El oficio de la ficción tiene en el periodismo varios ejemplos de cómo se establecen narrativas a costa de la desinformación. El 25 de marzo pasado se publicó una columna en el diario El Financiero digna de considerarse ficticia, pero también de analizarse; lleva por título La traición de Cuba.
Trece párrafos de un invento del invento de un debate sin fundamento, así lo caracterizó la presidenta Claudia Sheinbaum en su conferencia de prensa. La primera mandataria señaló algo que merece mucho la atención: “Ese señor no es periodista, es escritor de ciencia ficción. No tiene nada que ver con el periodismo, nada, nada, nada, nada, nada. ¿De dónde saca lo que dice? ¿Qué pruebas tiene?”
Uno de los elementos teóricos del periodismo es su función social, “dar voz a los sin voz”, actuar como intermediario, ser puente entre los hechos y la audiencia con criterios éticos como la veracidad. Considera también las distintas fuentes de las cuales se nutre el periodista, las testimoniales, las voces expertas, las documentales; y establece, desde luego, criterios en la selección de los recursos informativos: veracidad, pluralidad, responsabilidad y equidad.
Sin embargo, quien escribió la columna sobre la supuesta traición cubana decidió darle voz a The Washington Post. Se puede entender que la disminución desde 2013 del tiraje de este medio corporativo sea un elemento teórico –y hasta metodológico– para “darle voz a los sin voz”, con la reducción de los más de 800 mil ejemplares vendidos los domingos. O quizá su segunda fuente pública, The Objective, tenga también una caída en las visitas a su portal.
Pero es necesario analizar cuál es la voz en off del editorial de The Washington Post que recuperó el escritor de ciencia ficción del complot narcocubano en México. Este periódico estadunidense ha narrado una y otra vez la existencia de supuestos narcolaboratorios en México de fentanilo, y asegura que “La mejor manera de ayudar al pueblo cubano, por supuesto, sería liberarlos de la dictadura que ha fracasado para resolver sus necesidades por más de medio siglo”.
Quien suele leer comúnmente los periódicos –una práctica que va en picada en cierta población mundial– podrá recordar que dicha frase fue recuperada por el embajador estadunidense en México, Ronald Johnson, y que dio titulares a lo largo y ancho del país. El funcionario, ex boina verde y exasesor del Comando Sur, mencionó en sus redes sociales: “Parafraseando al secretario de Estado, Marco Rubio, la mejor forma de ayudar al pueblo cubano es empoderándolo, no al régimen que los ha oprimido durante décadas”. Por cierto, dicha declaración fue después de que el expresidente López Obrador rompiera por tercera vez su retiro de la política para hacer un llamado a la solidaridad con el pueblo cubano.
La otra fuente, The Objective, intenta establecer una segunda matriz de opinión: “Como si 67 años de dictadura y penuria no fueran suficiente castigo, a los cubanos les ha caído una plaga bíblica”. Pero ni una palabra hay del flagelo del llamado “bloqueo económico”, o para decirlo con mayor exactitud, el establecimiento de Medidas Coercitivas Unilaterales, cuya prohibición ha sido votada por la ONU –así como el bloqueo–, y pese a la mayoría de votos en contra, el ejercicio unilateral continúa.
A Cuba, este boicot inhumano y atroz con características genocidas le cuesta, desde 1962, perjuicios por 2 billones 103 mil 897 millones de dólares. Entre marzo de 2024 y febrero de 2025, el costo de la obstrucción fue cuantificado por el gobierno cubano por 7 mil 556 millones de dólares.
El acorralamiento impide derechos básicos en la isla, como que se efectúen operaciones médicas o que las infancias tengan acceso a material educativo; y tras el bloqueo petrolero impuesto por Donald Trump, los apagones afectan todas las áreas de la vida social y económica. Si de recuperar historias de la guerra fría se trata, el bloqueo es una de ellas; la otra es la información pública con la que cuenta el Archivo de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. Un ejemplo de ello es el caso de Luis Posada Carriles.
Fuente: National Security Archive, Electronic Briefing Book No. 218Para quienes estén interesados en la historia de la guerra fría en América Latina, que para nada fue fría, una de las fuentes obligadas es el NSA, pues ha permitido a historiadores y a expertos en ciencias sociales reconstruir la participación de varias instituciones estadunidenses en golpes de Estado y procesos de desestabilización. El caso Posada Carriles consta de siete documentos que se pueden consultar en el Archivo Nacional de Seguridad.

Fuente: National Security Archive
La tercera referencia para la ciencia ficción es “una fuente estadunidense”, la cual “tiene información de que Cuba quiere su Playa Girón en México”. Y agrega también que “Cuba está ofreciendo armas a los cárteles en México. Quieren calentar la plaza”. El mínimo rigor en ciencias sociales es el contraste de recursos informativos y, con datos “de la fuente estadunidense”, o sea de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, es conocido que al menos entre siete y ocho de cada 10 armas ilegales en México que provienen de Estados Unidos terminan en manos del narcotráfico.
Basta recordar lo que fue el Operativo Rápido y Furioso, en el que se introdujeron armas desde el país vecino y que terminaron en manos de grupos delictivos. Sin embargo, el hilo conductor es establecer que son los gobiernos de izquierda los que tienen supuestos vínculos con el narcotráfico. ¿Y García Luna? Hasta el Cartel de los Soles dejó de existir para el Departamento de Justicia en la sentencia contra el presidente Nicolás Maduro, manufacturación de consenso, por cierto, creada precisamente por los medios de comunicación corporativos que establecen narrativas a nivel internacional, las cuales sirven para secuestrar presidentes o acusar a la izquierda de codearse con el crimen organizado.
Para dejarlo claro, vincular a los gobiernos progresistas con el narcotráfico es la narrativa del Departamento de Estado, del Departamento de Justicia, o de la mentira. Y se traduce, además, en política pública, como la denominada Iniciativa Escudo de las Américas, que pretende bombardear a grupos criminales, pero terminan atacando a campesinos, como ocurrió en Ecuador.
Ni argumento, ni ética, ni servicio social, mucho menos periodismo. Estos trece párrafos demuestran que las ficciones establecidas por quienes dan voz a gobiernos extranjeros que, a su vez, tienen voz en los principales medios de comunicación hegemónicos y corporativos, construyen narrativas que propician la desinformación en forma de inventos, de debates sin fundamentos. Neopolkos les dijo otro periodista hace varias décadas. Y como dijo la presidenta: “Bueno, hay algunos que lo leen porque toman de ahí su información para escribir otra columna, es su fuente de información”.
Aníbal García Fernández*
*Doctor, magister y licenciado en estudios latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Miembro de los grupos de trabajo de CLACSO “Crisis y economía mundial” y “Violencias en Centroamérica”. Sus principales líneas de estudio son la Guerra Fría Interamericana, geopolítica energética, dependencia e integración latinoamericana, militarismo y relaciones económicas entre Estados Unidos y América Latina.
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