Mujeres acuerpan defensa del territorio en el Istmo de Tehuantepec

Mujeres acuerpan defensa del territorio en el Istmo de Tehuantepec

mujeres ikoot han sido las “principalas” promotoras de la resistencia contra los “megaproyectos de muerte” impuestos en el Istmo de Tehuantepec

“Somos defensoras de la vida, estamos peleando para que no nos quiten lo que es de nosotras”

Bettina Cruz

Las mujeres ikoots (también conocidas como wabes) han sido las “principalas” promotoras de la resistencia contra los “megaproyectos de muerte” impuestos en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Son las compañeras quienes han incitado la reconstitución de nuestras asambleas comunales, ante la fragmentación de su comunalidad, asevera en entrevista Josefa Sánchez Contreras, indígena zoque y opositora al Corredor Interoceánico.

Con voz fuerte y el ceño fruncido, Josefa asegura que las mujeres de San Mateo del Mar y de San Dionisio del Mar han resistido y desafiado –durante una década– los marcos jurídicos nacionales, los cuales reconocen a un sujeto agrario “predominantemente masculino” y lo facultan para constituir las asambleas y la toma de decisiones.

Es por ello que la integrante del Congreso Nacional Indígena reconoce que la lucha de mujeres en el Istmo “no ha sido fácil”: además de afrontar las leyes pensadas para hombres, luchan contra la división interna del pueblo. Y es que en San Mateo del Mar hay dos tipos de gobiernos: el nombrado por la asamblea –el autogobierno del pueblo ikoot– y el priísta “que ni siquiera puede estar ahí en el pueblo”.

Gracias al modo de vida comunal, basado en la pesca y la milpa, no se han podido instalar la mitad de aerogeneradores. Además de que el pueblo ikoot,  no ha aceptado el proyecto eólico “mediante acciones directas y jurídicas”. La activista recuerda que el convenio internacional 169 de la OIT establece que la consulta a los pueblos indígenas sobre la instalación de megaproyectos debe ser previa e informada.

Josefa Sánchez Contreras denuncia que las indígenas en resistencia han sido amedrentadas y atacadas porque: “qué hace una mujer ahí corriendo a sacar la maquinaria, en las tomas o asambleas”.

De acuerdo con el Informe de la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras 2016, Oaxaca es la entidad en donde se agrede en mayor medida a mujeres defensoras: de 2012 a 2016 se registraron 648 agresiones contra mujeres que defienden la tierra y el territorio.

La resistencia de Bettina Cruz

Así como las ikoots luchan por la reconstitución de sus asambleas, las mujeres zoques y zapotecas se han “levantado” y organizado, explica Josefa Sánchez. Agrega que en el caso de la luchadora Bettina Cruz Velázquez –con sus hijas y más compañeras– ha sido vocera de la Asamblea de Pueblos Indígenas en Defensa de la Tierra y el Territorio en varios pueblos del Istmo.

El territorio zapoteca, en “gran parte de la planicie”, es donde han logrado imponer los proyectos eólicos de la empresa Électricité de France, una de las principales empresas inversoras en América y África para la generación de energías eólicas, apunta.

En toda la planicie zapoteca la tenencia comunal de la tierra también está “muy desmantelada” debido a que –desde la década de 1970– fue desaparecido el asesor de bienes comunales. Desde entonces, la comunidad zapoteca de las planicies no tiene comisariado y “las empresas firman con los municipios y supuestos pequeños propietarios: hay “gran arbitrariedad de la tenencia de la tierra”.

La integrante del Congreso Nacional Indígena explica que, pese a que el padrón de comuneros esté constituido por hombres, de forma alternativa han conformado su colectivo de Mujeres en Defensa del Territorio.

Defensa de los Chimalapas

Josefa Sánchez –la única mujer en la Comisión Agraria de San Miguel Chimalapa, una de las regiones más biodiversas de México– denuncia que el principal problema al que se enfrentan en su comunidad es el extractivismo de las mineras canadienses. Ante la amenaza, la maestra en estudios latinoamericanos expone que “tenemos una solidez en nuestra tenencia comunal que se entiende por una lucha histórica”.

Ante ello, la comunidad agraria también está “logrando reconstituir nuestra asamblea”. Josefa ha tenido que “abrirse brecha, porque luego se tiene mucho a tradición que son únicamente los hombres los que han constituido esas comisiones agrarias o son ellos los que ocupan los cargos de comisariados, etcétera”.

Para la comunera, el problema  no es que los hombres vayan al frente, sino que “los emborrachan y les hacen firmar contratos con las empresas. Ése es el problema”. Josefa Sánchez enfatiza que “no es una lucha entre hombres y mujeres” sino de la relación “patriarcal” forjada en las instancias agrarias.

La maestra Sánchez Contreras indica que a pesar de que las comunidades han manifestado su derecho al territorio, muchos comuneros han firmado contratos sin antes consultarle al pueblo.

El extractivismo es “feminicida”

Josefa Sánchez considera que el extractivismo y el despojo son “una guerra contra los pueblos, pero principalmente contra nosotras”. De ahí la necesidad de un posicionamiento como mujeres en la organización interna de los pueblos que conforman el Istmo, pues considera que se debe “identificar” y nombrar el despojo y el extractivismo como “feminicidas”.

El análisis Mujeres contra el extractivismo, colonialismo y patriarcado en América Latina advierte que son ellas quienes sufren las mayores consecuencias del extractivismo: “se encadena al patriarcado con políticas de violencia específica contra los cuerpos de las mujeres: represión, criminalización, control de la reproducción, negociación política y violencias machistas”.

En el Istmo de Tehuantepec, las mujeres ikootz y zapotecas se han organizado y reflexionado sobre qué pasa con su relación con la tenencia de la tierra: “con nuestra posición en la defensa del territorio y el diálogo”. Agrega que “le apostamos a seguir tejiendo vínculos, resistencias desde la posibilidad de otros modos de vida y existencia, de nuestra comunalidad”.

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Jordana González

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