Michoacán: autodefensas cristeras

Michoacán: autodefensas cristeras

Las llamadas autodefensas de Michoacán han recibido el apoyo público de la jerarquía católica y del clero local. Paradójicamente, esos religiosos que en otros contextos declaran con hipocresía ser “defensores de la vida” –especialmente cuando se trata de encarcelar a las mujeres que abortan–, ahora respaldan las acciones de dicho grupo armado que, en continuidad con lo que fue el sexenio de Felipe Calderón, pretenden mantener una supuesta y cruenta guerra contra el narco.

Con el pretexto de oponerse al narco, sectores del clero no sólo intentan legitimar la fallida política calderonista, sino volver a la época cristera, al grado de que algún cura ha querido abanderar esa pretendida guerra contra el narco con el grito de “¡viva Cristo Rey!”, como vociferaban los soldados de la Iglesia a principios del siglo XX.

Si en el sexenio pasado el Ejército estuvo al servicio de la derecha católica, su sucedáneo está constituido por las llamadas autodefensas, que llevan a cabo sus enfrentamientos con otros grupos armados precisamente en el estado nativo del expresidente espurio y católico, y en lo que fue uno de los escenarios de la Guerra Cristera.

Obviamente, la violencia desatada por el narcotráfico sólo se erradicará mediante la necesaria despenalización de las drogas, única vía pacífica y respetuosa de las decisiones personales para resolver ese problema.

Mientras que en Michoacán desde el sexenio pasado ha prevalecido el escenario sangriento que incluyó la masacre del 15 de septiembre de 2008 en Morelia, en la Ciudad de México, donde se vive bajo otras premisas ideológicas, no se han registrado ese tipo de hechos, que tanto parecen complacer a sectores del clero católico.

Obispo paramilitar, cura cristero

Las armas sirven para matar, y quienes encabezan grupos armados que operan al margen de la ley frecuentemente exhiben una historia de crímenes y buscan perpetuar la violencia.

Por ello, es absurda la manera en que el obispo de Zamora y vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Javier Navarro, ha defendido la actuación de las autodefensas, pues, según él, son capaces de combatir a los denominados Caballeros Templarios “sin una gota de sangre”.

Al parecer, jerarcas como Navarro quisieran promover en México una situación como la imperante en Colombia y en otros países, donde han existido grupos paramilitares y donde la Iglesia interviene en la vida militar y política.

Según el belicoso obispo: “l llegar a la cabecera de Tancítaro, cosa admirable, [las autodefensas] sacaron a los Templarios, no hubo un sólo disparo ni una gota de sangre y en 2 meses no ha habido ni extorsión ni secuestros ni muertos” (http://noticias.terra.com.mx/mexico/obispo-de-zamora-destaca-labor-de-autodefensas-en-michoacan,5daa6ce14db93410VgnCLD2000000dc6eb0aRCRD.html).

Empero, en algunos medios de comunicación y en páginas de internet se han destacado aspectos menos loables de las autodefensas, que según la versión de ese prelado se comportan de manera tan angelical: “Acusan a autodefensas de secuestrar a esposo de síndica” (www.excelsior.com.mx/nacional/2014/01/19/939185); “Estuvo preso por narco líder de autodefensas” (http://diario.mx/Nacional/2014-01-17_3dfc42b6/estuvo-preso-por-narco-lider-de-autodefensas/); “Autodefensas toman casa de líder ‘templario’” (www.informador.com.mx/mexico/2014/ 508209/6/autodefensas-toman-casa-de-lider-templario.htm).

Las llamadas “autodefensas”, membrete que en Colombia usan también los grupos paramilitares, desatan la violencia y usurpan funciones de las autoridades.

En Michoacán, las autodefensas fueron dirigidas y subvencionadas “por ganaderos y empresarios agrícolas, cuyo líder es el médico y profesor José Manuel Mireles” (www.lajornadadeoriente.com.mx/2014/01/15/autodefensas-en-michoacan-guerra-civil-o-insurreccion-de-la-burguesia/).

El obispo de Apatzingán, Miguel Patiño Velázquez, es otro ardiente defensor de las autodefensas, de tal suerte que se ha opuesto a que el Ejército las desarme, a la vez que con hipocresía exhorta a los fieles a orar “por la paz” en ese estado “tan castigado por el flagelo de la violencia absurda y fratricida” (www.cambiodemichoacan.com.mx/nota-215489).

Sin embargo, personajes del clero están azuzando esa violencia al ponerse abiertamente de parte de uno de los bandos en conflicto, pues para cualquier enfrentamiento se necesita de dos contendientes.

El propio obispo ha reconocido que la Iglesia maneja un doble discurso en cuanto a la situación de los grupos armados, pues no puede hablar lo mismo en “tierras de comunitarios y tierras de Templarios”.

Por su parte, el obispo de Aguascalientes, José María de la Torre Marín, también ha expresado abiertamente su simpatía por las autodefensas, y afirma que no deberían ser desarmadas pues sería repetir el episodio de la rendición de los cristeros (www.oem.com.mx/elsoldelcentro/ notas/n3264174.htm).

En el colmo del ánimo belicista y retrógrado del clero, el cura Gregorio López ha proclamado que “el nuevo grito contra Los Caballeros Templarios es el viejo clamor de los cristeros: ‘¡viva Cristo Rey!’” (La Jornada, 19 de enero de 2014).

El sacerdote, que se ha hecho famoso por oficiar con un chaleco antibalas y protegido por guardaespaldas, se regocija en la prolongación de la sangrienta guerra de Calderón contra el narco, en lugar de considerar que la despenalización de las drogas es una solución más pacífica e incluso más cristiana a ese problema.

Tramposamente, el obispo Patiño ha querido deslindarse de la actitud del cura cristero, pero justificándola, pues según él, el sacerdote hace esos pronunciamientos “como civil, como ciudadano”.

*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México

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