando a la escala necesaria, y sigue siendo poco probable que se produzca una mejora significativa en un futuro inmediato.
Sin embargo, mientras tanto, organizaciones como PHR y PHR-I y otras, junto con organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), subrayan que cualquier recuperación y reconstrucción en Gaza requiere que se mantenga y consolide el alto el fuego. Las repetidas violaciones ponen de relieve su fragilidad y el efecto que tiene en las mujeres.
Mientras tanto, PHR y PHR-I señalan que las condiciones meteorológicas extremas y las continuas restricciones israelíes al acceso a medicamentos y alimentos siguen afectando a las mujeres embarazadas, las madres primerizas y los bebés.
Además, Israel ha anunciado que prohibirá a 37 grupos de ayuda internacional trabajar en Gaza, lo que podría agravar los problemas.
Bakri afirmó que estas medidas ponen en peligro los pequeños avances logrados desde el alto el fuego y “suscitan serias dudas sobre si la situación puede mejorar”.
“Incluso después del alto el fuego, aunque los bombardeos han disminuido, la realidad a la que se enfrentan estas mujeres sigue siendo catastrófica, no solo para sus cuerpos y su bienestar, sino para la supervivencia de toda la sociedad”.
Por su parte, Zarifi añadió: “Nos preocupa que las restricciones impuestas por Israel a algunos de los principales actores de la respuesta humanitaria dificulten el acceso a la ayuda de quienes la necesitan”.
“Hemos preguntado al gobierno israelí por qué no se permite la entrada de determinados medicamentos en Gaza y nos han respondido que no impiden su entrada, pero que solo pueden introducirse por medios comerciales. Esto resulta difícil para personas que apenas pueden reunir dinero. Estos medicamentos deberían entrar sin duda por canales humanitarios”.
Asimismo, Zarifi destacó la importancia de la cuestión de la rendición de cuentas para garantizar que se avance en la reconstrucción de la atención sanitaria en Gaza y se limite la probabilidad de que se produzcan devastaciones similares en el futuro.
Ambos informes concluyen que los daños causados por los ataques israelíes no son incidentes aislados, sino parte de un patrón continuo de daños sistemáticos a la salud de las mujeres y sus hijos en Gaza, lo que equivale a violencia reproductiva.
Israel ha negado estas afirmaciones. De igual manera, ha asegurado que los ataques se deben a que las instalaciones médicas están siendo utilizadas por Hamas, y ha mantenido que sus fuerzas respetan el derecho internacional.
Si bien, según el derecho internacional, las instalaciones sanitarias gozan de protección especial incluso en tiempo de guerra y están prohibidos los ataques contra ellas, esto se pierde si se considera que cumplen los criterios para ser consideradas objetivos militares, como albergar a militares y armas.
Sin embargo, cualquier ataque contra ellas debe seguir respetando los principios fundamentales de distinción, proporcionalidad y precaución en los ataques, y el incumplimiento constituye una violación, según la ONU.
“Estos ataques forman parte de una política deliberada diseñada para crear un efecto dominó de sufrimiento”, dijo Bakri. Y agregó: “Desde la hambruna y la distribución militarizada de la ayuda por parte del GHF, hasta la falta de acceso a agua potable, las repetidas órdenes de desplazamiento, la vida en refugios bajo bombardeos continuos y la exposición a infecciones, enfermedades y condiciones climáticas adversas, los ataques a la atención sanitaria materna y reproductiva son otra pieza de este rompecabezas”.
En conjunto, dijo: “Estas condiciones se crearon para destruir sistemáticamente el tejido de la vida en Gaza y reducir la capacidad de supervivencia de la población”.
“El gobierno israelí ha justificado los ataques contra las instalaciones sanitarias diciendo que se trataba de un problema causado por Hamas. No tenemos indicios de ello, pero podría ser cierto. En cualquier caso, es necesario investigar estos incidentes y esperamos que el Gobierno israelí lleve a cabo dicha investigación”, sostuvo Zarifi.
Pero, añadió, “lo que realmente nos alarma es que se han violado repetidamente las normas que prohíben los ataques contra la asistencia sanitaria, y también parece que se han violado las leyes que regulan la protección de las mujeres y los niños. Lo único que hace que estas normas funcionen es la rendición de cuentas”.
“Tiene que haber rendición de cuentas por lo que ha ocurrido, ya que es la única forma de garantizar que lo que ha ocurrido no vuelva a ocurrir en otros conflictos. La impunidad es observada por otros actores en todo el mundo”, demandó.
Ed Holt/Inter Press Service (IPS)*
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