Víctimas de violencia sexual demandan al INE reparación por $20 millones

Víctimas de violencia sexual demandan al INE reparación por $20 millones

El 18 de septiembre pasado, el Instituto Nacional Electoral (INE) fue notificado de una demanda por daño moral interpuesta en su contra por dos víctimas de hostigamiento sexual: Karla y Margarita, trabajadora y extrabajadora de la institución que encabeza el doctor Lorenzo Córdova Vianello.

Ambas mujeres fueron –en distintos momentos– subordinadas del licenciado Jorge Eduardo Lavoignet Vásquez, y atacadas sexualmente por éste, y ante las omisiones del INE en torno a sus denuncias decidieron llevar su caso a tribunales, y reclamar una reparación del daño por poco más de 20 millones de pesos.

La demanda se da a unos días de que el Instituto destituyera como director del Secretariado al funcionario, luego de que en la investigación interna por el caso de Karla se acreditara que Lavoignet Vásquez se aprovechó de su cargo público para cometer infracciones graves, consistentes en hostigamiento sexual y laboral, en contra de la joven.

De acuerdo con el escrito presentado por Luis Hernández, abogado de las víctimas, se demanda por daño moral al INE por “actividad irregular del Estado”, al no garantizar un ambiente libre de violencia de género y demás omisiones en torno a las denuncias que las mujeres presentaron a la propia institución.

La reparación económica exigida –dividida en partes iguales entre las dos víctimas– se reclama por el “daño objetivo y directo” que sufrieron por parte del personal directivo del Instituto, en específico por las agresiones sexuales en las que habría incurrido Lavoignet.

Agrega que se demanda el pago de los gastos médicos, tratamiento psicológico y todo tipo de tratamiento que se les deba aplicar para su recuperación integral.

En su calidad de víctimas, Karla y Margarita alegan que sufrieron daño moral, personal e irreversible. Y es que ambas fueron agredidas sexualmente por su entonces jefe, quien les exigía favores sexuales a cambio de que conservaran su trabajo.

La historia de Karla, confirmada ya por la propia autoridad electoral, comenzó el 1 de septiembre de 2014, fecha en que fue adscrita a la oficina de Lavoignet. Ahí dio inicio el acoso y hostigamiento sexual, y empeoró en agosto de 2015, cuando vencía su contrato.

 “Me llamó para, según su dicho, preguntarme cómo me sentía trabajando en la Oficialía Electoral; una vez sentada en su oficina, que tiene una sala con sillones y un escritorio con dos sillas, él se levantó de su silla y

se paró junto a mí, me pidió que me levantara para saludarme bien, a lo cual accedí, y cuando lo hice intentó besarme. Como yo traía un vestido, introdujo su mano en mi entrepierna”, indica en su denuncia que derivó en la destitución de Lavoignet.

Luego de ofrecerle una plaza de auxiliar jurídico en la Dirección del Secretariado, Lavoignet le hizo “obligatorio el cobro del favor”. Cuando la mandaba llamar, él se cobraba con tocamientos cada vez más agresivos, hasta que eso no le bastó y le exigió tener relaciones sexuales a cambio de su permanencia en el trabajo.

“Quizá por miedo a las consecuencias de decirle que no o por no tener mis convicciones firmes, no sé por qué pero me dio tanto miedo decirle que no. Era algo que yo no quería hacer… Tal vez por no perder mi trabajo, pero accedí”, narró Karla en entrevista con Contralínea.

El caso de Margarita es similar. En su denuncia que presentó en el propio Instituto luego de ser despedida, narra que “en el año 2012 comenzaron los primeros hostigamientos. Era algo que podía dejar de lado: besos en la mejilla, abrazos, el saludo dirigiendo su mano hacia mi

glúteo por parte del licenciado Jorge Lavoignet. Conducta que realizó en varias ocasiones”.

Líneas más adelante, la víctima refiere que en 2015, el directivo le ofreció renovar su contrato. “Cuando me presento [a su oficina] a firmar dicho contrato noté de inmediato el acercamiento por parte de Lavoignet, quien me manifestó que si deseaba ser su amiga y que, de ser así, las cosas me iban a favorecer, poniendo su mano en mi pierna y sentándose a mi lado”.

Margarita detalla que de inmediato se levantó del asiento, le dio las gracias y se retiró a su área de trabajo. Entonces laboraba como edecán en otra área pero la mandaban constantemente a atender las necesidades del directivo.

 “De ahí [en adelante] los saludos y las despedidas comenzaron a ser un poco incómodas: [él] trataba de darme un beso en la mejilla pero direccionaba su boca hacia la mía, y su mano siempre la dirigía hacia mi glúteo.” Margarita no aceptó ser “amiga” de Lavoignet y perdió su trabajo.

Ahora, ambas víctimas buscan que la justicia falle a su favor y el INE sea obligado a reparar estos daños.

Nancy Flores

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