El Fondo de (la in) Cultura para ensalzar al Príncipe

El Fondo de (la in) Cultura para ensalzar al Príncipe

 

I. El director del Fondo de Cultura Económica le organizó al Príncipe de Atlacomulco una mesa servil de cuates para que luciera sus justificaciones respecto de las medidas para “mover a México”, que autoritariamente impuso con la dictadura de la mayoría en el Congreso de la Unión (ya muy desunida) y con un golpismo en las legislaturas de las 31 entidades. Ha sido puesto en jaque el federalismo, ya bastante limitado y vulnerado por el centralismo que practican los presidentes, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el mismo Congreso, donde sus representantes son los primeros en ponerse a los pies del presidente de la (cada vez menos) República. Y por eso las inconformidades de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y fracciones del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación en Oaxaca, que se han extendido a otros estados por una reforma educativa impuesta por Peña al grito de: “¡El Estado soy yo!” Por todo el territorio irrumpen las protestas por el mal gobierno económico que, con los empresarios, han creado constantes oleadas de desocupados. La pobreza de más de 60 millones de mexicanos es para que en cualquier momento recurran a la violencia social… “Las clases trabajadoras siguen sumidas en la pobreza, mientras a su alrededor crece la riqueza, son miserables entre tanto lujo […] y ante leyes represivas y el antagonismo entre las clases parece hacer necesaria la solución violenta de una guerra social” (entrevista a Carlos Marx por R Landor, para The World, el 18 de julio de 1871).
 
II. Fue una reunión televisiva para que Peña se alabara a sí mismo y uno que otro, como el mismo Carreño Carlón, ponderara las acciones peñistas: “Como cuando les pregunté si hace 20 meses hubieran vislumbrado las reformas aprobadas 20 meses después”, dijo Carreño, como una manera de hacerle directamente un piropo a su jefe Peña. Abusó de su cargo el director del Fondo de (la in) Cultura, y puso a esa editora y distribuidora de libros al servicio del Príncipe, salido de las entrañas del cártel de Atlacomulco, que administra y gobierna al poder Ejecutivo como si éste fuera un Estado unitario. Insiste Carreño en “el antes y el después de los cambios estructurales en curso”, creyendo que la historia del país es antes de Peña y después de Peña. Quiso encumbrar a su Príncipe entronizándolo al organizarle una caja de resonancia, más que a fondo, superficial por el lucimiento de Peña que nada tiene que ver con la “retroalimentación de los proyectos editoriales”.
 
III. La institución ha sido usada para los fines propagandísticos del peñismo, necesitado de encopetar sus reformas y contrarreformas que está por verse si son en beneficio del pueblo (Artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos); o como las medidas del “antes y después del salinismo”, que con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte sólo benefició a los estadunidenses, y ni así le hicieron el favor a Salinas –el jefe nato del director del Fondo de (in) Cultura– de ponerle en bandeja a Zedillo para su venganza. Los beneficios no han aterrizado y es pura retórica y palabrería. No hay nada nuevo bajo el sol del “antes y el después” del peñismo, que se despeña en el hundimiento del nulo crecimiento económico. Sólo se masturban en público los del clan peñista.
 
*Periodista
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