Guillermo Héctor Rodríguez: vida y obra

Guillermo Héctor Rodríguez: vida y obra

Nacido en 1910 y muerto en 1988, el pensador mexicano Guillermo Héctor Rodríguez dejó la perdurable impronta de su sabiduría, reflexiones impecables e implacables y el conocimiento universal en la recreación crítica de su filosofar kantiano-kelseniano una obra que inició en 1947 durante su magistral magisterio hasta el final de su vida. Maestro en el más acabado concepto, en las aulas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), motivó a pensar por uno mismo, tal y como propuso Kant con el “¡Atrévete a pensar! (¡Sapere aude!)”. Sembró las semillas que han dado árboles frondosos, la obra de Kant y Kelsen, y la ilustración para la comprensión y educación en las ciencias naturales de fundamento matemático y las ciencias sociales de fundamento jurídico.


Su vida fue el magisterio universitario tras licenciarse en las facultades de Filosofía y Derecho de la UNAM y darse de alta en ellas, respectivamente, como profesor por oposición en las cátedras de ética y teoría del conocimiento (para dar a conocer las corrientes kantianas como métodos de reflexión, es decir, para filosofar críticamente). Fue un maestro, un educador, pero no un “el maestro dice” (magister dixit), pues convocaba –como un igual en las aulas– a que cada uno pensara por sí mismo los problemas para recrear las soluciones sobre el factum, las raíces, del modo de pensar y conocer que se inauguró desde La Sofistica de Atenas, con Protágoras de Abdera a la cabeza (Demócrito, Fidias, Eurípides) y arribar así al faro parteaguas que es Immanuel Kant y el pensar crítico.

Su primera publicación (inexplicablemente no reeditada ni por su alma máter) fue Ética y jurisprudencia, cuyo índice y notas con bibliografía fundamental son relevantes. Esa investigación de textos de la filosofía crítica (la mayoría traducido por Wenceslao Roces) no conocidos de la ilustración kantiana es el Archivo de metodología científica, que, con los escasos recursos de su paga como profesor, el autor realizó como pedagogía escrita para los estudiosos y conocimiento hasta de quienes discrepaban y combatían el pensamiento del giro copernicano de Kant en su más consecuente reinterpretación, con innovaciones desde entonces a la luz de las divisas: “¡Volvamos a Kant!” y “¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento!”

Defensor racional-racionalista que a través de las discusiones públicas en las aulas universitarias (versus Samuel Ramos, Emilio Uranga, Antonio Caso, Recaséns Siches), y en el periódico que abrió sus páginas a la libre polémica, El Universal, dejó una cualitativa obra inédita que sólo el Centro de Estudios Kantianos, de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, coordina brillantemente la doctora Dulce María Granja Castro, es dignísimo lugar para albergarla. La obra es una singular interpretación de los Diálogos de Platón, el venerado metafísico por los seguidores de que “Dios es la medida de todas las cosas”, contra el postulado crítico-racionalista: “El hombre es la medida de todas las cosas”, que se afianzó en la Atenas de Pericles y Tucídides, para continuar en Kant, Newton, Copérnico, Mozart, Schiller, Beethoven y seguir en Tocquevielle, Popper y Einstein.

Platón fue un tergiversador de las enseñanzas de su maestro Sócrates (por preguntas y respuestas), un difamador de La Sofística; la presencia en Atenas de los pensadores que sustentaron su filosofar a partir de las creaciones de la Humanidad a través de sus individualidades (consultar de Filóstrato Vidas de los sofistas; los ensayos de Hussey, Burnet y Vlastos, Los sofistas y Sócrates; de Alfredo Llanos, Los viejos sofistas y el humanismo; los textos de Protágoras de Abdera, edición de José Solana; y de Jacqueline de Romilly, Los grandes sofistas en la Atenas de Pericles). Guillermo Héctor Rodríguez, erudito en el tema, había leído y estudiado la mayoría de la literatura sobre Platón; al que Karl R Popper, en su siempre actual trabajo La sociedad abierta y sus enemigos, puso bajo la lupa crítica, filosófica y política, para fijarlo como precursor de las autocracias y adversario de la sociedad abierta o democracia. Asimismo situó a Platón como el iniciador de la metafísica, ese “teatro de las disputas sin término”, según Immanuel Kant.

En este aniversario de la muerte de Guillermo Héctor Rodríguez (1910-2010) hay que releerlo, ya que su nacimiento intelectual tiene lugar en 1947 cuando publica su Ética y jurisprudencia, obra que es todo un programa de estudios, reflexión y divulgación pedagógica para lo que fue su vida: enseñar y filosofar por cuenta propia a quienes tuvimos la oportunidad de, formal e informalmente, asistir a sus más que clases, conversaciones con alumnos a los que trataba como iguales, proporcionándoles sus conocimientos de sabio y pensador, como de filosofía, derecho, ciencias, sicología, música, (Mozart, Beethoven…). En ese centenario, queda la vida y la obra de este kantiano-kelseniano, con la virtud de la tolerancia y la crítica democrática de la discusión.

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Autor: Guillermo Héctor Rodríguez

Título: Ética y jurisprudencia

Fuente: Contralínea 181 / 9 de mayo de 2010

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