Reformas estructurales, legalización de abusos

Reformas estructurales, legalización de abusos

Seguir por la misma ruta señalada por la oligarquía desde hace tres décadas, tal como está empeñada en que así sea, sería equivalente a tirar decenas de bombas atómicas sobre el territorio nacional. No habría manera de superar las consecuencias de tamaña irresponsabilidad. Sin embargo, eso no parece importarle a la mafia en el poder, como lo demuestra su empeño en que se concreten las “reformas estructurales”, que no son otra cosa que un instrumento del Estado para apuntalar el poder de la minoría que lo detenta en contra de los intereses de la inmensa mayoría de mexicanos.

De ahí la pertinencia del llamado de Andrés Manuel López Obrador a los integrantes de la Cámara de Diputados para que no aprueben la reforma laboral presentada al alimón por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN), absolutamente lesiva a los intereses elementales de los trabajadores. El dirigente del Movimiento Regeneración Nacional puntualizó que seguir aprobando reformas a la Constitución y a las leyes, para “legalizar los despojos y los abusos de unos cuantos en contra de las mayorías, sólo provoca mayor descomposición social, más injusticias, resentimientos, inseguridad y violencia”. Los hechos así lo prueban.

Con todo, eso no importa a los empleados de la oligarquía, como los legisladores prestos a obedecer órdenes, por criminales que sean. De ahí el enojo del coordinador de la bancada tricolor, Francisco Rojas Gutiérrez, porque el presidente de la Mesa Directiva, el priista Jorge Carlos Ramírez Marín, autorizó que López Obrador entrara al palacio legislativo a presentar su querella. Trascendió que el salinista Rojas, José Ramón Martel y Carlos Flores Rico se molestaron a tal grado que acudieron a la oficina de su correligionario para “regañarlo” y conminarlo a que solicite la autorización del PRI antes de abrir las puertas del recinto legislativo a “enemigos” políticos.

Cabe preguntarse si hay alguna diferencia ideológica entre el PRI y el PAN. No la hay: si constatamos que obedecen a los mismos intereses, como lo patentiza la urgencia de ambos partidos en que se apruebe cuanto antes la reforma laboral. Por eso el rechazo del excandidato presidencial a que la izquierda sume sus fuerzas al partido blanquiazul, dizque para derrotar al PRI, cuando en esencia son lo mismo, obedecen a un mismo patrón y luchan por salvaguardar los mismos intereses. El comportamiento agresivo de Rojas Gutiérrez ante la visita de López Obrador a la Cámara de Diputados así lo demuestra.

En lo tocante a las reformas estructurales que urgen a la oligarquía, el PRI y el PAN van de la mano. Por eso es una vil traición del Partido de la Revolución Democrática aliarse con el blanquiazul, aunque sea con fines meramente coyunturales. Favorecer tales reformas, anticonstitucionales y antidemocráticas, no sólo es una grave traición a México, sino una irresponsable acción fascista que puede acelerar la de por sí grave violencia que se vive en el territorio nacional. Sobre todo por lo que toca a la reforma laboral, ya que colocaría a los trabajadores en condición de esclavos con salarios de hambre, sin un mínimo derecho ante los patrones.

Si como afirmó Felipe Calderón, en la ceremonia de clausura de la Conferencia Internacional para el Control de las Drogas, que lo que “nos mueve es acabar con esa violencia irracional”, lo primero que debería hacer es oponerse con toda la fuerza del Ejecutivo a tan criminal reforma laboral. La violencia extrema es producto, en buena medida, de la descomposición social que se aceleró a partir de 1983, cuando se instauró el neoliberalismo en México, lo que significó no sólo la defunción de la Revolución Mexicana, sino el entronizamiento de una nueva clase, los “delincuentes de cuello blanco”, que se apoderaron del aparato financiero con métodos ilegales, con el total apoyo de la Presidencia de la República.

De ahí lo equivocado que está Calderón al pretender “liquidar” a la delincuencia organizada con una estrategia inútil, como se lo dijo William R Brownfield, subsecretario de Estado adjunto de la Oficina de Asuntos Internacionales de Procuración de Justicia y Narcotráfico de Estados Unidos. Afirmó que, “en los pasados 40 años, todos hemos aprendido que no hay una solución única para este problema, y quien lo diga o es muy tonto o es muy deshonesto”. ¿En qué categoría cabe el inquilino de Los Pinos? Con todo, en su necedad y ceguera, producto de su pleno divorcio de la realidad nacional, Calderón sigue esperando “la gloria del triunfo” y seguirá empeñado en mantener su “guerra” criminal, pues considera que no hay otra alternativa. Mientras tanto, la oligarquía sigue terca en profundizar las causas de la dramática descomposición social que están aniquilando al país.

*Periodista

Fuente: Contralínea 230 / 24 de abril de 2011

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