El libro como bien cultural y artículo de primera necesidad: no al IVA

El libro como bien cultural y artículo de primera necesidad: no al IVA

Está quedando claro que El Pacto por México encabezado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), al que se han sumado los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), y que ha sido ampliamente difundido por los medios de comunicación masiva (Televisa y Tv Azteca), así como apoyado y ensalzado por diversos sectores empresariales y sindicales, no es otra cosa que una estrategia mediática que quiere hacer creer a los mexicanos que la gran mayoría de las llamadas reformas estructurales que impulsa el PRI son la solución a los diversos problemas que aquejan a nuestro país. Por ejemplo la reforma educativa, adornada como la panacea para modernizar y mejorar la educación, pretende, entre otras cosas, transferir a maestros y sobre todo a los padres de familia la manutención y operación de las escuelas públicas y con ello liberar al gobierno de su responsabilidad histórica y constitucional de garantizar una educación gratuita a todo mexicano, y ésa es sólo una de sus vertientes, pues en general está encaminada a la paulatina privatización de la educación. Asimismo, la reforma planteada para Petróleos Mexicanos (Pemex) apunta hacia una privatización, si no completa, sí parcial de la paraestatal, es decir, ésta no se convertirá en una empresa privada, simplemente verá reducida su participación en operaciones de extracción, refinación y transportación del petróleo y sus derivados, con lo que las ganancias de estas actividades pasarán a las empresas que sean beneficiadas con las licitaciones conducentes, y por lo tanto Pemex dejará de percibir grandes recursos económicos (aunque esta práctica ya se realiza, pero en menor escala). Si el gobierno federal obtiene la mayoría de sus ingresos de Pemex, ¿de dónde obtendrá el faltante que se genere con la semiprivatización de la paraestatal? La respuesta se encuentra en la reforma fiscal, en el aumento al IVA (impuesto al valor agregado) de una tasa de 16 por ciento a 19 por ciento, y en el gravamen de artículos de primera necesidad, como medicinas, alimentos y libros, que afectará, por supuesto, a los sectores más vulnerables económicamente.
 
 
Sí, me he referido al libro como artículo de primera necesidad. Es tiempo de que se cambie la percepción de que es un producto comercial y se le entienda como un bien cultural, y se entienda que la cultura, y de ésta la lectura, es un fuerte motor del avance social en múltiples aspectos: educación, desarrollo personal, cohesión social, participación ciudadana en política y hasta crecimiento económico, entre muchos otros, como bien ha señalado en diversos foros Paco Ignacio Taibo II como parte de la gesta que libra el colectivo Morena (Movimiento Regeneración Nacional) Cultura para evitar el gravamen de los libros. Entonces el libro, más que un producto comercial es un bien cultural. Pero ¿por qué debemos pensar en el libro como un artículo de primera necesidad? Porque estos simples y al mismo tiempo profundos objetos de transmisión del conocimiento pueden hacer (si son leídos, claro) que una sociedad prospere en múltiples sentidos, y por el contrario, la carencia de éstos aumenta el retroceso y la barbarie de la misma. Para ejemplificar lo anterior me remito a un estudio comparativo entre las capacidades de lectura promedio que realiza la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) mediante el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por su sigla en inglés) y algunos índices de cohesión social de los que retomo: la tasa de homicidios, la incidencia de empleos vulnerables y el índice de libertad de prensa en el desarrollo social de 34 países, a saber: Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Chile, República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Hungría, Islandia, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Corea del Sur, Luxemburgo, México, Holanda, Nueva Zelanda, Noruega, Polonia, Portugal, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suecia, Suiza, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos (Lectura, capacidades ciudadanas y desarrollo en México, una aportación para el México que queremos, Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura, AC, 2011, páginas 41-47).
 
Con respecto a la tasa de homicidios, en este comparativo se pondera el número de muertes por esta causa en cada 100 mil habitantes, retomando las cifras emitidas por cada país en el periodo 2003-2008. Es claro que los peores resultados en el nivel de lectura corresponden con un mayor número de homicidios. En este caso, México tiene la mayor tasa, con 11.6, y el nivel más bajo de lectura. En tanto, Islandia registra una tasa cero, aunque cabe resaltar que su nivel de lectura no es el más alto, pero sí es, por mucho, superior al nuestro (ibíd, páginas 42 y 43). Para tener presente la violencia en la que vivimos baste recordar las fosas con decenas de cadáveres localizadas en Tamaulipas en 2011 (www.jornada.unam.mx/2011/04/15/ politica/010n1pol) o uno de los más recientes hechos de barbarie conocidos que sucedió en Veracruz el 17 de abril pasado, en el cual, un grupo criminales agredió con armas punzocortantes y de fuego a varios inmigrantes que viajaban en el tren, conocido como la Bestia, rumbo a la frontera Norte, a varios de los cuales arrojaron del convoy en movimiento, aunque algunos prefirieron saltar antes que ser heridos o muertos (www.jornadaveracruz.com.mx/Nota.aspx?ID=130504_065939_ 925) a manos de esos seres inhumanos, muy probablemente carentes de educación y lecturas.
 
En cuanto a la incidencia de empleo vulnerable, la cual se define como el porcentaje de trabajadores de la familia sin pago, y trabajadores por cuenta propia del total de la población ocupada (empleos precarios y sin beneficios de seguridad social), en este comparativo, México ocupó el segundo lugar con mayor incidencia de empleo vulnerable (29.5 por ciento), sólo detrás de Turquía (35.3 por ciento), y en esta ocasión también nuestro país presenta el nivel más bajo de lectura; Dinamarca es el país con el menor índice de empleo vulnerable (5 por ciento), aunque cabe aclarar que no es el país con mayor índice de lectura (ibíd, páginas 43 y 44). Los altos índices de desempleo en nuestro país facilitan la entrada al crimen organizado a miles de personas desprotegidas por el Estado.
 
Con referencia al índice de libertad de prensa, los países que registran los peores resultados son México y Turquía, mismos que tienen los niveles más bajos de lectura, por el contrario Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Irlanda observan los mejores resultados, obviamente asociados a niveles más elevados de lectura (ibíd, páginas 44 y 45). En México, el ejercicio de la libertad de prensa se ha vuelto cuestión de vida o muerte para gran cantidad de periodistas, reporteros y comunicadores en general, así como para sus familiares.
 
Aunque el estudio de PISA sobre la capacidad de lectura se hizo a estudiantes de 15 años, en el que México ocupó el lugar 48 de 65 países (www.inee.edu.mx/images/stories/Publicaciones/Estudios_internacionales/PISA_2009/Partes/pisa2009-8b), es un buen parámetro para ver que una sociedad más lectora puede aspirar a una situación laboral más completa y con ello desarrollar mejor su economía; a una libertad de prensa mayor, lo que invariablemente redundará en más conocimiento y capacidad de toma de decisiones de la ciudadanía y en una situación de menos violencia.
 
La capacidad lectora de los ciudadanos está íntimamente relacionada con su participación política y social: los ciudadanos con mayor cantidad de lecturas suelen mostrarse más interesados en asuntos de su comunidad y de su país; por otra parte, aquellas personas que no leen o leen muy poco se vuelven seres marginales, condenados a empleos informales de nula productividad y de remuneración precaria, lo que genera mayor pobreza y el incremento de la desigualdad social, lo que redunda en la desintegración del tejido y la cohesión social (ibíd, página 26). Actualmente México atraviesa por una profunda crisis social: está sumido en una ola de violencia y en una inmensa desigualdad económica. Los grupos del crimen organizado se nutren de jóvenes rechazados de las instituciones educativas y la población económicamente menos favorecida está ocupada en conseguir alimentos y medicinas; si productos básicos como éstos se gravan con IVA, menor oportunidad va a tener la gente de dedicar parte de su dinero a la compra de libros, y si a este bien cultural se le aplica el impuesto, entonces el ya de por sí bajo nivel de lectura del mexicano se verá aún más disminuido, con lo que homicidios y trabajo informal muy probablemente se incrementen, y la poca libertad de prensa que gozamos se verá acotada aún más, cuestiones que en México, como las estamos presenciando, orillan a parte de la población a realizar actividades ilícitas que nos han llevado a acumular más muertos que algunos países en guerra. Cabe aclarar que la lectura por sí sola no acabará con los problemas de nuestro país y que en el desarrollo social de una nación tienen que ver muchos otros factores, desde la alimentación, las tradiciones, el acceso a bienes y servicios, la religión, la corrupción, etcétera. Pero me queda claro que el acceso a la lectura y al conocimiento puede permitir a los ciudadanos una mayor capacidad crítica, libertad de toma de decisiones y un mejor desempeño en todos los aspectos de su vida, lo que definitivamente coadyuva a un mayor desarrollo social. Por lo que en nuestra circunstancia nacional debemos pensar en el libro como un “artículo de primera necesidad” y de ninguna manera debemos permitir que se le grave con el IVA.
 
*Maestro en ciencias; arqueólogo subacuático; diseñador gráfico; integrante del taller Madre Crónica
 
 
 
 Fuente: Contralínea 335 / mayo 2013
 

 

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