Hace poco más de una semana tuvimos la visita en la Ciudad de México, y específicamente en la VIII Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (FILUNI 2026), de Angela Davis, mujer activista, militante, filósofa, escritora afroestadunidense. No centraré este texto en una crónica de lo ocurrido en la presentación de su libro Abolición, feminismo, ¡Ahora! en el marco de las actividades de dicha Feria, ni tampoco de las que pasé para lograr ingresar el recinto en donde se llevaría a cabo dicha presentación y donde estuve formada por seis horas. Quiero centrarme en la propia Angela y en las palabras que pronunció tanto en la UNAM como en el acto en el que la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, le entregó las llaves de la Ciudad y la nombró visitante distinguida.
En sus discursos, al hablar de la importancia de la resistencia en este momento oscuro de la humanidad, al señalar que el activismo radical reside en dar esperanza, en que la esperanza es un trabajo diario, es acto y disciplina, Angela Davis apela en sentido dialéctico a la importancia de conjuntar teoría y praxis porque la esperanza no es una cuestión de ilusiones, se trata, como diría Terry Eagleton, de una esperanza sin optimismo; o en términos del filósofo Ernst Bloch, de una esperanza transformadora, de una esperanza comprometida. Por eso es tan poderosa la frase de Davis de que no hay lugar para la desesperanza. No es fácil ir al núcleo de las palabras de Angela si no se conoce su historia, su trayectoria.
Desde muy pequeña conoció en carne propia el racismo encarnado no solo en el pasado esclavista estadunidense, sino también en su historia colonial. En su juventud militó en las Panteras Negras y se formó académicamente con el filósofo Herbert Marcuse, heredero de la Escuela de Frankfurt y de la teoría crítica. Angela fue declarada por el FBI en tiempos de Edgard Hoover como una de las mujeres y activistas más buscadas. Davis no incomoda por feminista, sino por comunista.
Al ser acusada injustamente por un crimen que no cometió, Angela fue llevada a prisión y por la experiencia vivida es que su activismo se centró en la abolición de lo que denomina como el complejo industrial carcelario. Es icónica la imagen en la que levanta el puño al entrar al recinto donde se llevaría a cabo el juicio en el que ella misma estaría a cargo de su propia defensa. A nivel mundial hubo numerosas manifestaciones y una presión tal que el poder punitivo de Estados Unidos tuvo que desestimar la ejecución de la pena de muerte en su contra, como ella misma lo contó en la UNAM.
Una de sus obras más conocidas Mujer, raza y clase es un texto que muestra la importancia de la intersección entre diferentes sistemas de opresión y también es una aguda crítica a los feminismos blancos, burgueses y sufragistas que olvidaron a sus hermanas negras, a las hermanas obreras migrantes. Mientras el movimiento sufragista peleaba por los derechos políticos de las mujeres blancas, las mujeres afrodescendientes vivían la esclavitud y ni siquiera tenían estatus de ciudadanas. Recomiendo ampliamente la lectura de este libro que también nos permite comprender y conocer que no hay un feminismo, sino muchos feminismos, y que la condición de clase y de raza como sistemas de opresión no pueden ser soslayados ni apartados de las luchas feministas. Porque como lo dice la propia Davis: el feminismo tiene que ser anticolonialista, anticapitalista y antirracista.
En el acto con la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, Angela Davis “advirtió que la llegada de mujeres y feministas a posiciones de liderazgo no debe limitarse a visibilizar sus problemas, sino que tiene que servir para transformar el mundo para todas las personas, independientemente de su género”. Por ello, el furor de la visita de Davis a la UNAM y a la Ciudad de México no debe quedarse en eso, en furor, sino en reconocer la importancia del activismo de una mujer que ha vivido en congruencia con su hacer, decir, ser y pensar. Porque en esta hora oscura, no debemos olvidar que “la libertad es una lucha constante”, y que como decía Karl Marx: “la esencia del hombre es luchar”; por ello la desesperanza no puede estar nunca en nuestro horizonte.
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