Incertidumbres y vulnerabilidades financieras en América Latina

Incertidumbres y vulnerabilidades financieras en América Latina

El financiamiento externo hacia América Latina y el Caribe es vital para complementar las insuficiencias de ahorro público y privado en la región, pero depende del comportamiento de los países emisores de esos flujos, explica Carola Sala, profesora titular del Centro de Investigaciones de Economía Internacional de la Universidad de La Habana.

Esa situación coloca a Latinoamérica ante indefiniciones que generan incertidumbre y vulnerabilidades, expone a Prensa Latina.

Según la investigadora, la inversión extranjera hacia la región proviene fundamentalmente de Estados Unidos, y con ello, la consiguiente dependencia –en materia de políticas monetarias y fiscales– de la adopción de decisiones de la nación norteña.

Dicha cuestión puede revertir el flujo de dinero y colocarlo desde América Latina hacia el Tesoro estadunidense, apunta.

Sala ejemplifica que, con el alza de las tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos, los capitales situados en Latinoamérica abandonan la región en la búsqueda del diferencial de intereses positivos que otorga la ubicación de valores dentro del mercado financiero del Norte.

 “Este fenómeno es de carácter mundial, acota, porque aquellos fondos diseminados por el orbe se entornan hacia Washington en la búsqueda de mayores niveles de rentabilidad. Eso desestabiliza a las economías en general, pero la mayor afectación la padece nuestra región.”

Financiamiento regional

De acuerdo con Sala, el financiamiento que recibe América Latina y el Caribe tiene varios instrumentos: unos provenientes de fuentes privadas –básicamente las inversiones–, y los otros de fuentes oficiales; estas últimas son más estables pero se encuentran en niveles de estancamiento y poco desarrollo.

La captación de flujos oficiales está muy comprometida en el área. En su mayoría los países latinoamericanos califican como naciones de renta media. Esta heterogénea definición afecta –en mayor medida– en dependencia y en función del desarrollo de los ingresos per cápita de cada territorio, ahonda la especialista.

Ante este contexto, la asistencia oficial al desarrollo está muy deprimida en la región, si se considera que solamente son sujetos de recibir ese financiamiento las naciones de renta baja, denominación que elimina a Latinoamérica de obtener líneas de inversión por tal vía.

En cuanto a las subvenciones privadas, las inversiones se desarrollan en dos modalidades de cartera: a corto plazo, básicamente es un mercado de dinero, y directa, caracterizada por ser a más largo plazo y dirigida hacia el sector productivo.

La experta explica que las dotaciones externas de dinero se consideran como inversión directa, cuando se trata de un proceso continuo en el tiempo. Por tanto, ante un contexto de alzas de las tasas de interés estadunidenses, este capital también busca la obtención de mayores beneficios.

Actualmente, agrega Sala, existen una serie de subterfugios que igualmente afectan los pagos externos; a ello se suma la fuga de las riquezas para la evasión fiscal y su colocación en los llamados paraísos fiscales.

Se trata, afirma, de un proceso sostenido de financiamiento externo que sale de los países en desarrollo hacia los países desarrollados. Esa descapitalización exige mecanismos concretos de control de la cuenta capital y de entrada y salida de los movimientos de dinero de nuestras economías.

Soluciones

Las soluciones, estima la experta, dependen en parte del buen diseño de la política económica –lo cual no es tan sencillo–; para ello, las autoridades domésticas tienen que estar interesadas, calificadas y mover su sistema de intereses hacia los problemas macro.

Concretar esas medidas es muy difícil dado los diferentes intereses políticos, del diseño de estrategias de los partidos del gobierno y de la oposición, o las diversas agendas económicas.

Por ende, la instrumentación de políticas económicas será distinta para cada nación y pueden no estar enfocadas a este problema de descapitalización en particular, reflexiona la profesora titular de Universidad de La Habana.

 “Es necesario un buen proyecto, el cual tenga claro qué flujos quieres, qué necesitas y hacia dónde dirigirlos, porque si no la política trazada se descoloca.”

Para enfrentar una entrada o salida de capital, es necesario determinar qué se va a realizar con la inversión y direccionarla hacia los sectores estratégicos y básicos, señala.

En el caso particular de América Latina, la inversión entra donde y en la cantidad que quiere, lo cual evita que realmente haya un efecto positivo del financiamiento extranjero, como pudiera ser si direccionara hacia la inversión doméstica, formación bruta de capitales, generación empleos o en la adquisición de tecnologías, explica la investigadora.

Lamentablemente si el cambio hacia la derecha en Latinoamérica se consolida, comenta, significará un enorme retroceso en término de los objetivos regionales en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, porque los intereses de la clase política en el poder definen las estrategias de desarrollo y los instrumentos para alcanzarla.

En un hipotético caso de predominio de la derecha donde no descuellan los intereses sociales, la dirección de la política contribuirá aún más al mal manejo de los flujos, a incrementar las brechas de riqueza, las desproporciones sectoriales y la salida de capitales.

Por tanto, habría una tendencia lamentablemente negativa con respecto a la posibilidad real de que América Latina avance económicamente. Unido a las certezas de la corrección de la política monetaria estadunidense ­–alzas de tipos interés–, las perspectivas son de salidas y malos manejos del capital, entonces los pronósticos para la región no son buenos.

Teyuné Díaz Díaz/Prensa Latina

[ARTÍCULO OPINIÓN]

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