Hasta en las democracias, atacar al periodismo es la regla autoritaria

Hasta en las democracias, atacar al periodismo es la regla autoritaria

Otro fantasma, que se materializa, recorre al Mundo –utilizando la metáfora de Carl Marx en su todavía vigente Manifiesto del Partido Comunista, a pesar de que este movimiento proletario se ha desvanecido hasta en la misma China, su último bastión al promover el capitalismo de gobierno para competir con los capitalismos y comerciar con ellos en esos mercados (y el contrabando) de Europa, América Latina y el Continente Africano–. Ese nuevo fantasma lo representan los constantes ataques –que no críticas– a las tareas de la prensa, sobre todo escrita.

Esa prensa que está en su forzada retirada por el embate de otros medios de información desplegados en las redes sociales, teléfonos móviles y demás tecnologías, presionándola para reducir el tiraje de los diarios; cuyos sobrevivientes luchan desesperadamente por resistir su muerte anunciada. Reporteros, editores, columnistas, caricaturistas, analistas e investigadores, con el factor común de los hechos, sufren las embestidas de toda clase de políticos en los gobiernos y poderes de los Estados-del-Estado, como estructura de medios jurídicos para hacer posible los fines de la política en general.

Los Trump del mundo, siguiendo el ejemplo de Donald Trump, el Führer que abortó “el huevo de la serpiente” estadunidense, seudorrepublicano, es la peste (¡oh, Albert Camus!) que contamina a los gobernantes que no encuentran a otro enemigo a quien culpar de que, como contrapeso, el periodismo, aún en sus estertores, es el músculo cardiaco de los sistemas más o menos democráticos y republicanos auténticos, también más o menos. Sin la prensa y sus integrantes, desde Johannes Gutenberg pasando por los linotipos hasta llegar a las computadoras, lo que con limitaciones nació en Atenas no existiría y solamente tendríamos Espartas, Hitlers, neonazis, Trumps, tratando con mayor o menor éxito de implantar autoritarismos que disfrazan autocracias, populismos y hasta esas democracias infectadas por el virus de la peste que esparcen las ratas que Camus nos ha descrito y advertido.

El gran periodista catalán Eugenio Xammar (1888-1973) nos dejó sus columnas; artículos que desmenuzan esos males recogidos en el libro El huevo de la serpiente, crónicas desde Alemania: 1922-1924, que contiene la dramáticamente perturbadora entrevista con Adolfo Hitler, uno de los modernos enemigos a muerte de la prensa. Hay ya muchos adolfitos con ansias de Adolfos y en camino a transitar a Hitlers, a Führers, cuando atacan a la prensa escrita que deja testimonio de sus canalladas.

Son los caricaturistas críticos los blancos de esa nueva oleada autocrática, como le acaba de suceder al periodista de la caricatura canadiense Michael de Addler, quien publicó una viñeta el 26 de junio pasado donde Donald Trump juega al golf, sube a su carrito y se encuentra con los cadáveres de la niña Valeria y su padre Óscar, los salvadoreños que murieron ahogados en el río Bravo al querer cruzar. Al tropezar Trump con esos cadáveres les pregunta: “¿Os molesta si sigo jugando?”. Jaime Porras (El País, 2 de junio de 2019) nos cuenta la crónica de que el caricaturista envió al periódico un tuit dando por terminada su estancia en esas páginas tras 17 de relación laboral, debido a que ese diario y sus filiales no publicaron la caricatura y el periodista lo tomó como una censura. Esto coincide con la decisión de The New York Times de suprimir las caricaturas-viñetas de su edición internacional, tras diversas críticas por una ilustración sobre Trump.

En nuestro país hay también fobias políticas contra la prensa en general cuando actúa como contrapeso con informaciones, columnas, reportajes y análisis. Los Trump nativos en Venezuela, Estados Unidos Mexicanos –o México. como le apodan–; en Colombia, Argentina, Perú, Brasil y Guatemala. En el filme: No te preocupes no irá lejos, dirigido por Gus van Sant con la actuación magistral de Joaquín Phoenix que muestra la autobiografía del caricaturista John Callahan, éste fue duramente atacado porque publicó una viñeta de Cristo en la cruz, con la frase: “Gracias a Dios que es viernes”. Ésta es otra muestra de cómo las intolerancias políticas contaminan socialmente y el populismo las multiplica para crear un ambiente de todo lo contrario a la frase atribuida a Voltaire que diría: “Estaré hasta la muerte contra lo que dices, escribes y caricaturizas y no defenderé el derecho que tienes para hacerlo”.

Estamos, pues, en una época posnazi con su máximo representante, Trump, y sus Goebbels para silenciar a la prensa, perseguir a los periodistas y querer disminuir las repúblicas democráticas, para abrirle paso a las autocracias que benévolamente se hacen llamar: autoritarismos. Aunque a todas luces son ya populismos, votación a mano alzada en vez del voto secreto; largos discursos para adormecer a las masas y mantener la “larga vida” al partido en el poder, mientras buscan un capitalismo gubernamental contra las inversiones de los capitalistas. Con loas a las dádivas con dinero del mismo pueblo, haciéndole creer que es dinero de los gobernantes. Todo esto suprimiendo la división de poderes, el federalismo, la descentralización y anulando todos los contrapesos, fundamentalmente atacando hasta desaparecer las libertades de la prensa para informar y criticar los abusos de quienes ejercen los poderes legales, tergiversando esa legalidad para poder reclamar el lema de todo autócrata: “el Estado soy yo”.

Álvaro Cepeda Neri

[OPINIÓN] [DEFENSOR DEL PERIODISTA]

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