El primero de mayo de 1886, miles de obreros de Chicago se lanzaron a la huelga general. Hace 140 años, los obreros trabajaban de sol a sol, sin límite en la jornada. Mujeres, niños y hombres eran explotados por patrones sedientos de riqueza; no había límites a la jornada ni freno a las malas condiciones laborales, al maltrato y al abuso, sobre todo contra las mujeres.
Ante esa situación fue fundada, el 28 de septiembre de 1864, en la ciudad de Londres, la Asociación Internacional de los Trabajadores, también conocida como Primera Internacional, que en muchos países impulsó la lucha contra la explotación de la clase obrera.
En la Primera Internacional se luchaba por la liberación completa de la clase obrera. Como primer paso, a partir de 1866, se exigió la jornada de ocho horas. También en Estados Unidos los obreros se lanzaron a la lucha para arrancar sus demandas al patrón capitalista y a su defensor: el Estado burgués, en condiciones difíciles, pues la policía atacaba las reuniones de trabajadores y encarcelaba a sus dirigentes.
Pero los obreros contaban con un arma capaz de paralizar la vida de un país: la huelga… ¡Y la utilizaron! Convocaron a la huelga general el 1 de mayo de 1886. Ese día, en Chicago, Estados Unidos, miles de obreros abandonaron sus trabajos y se lanzaron a la calle a exigir la jornada de ocho horas como demanda central.
Esta huelga paralizó casi totalmente las actividades de la ciudad. Ahí se reunieron albañiles, carniceros, jugueteros, tipógrafos, mineros, etcétera; eran miles y miles. La huelga se extendió: pocos días después ya sumaban 50 mil. En la fábrica McCormick se reunió, el 3 de mayo, una gran masa para exigir la paralización de labores; algunos lanzaron piedras al edificio.
Una multitud combativa, dispuesta a luchar, pero no preparada. Fue atacada por la policía, que abrió fuego. Cayeron obreros: seis muertos y muchos heridos. Fue un ataque que indignó a todos; de inmediato se organizó otro mitín al día siguiente.

Más de 20 mil volantes fueron repartidos. El mitín se celebró en orden y muchos tomaron la palabra. Al terminar el evento, aparecieron de pronto 180 policías armados y, cuando estaban a punto de atacar, un provocador lanzó una bomba contra el contingente policiaco, matando a uno e hiriendo a 60 policías.
La reacción no se hizo esperar. Una carga cerrada acribilló a la multitud. Comenzó así la masacre de Chicago. La policía detuvo, secuestró y profanó domicilios.
Posteriormente fueron encarcelados nueve dirigentes; cinco de ellos fueron condenados a morir ahorcados. Se les conoce como los Mártires de Chicago: August Spies, Albert Parsons, Adolph Fischer, George Engel y Louis Lingg. Eran inocentes del hecho; su delito era defender sus derechos, pero la prensa vendida los atacaba y los calumniaba.
A pesar de millones de cartas de protesta enviadas por trabajadores de Inglaterra, Francia, España, Rusia, Holanda e Italia, así como de cientos de sindicatos, el verdugo no cedió y fueron ejecutados el 11 de noviembre de 1887. Louis Lingg se quitó la vida en su celda antes de la ejecución para no dar gusto a los verdugos.
A partir de 1889, el Congreso Internacional Obrero Socialista de París –fundador de la Segunda Internacional– proclamó el 1 de mayo como Jornada Internacional de Lucha de la Clase Obrera.
En México, en 1870 se fundó el Gran Círculo de Obreros de México, alentado por Benito Juárez durante su gobierno. Por el contrario, lo primero que hizo Porfirio Díaz, tras dar su Golpe de Estado reaccionario y tomar violentamente el poder, fue arrebatar a los obreros el local que Juárez había donado.
Pero más tarde, en 1871, se reorganizó el Gran Círculo, integrado por trabajadores de la ciudad de México, en Tlalpan, San Ángel y Contreras, así como en Puebla, San Luis Potosí y Toluca. Lo integraron la Sociedad Unionista de Tejedores, la Unionista de Canteros, la Mutualista de Sombrereros, la de Tipógrafos Mexicanos, la Artística Industrial, el cuerpo de redacción de El Socialista, entre otras agremiaciones.
Durante la dictadura de Porfirio Díaz comenzó la industrialización y el crecimiento del proletariado. Se desarrollaron los ferrocarriles, los transportes en general y la industria textil, minera y metalúrgica, bajo el dominio de la inversión extranjera de Estados Unidos y Europa, en beneficio de la oligarquía y del capital extranjero.
En México, la dictadura porfirista desarrolló una política de represión al movimiento obrero. Las jornadas se alargaban de 12 a 14 horas; los trabajadores no tenían derecho a asociación ni a huelga.
El programa del Partido Liberal de Ricardo Flores Magón y otros propuso una reforma laboral que estableciera la jornada máxima de ocho horas, el salario mínimo, el descanso dominical y la prohibición del trabajo infantil. La represión a las huelgas de Cananea y Río Blanco, en 1906-1907, fue la chispa que encendió la Revolución Mexicana.
Madero inició su campaña en 1910 y se acercó al sector obrero con promesas de mejora, sin intención de cumplir los ofrecimientos; aunque entendía el papel de los trabajadores, intentó cooptarlos y engañarlos para que le sirvieran de base social.
En 1911, el Congreso Maderista decretó el establecimiento del Departamento del Trabajo, a cargo de Andrés Ramos Pedrueza, que mediaba en las negociaciones solo a petición expresa de las partes y buscaba calmar los ánimos. Los problemas crecían al no resolverse las causas básicas del descontento.
Entre 1911 y 1912, los tipógrafos contribuyeron a la conformación de sindicatos. Uno de los más importantes fue la Unión de Canteros Mexicanos, donde germinó el grupo Luz, fundado por el anarquista colombiano Juan Francisco Moncaleano. En general, la política maderista consistió en llamar a la concordia y evitar huelgas y “desórdenes inútiles”, cuando, por las graves injusticias que sufrían los trabajadores, no podía haber conformidad.
Cuando los trabajadores no aceptaban la concordia, el gobierno del “apóstol de la democracia” recurrió a la represión contra el movimiento obrero a mediados de 1912, lo que condujo a su radicalización; el resultado fue la fundación de la Casa del Obrero Mundial (COM) y su desarrollo como organización independiente.
El COM se fundó el 15 de julio de 1912, en el contexto del ascenso revolucionario de las masas mexicanas, impulsadas por el movimiento político encabezado por Francisco I Madero.
Durante el primer semestre de ese año se desató una oleada de huelgas. La clase obrera planteó sus reivindicaciones y exigencias a los patrones, tras más de 30 años de dictadura porfiriana, en los que padeció un sinfín de represiones por parte del régimen.
En la COM se presentó un resurgimiento del anarquismo. Esta organización se alimentó, por un lado, de inmigrantes procedentes de España y de Estados Unidos y, por otro, de la experiencia nacional, con una influencia indirecta del magonismo. Algunos exmilitantes participaron en su surgimiento, como Antonio Soto y Gama, Lázaro Gutiérrez Lara, Manuel Saravia y Santiago R de la Vega.
Madero buscaba desarticular el movimiento. En septiembre de 1912 suprimió la revista Luz y encarceló a varios de sus participantes. Moncaleano fue detenido y expulsado del país por criticar la ley de accidente de trabajo propuesta por Madero, quien, para oponerse a la COM, propició la creación de la Gran Liga Obrera, una organización colaboracionista, paralela y controlada por el gobierno.
A pesar de las medidas implementadas por Madero contra la COM, aumentó su popularidad y su número de miembros. La lucha de clases se agudizaba en México.
A fines de 1912 y principios de 1913, más de 6 mil ferrocarrileros, incorporados a la Unión de Mecánicos, dirigida por Enrique González, se lanzaron a la huelga en demanda de ocho horas de labor, la destitución de jefes despóticos y el reconocimiento oficial de la organización sindical.
La huelga triunfó, con un aumento de 10 por ciento en los salarios, el reconocimiento oficial de los comités de ajuste y la reposición de algunos trabajadores despedidos; sin embargo, no obtuvieron la jornada de ocho horas, pues prevaleció la de 10. En 1913 se fundó el primer antecedente del Sindicato Único Ferrocarrilero: la Confederación de Gremios Mexicanos.
Al no apoyar sus demandas, el presidente Madero se fue aislando de obreros y campesinos, quienes pudieron y debieron ser su principal sostén. El espíritu de conciliación con sus enemigos porfiristas fue fatal. Tras el Golpe de Estado organizado por el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, el dictador Victoriano Huerta tomó el poder.
Así, las conmemoraciones del primero de mayo se iniciaron en México durante la dictadura huertista. La primera se realizó en 1913 y fue organizada por la Casa del Obrero Mundial. Tomaron el Hemiciclo a Juárez, realizaron un mitín y se hizo escuchar la voz obrera.
Luego, acompañados de tambores, pancartas y gritos, se posicionaron frente a la Cámara de Diputados, donde demandaron una jornada laboral de ocho horas y otras exigencias. En medio de la dictadura de Victoriano Huerta –asesino de Madero–, salir a manifestarse implicaba un riesgo, pero lo hicieron y desde ese año la tradición continuó.
El 25 de mayo se realizó otro mitín en el Hemiciclo, donde se denunció a Huerta; tras ello, 22 dirigentes fueron encarcelados. El diputado Serapio Rendón denunció el hecho en la Cámara de Diputados y, como consecuencia, fue secuestrado, torturado y asesinado.
La COM entró en receso, en lugar de sumarse a la lucha revolucionaria, con una postura de abstencionismo político. A pesar de ello, el 21 de julio de 1914 fue objeto de una redada policiaca: clausuraron la casa y detuvieron a 20 trabajadores.
Luego del derrocamiento de la dictadura, el 21 de agosto de 1914, la Casa del Obrero Mundial abrió sus puertas. Zapata y Villa tomaron la capital, pero los líderes anarquistas, que se oponían a la participación política, aislaron a los trabajadores y no se sumaron al movimiento revolucionario.
Tras la victoria de la revolución, se enfrentó el sector campesino popular de Villa y Zapata con el de terratenientes y burgueses representado por Carranza y Obregón. Lo indicado era que los obreros se unieran a los campesinos contra las clases privilegiadas, pero cayeron en la trampa de Álvaro Obregón.
Obregón les dio dinero y puestos. Nombró a un integrante de la COM, Luis N. Morones, gerente de la compañía telefónica y telegráfica; les entregó una imprenta, la del diario Tribuna, y un local en el exconvento y templo de Santa Brígida y Colegio Josefino, ubicado en el centro. Asimismo, la COM ocupó el Jockey Club.
El 17 de febrero de 1915, los sindicatos y uniones afiliados a la COM firmaron un pacto para incorporarse a la lucha armada contra Zapata y Villa, formando los “Batallones Rojos”, en los que participaron 10 mil trabajadores. Al triunfo de Carranza, los disolvió y les regateó los haberes acordados.
Carranza comenzó a reprimir el movimiento obrero. Ante las malas condiciones de trabajo, los electricistas estallaron una huelga el 22 de mayo de 1916 y el gobierno mandó al ejército a intervenir. La huelga estalló el 31 de julio y, en respuesta, Carranza estableció la pena de muerte para los huelguistas; además, encarceló al dirigente Ernesto Velazco y a los principales líderes. Carranza aplastó la huelga.

La lucha de los obreros, junto con el impulso popular de Villa y Zapata, así como de constituyentes como Francisco J Múgica, Heriberto Jara y otros, logró derrotar las posturas de Carranza. Se aprobó una Constitución en 1917 que, en su Artículo 123 constitucional, reconoció la jornada de ocho horas y los derechos laborales, por primera vez en el mundo; en su momento fue la más avanzada en lo social. Se reconocieron los derechos de asociación, huelga, pensión, vacaciones y reparto de utilidades, entre otros.
La Revolución Mexicana fue la primera revolución social del siglo XX. Tuvo un impacto internacional e inspiró a trabajadores y pueblos de otras latitudes a luchar contra sus opresores.
México tomó la iniciativa y se colocó a la vanguardia de los cambios que requería el mundo en el siglo pasado. La Revolución Mexicana plasmó en la Constitución derechos nacionales y sociales, así como garantías individuales que representaron un avance para el pueblo.
Para que esos derechos se conviertan en una realidad para todos y todas, es necesario dar la lucha en el siglo XXI y evitar que queden como letra muerta. Se requiere instrumentar un sistema económico, político y social que los garantice a toda la sociedad. Con el neoliberalismo, el retroceso es evidente. ¿Quién trabaja hoy ocho horas?
Las jornadas son de 12, 14 horas y más. La gente necesita tener dos trabajos y laborar los domingos y en vacaciones. Para la juventud, los contratos son temporales y sin prestaciones ni derecho a una pensión.
Las mujeres enfrentan inequidad y acoso. Se trabaja día y noche; las tecnologías modernas lo facilitan. Se debe luchar por la jornada de 8 horas al día y 40 horas a la semana, pero que sea efectiva.
La clase obrera debe asumir su papel decisivo y, junto al pueblo, conquistar plena soberanía y justicia.
Pablo Moctezuma Barragán
*Doctor en estudios urbanos, politólogo, historiador y militante social
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